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12 de Abril, 2016
CELAM, Plan Global: Marco de la realidad

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Construcción de la paz una tarea actual sobre la base de la justicia, la dignidad, la verdad y el desarrollo

El Concilio Vaticano II abrió un escenario nuevo que despertó la alegría hacia la búsqueda de cambios que hicieran de la Iglesia, la comunidad universal inspirada por el Evangelio y animada por el Espíritu Santo que quiso Jesús, desde donde se propiciara un mundo más justo, más humano y más fraterno. El Papa Paulo VI había hecho un llamado a los jóvenes invitándoles a construir “la civilización del amor,” en el marco de una posguerra mundial en la cual todavía se sufrían los destrozos.

En el Marco del escenario preconciliar,  la Iglesia se encaminaba hacia el concilio Vaticano II. En América latina y el Caribe se convocó por primera vez a una Asamblea general, la cual tuvo lugar en Rio de Janeiro Brasil. Al concluir la Asamblea general  emitió un Documento que llevó el nombre de la sede donde se realizó: documento de la Asamblea del Episcopado latinoamericano de “Rio de Janeiro”. La iglesia se reunió para analizar la realidad sociopolítica y económica de la región, analizando  también  la realidad eclesial. Por ello en Rio de Janeiro, capital de Brasil, la Iglesia hizo un llamado a formar a los laicos en lo social y económico desde la perspectiva del Evangelio. “Los sacerdotes deben trabajar incesantemente en la formación de la conciencia social viva y operante” señalaba la Iglesia en el documento conclusivo y que “el pensamiento Cristiano contempla como elemento importantísimo la elevación de las clases necesitadas”. Este llamado se hizo en una América latina y en un caribe todavía fuertemente colonizado y marcado por las guerras, en donde sobre todo el campesinado estaba oprimido y en la periferia de los sistemas económicos y políticos.

Años más tarde  en  Medellín Colombia, tierra “Paisa”, en 1968, la Iglesia del “continente joven”, se volvía a reunir para publicar a su término el “documento de Medellin”, en el cual hizo una opción preferencial por los pobres, acercándose así a la frescura del Evangelio.

En la ciudad de Puebla México, 10 Años después al final de  una nueva Asamblea, la iglesia remarcó la cuestión de “los rostros sufrientes de cristo en América latina y el Caribe”. 1978, eran ya tiempos difíciles y portada de los peores años, debido a las guerras que se desatarían en diversos puntos del continente, matizadas en varios países de Centroamérica y del sur, azotados por dictaduras militares que impedían la conformación de sistemas democráticos que permitieran el desarrollo de las naciones y sus sociedades.

Este tiempo, el más cruento, desangró la región y ensombreció la historia. Fue tiempo de martirio para los países latinoamericanos y caribeños. De estas guerras vivimos las secuelas en formas de violencias abiertas o solapadas. La Iglesia se convirtió en samaritana, acompañante de los heridos, consuelo de los afligidos y testiga del sufrimiento y de la esperanza por medio del testimonio de sus mártires y de sus acciones pastorales valientes en tiempos cruciales. Hay que honrar a los obispos, sacerdotes, religiosas y laicos que dieron testimonio de valentía evangélica en tiempos cruciales. Al mismo tiempo la Iglesia se convirtió en agente promotora y constructora de la paz, una iglesia defensora de los derechos humanos, de la dignidad humana y de las mayorías empobrecidas a quienes se les sometía a tratos crueles inhumanos. Son muchos los procesos locales en distintos puntos del continente que se impulsaron. Como testimonio de este largo compromiso que le costó parte de la vida a la Iglesia, están los buenos oficios del Papa Francisco como pontífice (puente de Paz) para la apertura de relaciones más cordiales y humanas basadas en el respeto mutuo y la justicia entre Estados Unidos y Cuba, proceso que fue asumido y que ha avanzado.

La visita que el Papa Francisco hiciera a estos dos países enfrentados por más de 50 años, marcó la historia de otra manera, dando paso a un tiempo nuevo no fácil de construir. En el Marco de esa visita y encontrándose el  Papa en Cuba,  sorpresivamente hizo un llamado a Colombia diciendo: “Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”.

La construcción de la paz es una tarea constante de la Iglesia y  del cristiano, ordenada tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento, matizada particularmente en las bienaventuranzas. “No se trata de una paz de cementerios”, han dicho los obispos en distintas regiones del mundo. Tampoco se trata de  una paz consecuencia  del amordazamiento de la verdad o del silencio del dominio de sociedades sometidas mediante el temor o el pánico, ni fruto de la indiferencia o del descarte como insiste el Papa Francisco.

En la nuevas realidades de hoy, de una época de cambio o cambio de época, o en los escenarios de la situación de nuestros países y sociedades, la construcción de la paz sigue siendo tarea ineludible. Por eso es lógico y consecuente que aparezca en el plan global CELAM de este cuatrienio y se recoja el fundamento en el marco de la realidad del cual les ofrecemos en esta edición, un segmento más, el segmento sobre el abordaje de la construcción de la paz.

Plan Global: Marco de la realidad; Construcción de Paz

22. Muchas de las democracias latinoamericanas se han logrado construir con enormes sacrificios personales y colectivos. Se han ido cicatrizando heridas muy profundas y dolorosas, por medio de procesos de reconciliación en que no han faltado la verdad, la justicia, la magnanimidad y aun el perdón. Esto quiere decir que, en numerosos casos, la democracia se esfuerza por mejorar los mecanismos institucionales, por ejemplo, para efectuar los procesos electorales, pero no logra emerger como un estilo de vida permanente que vitalice las instituciones. Por ello, la democracia en América Latina, y con ella los partidos políticos tradicionales, se encuentra en una seria crisis, que se manifiesta de múltiples maneras. Una de las más preocupantes es el regreso de los caudillismos que, con pretensiones de mesianismo, tolera o incita a la violencia, para controlar desde el Estado las instituciones educativas, los medios de comunicación, la economía y la sociedad. Se percibe en la ciudadanía y en los dirigentes una falta de educación en ética política y una escasa capacidad de formular leyes apropiadas en favor del bien común.

 23. La corrupción atraviesa a nuestros pueblos e invade el ámbito político, económico y social, provocando una degeneración de los valores éticos, paralizando el poder judicial, desviando los recursos públicos del bien común y generando una gran desconfianza en las instituciones públicas democráticas. En varios países se advierte un sistema judicial débil, muchas veces sometido al poder político o económico, en el que reina la impunidad y el abuso a causas inocentes y perjudica la credibilidad de las instituciones públicas y la realización del bien común.

24. En muchos países de América Latina y El Caribe persisten los conflictos y el crecimiento de la violencia que se manifiestan en amenazas, robos, asaltos, secuestros y, lo que es más grave, en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y

sumergen en el dolor a las familias y a la sociedad entera. Esta violencia se expresa en distintas formas y es dinamizada por diferentes agentes: grupos paramilitares, frentes guerrilleros, grupos armados urbanos de distintos bandos enfrentados, pandillas juveniles, violencia común, sobre todo en la periferia de las grandes ciudades y conflictos intrafamiliares, con un notorio femicidio23. Hoy, ocho de las diez ciudades más violentas del mundo se ubican en América Latina.

25. Uno de los principales generadores de la violencia se encuentra en el narcotráfico, el consumo de droga y la venta y porte ilegal de armas24 o lo que llama Aparecida la “influencia del narconegocio” que dificulta aún más encontrar posibles soluciones25. Así, el aumento significativo de los niveles de violencia relacionados con el narcotráfico es preocupante y, en general, el fortalecimiento y expansión del crimen organizado. 

26. No siempre es fácil encontrar las causas a conflictos entrelazados entre sí. El Papa Francisco en la Evangelii Gaudium focaliza la atención sobre las causas centrales de la violencia. Según la Exhortación, se reclama mayor seguridad, pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad será imposible erradicar la violencia. “Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión”27.

27. De otra parte, en muchos casos persiste la ineficiencia en relación a la salud, educación, servicios urbanos, vivienda y, en general, del nivel de vida de los ciudadanos. Esto se explica muchas veces por la falta de instrumentos efectivos de coordinación entre diferentes actores e instituciones públicas y privadas28. La familia por décadas ha sido reducida al ámbito privado-familiar, y ha sido privada por el estado de las políticas públicas, que conciernen al desarrollo de la vida de la familia. Dentro de esta misma realidad, también se aprecia una mayor conciencia por parte de las familias y las instituciones que trabajan acompañando la vida familiar, custodiando la vida digna como lo menciona Aparecida, no solo en la gestación y muerte de la persona, sino en todo el arco de la vida. Esto significa garantizar el derecho a la vida, al hábitat, al estudio, al trabajo, a la salud y a lo que constituye básicamente la vida.

28. En este contexto, la búsqueda de la paz es un sentir y una tarea que convoca amplias mayorías. América Latina es una de las regiones del mundo que ha resuelto sus conflictos en la mayoría de los casos en negociaciones y mediaciones. En este momento, varios países del Continente trabajan intensamente en procesos de paz internos, en medio de múltiples intereses por parte de fuertes sectores que dificultan su avance. No obstante, el anhelo de paz brota siempre más de múltiples instituciones gubernamentales y no gubernamentales, la Iglesia misma y otros sectores de la sociedad civil que trabajan por el bien común y la convivencia pacífica.

29. La Iglesia católica en América Latina y El Caribe ha estado comprometida desde sus orígenes y hasta el presente con los más pobres y con el esfuerzo de promover su dignidad. Una densa red capilar de instituciones e iniciativas beneficia a nuestros pueblos en el orden de la salud, la educación, la cultura, la habitación, la rehabilitación y la promoción de los trabajadores y de sus familias. Numerosos organismos de promoción humana y de asistencia social, en todos los niveles, representan una contribución significativa para el pueblo latinoamericano y caribeño.

 

Autor: Noticelam
Fuente: Plan Global y departamento de comunicación CELAM




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