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04 de Abril, 2016
El Papa condena el terrorismo en Bélgica, Irak y Pakistán

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“Que se detengan las manos de los violentos, que siembran terror y muerte”

Durante la Semana Santa de 2016, mientras que el mundo católico celebraba el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor, terroristas y fundamentalistas ‘tiñeron de sangre’ las vidas de cientos de familias en Bélgica, Irak y Pakistán, que lloran a las víctimas de los atentados perpetrados recientemente.

No en vano el Viernes Santo, durante el Vía Crucis, el papa Francisco recordó a las víctimas del terrorismo: “Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia”.

Unos días antes, al concluir la audiencia del Miércoles Santo, ante los lamentables atentados terroristas del 22 de marzo que sacudieron a Bruselas, la capital de Bélgica y sede del Parlamento de la Unión Europea, cobrando la vida de más de una treintena de personas y dejaron heridas a más o menos 300, el papa expresó su “dolor en el corazón” y aseguró su oración y cercanía a la población belga y a los familiares de las víctimas mortales y de los heridos.

Ante la gravedad de los hechos, el Sumo Pontífice dirigió nuevamente un llamado “a todas las personas de buena voluntad para que se unan en la unánime condena de estos crueles actos abominables que están causando sólo muerte, terror y horror”, al tiempo que pidió perseverancia en la oración para que el Señor “convierta los corazones de esas personas cegadas por un fundamentalismo cruel”.

El mismo Viernes Santo, en un estadio de fútbol de una localidad próxima a Iskandariyah, en Irak, un terrorista suicida ocasionó la muerte de más de 40 personas, entre quienes se encontraba el alcalde, la mayoría menores de edad, causando también heridas a más de un centenar que asistían a la premiación de un torneo local.

El atentado, reivindicado por el Estado Islámico, entristeció al Sumo Pontífice, quien de inmediato expresó su cercanía a las familias de las víctimas y rezó por los difuntos, implorando que “en respuesta a este acto de violencia sin sentido” el pueblo iraquí se vea reforzado “en su decisión de rechazar los caminos del odio y el conflicto” y trabaje sin temor de un futuro de respeto mutuo, solidaridad y libertad.

No fue menor el dolor causado por los sangrientos actos terroristas del grupo yihadista Jammat ul Ahrar, en Lahore, Pakistán, el Domingo de Pascua, que acabó con la vida de al menos 72 personas –la mayoría mujeres y niños– y dejó  más de 340 heridos. Los hechos se produjeron en el momento en que la comunidad cristiana –minoritaria en este país– celebraba la Pascua en el céntrico parque Gulshan-e-Iqbal.

Al día siguiente, después de la oración del Regina Coeli, propia del período de Pascua, el papa Francisco manifestó su cercanía “a cuantos han sido golpeados por este crimen vil e insensato”, e invitó “a rezar al Señor por las numerosas víctimas y por sus seres queridos”.

El Papa también hizo un llamado a las autoridades civiles y a todos los componentes sociales de Pakistán, “a fin de que realicen todos los esfuerzos para volver a dar seguridad y serenidad a la población y, de modo especial, a las minorías religiosas más vulnerables”. “Repito una vez más que la violencia y el odio homicida sólo conducen al dolor y a la destrucción; el respeto y la fraternidad son el único camino para llegar a la paz”, recordó el obispo de Roma.

“Que la Pascua del Señor suscite en nosotros, de manera aún más fuerte, la oración a Dios a fin de que se detengan las manos de los violentos, que siembran terror y muerte, y para que en el mundo puedan reinar el amor, la justicia y la reconciliación”.

 

Autor: Óscar Elizalde Prada
Fuentes: Zenit, Radio Vaticana, BBC y El País
Foto: Clarin




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