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19 de Abril, 2016
CEE: “queremos participar en las esperanzas y angustias del pueblo”

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Mensaje de la 139ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana

Concluida la 139ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), que se desarrolló entre el 4 y el 8 de abril de 2016 en un clima “de profunda unidad y fraternidad”, los obispos dieron a conocer un mensaje referido a algunos de los temas abordados durante estos días.

La visita que el papa Francisco realizó al Ecuador, entre el 5 y el 8 de julio de 2015, y la celebración del Año de la Misericordia, marcado con el signo de la apertura de las “puertas de la misericordia” en las iglesias particulares del país, fueron evocados por los pastores, al inicio de su mensaje. Con relación a la visita del Papa, animaron al pueblo ecuatoriano a “repasar y aprovechar la riqueza de los mensajes que nos dejó”. En cuanto al Año de la Misericordia manifestaron su alegría y su esperanza por las posibilidades que representa en la vida de los cristianos: “damos testimonio que esta convocatoria está calando hondamente en nuestro pueblo, y que en todas nuestras jurisdicciones se ha desarrollado una rica programación, en sintonía con las sugerencias de la Bula Misericordiae Vultus; y que, en este sentido, se está dando gran impulso al compromiso de las obras de misericordia, a la atención generosa en el sacramento de la Reconciliación y al desarrollo de una actitud más misericordiosa y acogedora en todo el pueblo cristiano”. 

El mismo episcopado ecuatoriano dio fe de esta posibilidad de traducir el Año de la Misericordia en una experiencia a favor de la “auténtica renovación de la fe”, cuando el pasado mes de febrero, mientras compartía un retiro espiritual, los obispos tuvieron la posibilidad de visitar un centro carcelario.

Por otro lado, en el mensaje los pastores ecuatorianos también manifiestan su solidaridad ante “el profundo dolor por las tribulaciones y la dramática situación de nuestros hermanos en la fe en diferentes partes del mundo” y se detienen, particularmente, en la realidad del país, difícil a nivel social e incierta desde el punto de vista económico.

“Nos preocupan las previsibles repercusiones en la vida de nuestro pueblo, sus decepciones y nuevas situaciones de precariedad, especialmente de los jóvenes envueltos en las drogas, los niños y las mujeres comercializados en la trata de personas y otros en situación de vulnerabilidad, como la inseguridad y el desempleo”.

Así también, reconocieron la prioridad de ser, como Iglesia, “vivo testimonio de verdad y libertad, de paz y de justicia para que nuestro pueblo se anime con una esperanza nueva”, afirmando su voluntad de “participar en las alegrías y esperanzas, en las penas y angustias de nuestro pueblo”.

Estas palabras cobran particular significado ante el período electoral que se avecina. Ante la posibilidad de “exasperación de los enfrentamientos políticos”, los obispos pidieron diálogo, fraternidad y colaboración para que como sociedad sea posible “enfrentar, con eficacia y sentido de corresponsabilidad, la situación adversa que atraviesa el país”.

El testimonio de cardenal Pablo Muñoz Vega, cuyo proceso de canonización fue abierto durante los días de la Asamblea Plenaria, fue propuesto como punto de referencia frente a estos desafíos: “su figura ejemplar inspire a todo el pueblo católico y contribuya también, a nivel social, al aprecio por las actitudes de reconciliación y fraternidad que lo caracterizaron”. Así también, los obispos no dejaron de recordar a monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango Velázquez, mártires que dieron su vida por el Evangelio en el Oriente ecuatoriano, cuya causa de canonización también se encuentra en proceso, lo mismo que la de monseñor Juan Larrea Holguín, jurista y pastor.

El mensaje concluye con una particular gratitud al papa Francisco “por el rico Magisterio de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, donde redescubrimos la belleza del plan de Dios sobre el matrimonio y el don de la familia para la sociedad, así como proponer múltiples iniciativas de atención y promoción de la familia en su contexto y problemática actual”. 

A continuación, lea el mensaje de los obispos ecuatorianos, reunidos en su 139ª Asamblea Plenaria. 

MENSAJE DE LOS OBISPOS DEL ECUADOR REUNIDOS EN SU CXXXIX ASAMBLEA PLENARIA

Los Obispos de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana reunidos en Quito, del 4 al 8 de abril, hemos celebrado nuestra CXXXIX Asamblea Plenaria. Han sido unos días de alegría pascual, así como de profunda unidad y fraternidad, en el que abordamos diversos temas. 

Tenemos aún presente la Visita Pastoral del Papa Francisco al Ecuador. Les invitamos a repasar y aprovechar la riqueza de los mensajes que nos dejó; así nos fortaleceremos en la fe, nuestras familias se renovarán y toda la sociedad crecerá en solidaridad, gratuidad y subsidiaridad.

Con entusiasmo y esperanza, y en unión al Papa Francisco, hemos iniciado el “Año de la Misericordia” con el gesto, tan significativo, de la apertura de las “puertas de la misericordia” en nuestras iglesias particulares. Agradecidos por esta providencial iniciativa, damos testimonio que esta convocatoria está calando hondamente en nuestro pueblo, y que en todas nuestras jurisdicciones se ha desarrollado una rica programación, en sintonía con las sugerencias de la Bula Misericordiae Vultus; y que, en este sentido, se está dando gran impulso al compromiso de las obras de misericordia, a la atención generosa en el sacramento de la Reconciliación y al desarrollo de una actitud más misericordiosa y acogedora en todo el pueblo cristiano. El mes de febrero, los mismos Obispos tuvimos un retiro espiritual para vivir mejor este Año, dentro del cual tuvimos la experiencia de una conmovedora visita a un centro carcelario. Dios quiera que la experiencia eclesial de este Año jubilar se traduzca en una auténtica renovación de la fe. 

Como miembros todos de la única Iglesia de Jesucristo, compartimos el profundo dolor por las tribulaciones y la dramática situación de nuestros hermanos en la fe en diferentes partes del mundo. Nuestra mente y nuestro corazón no deja de tenerlos presentes en todo momento, pidiendo a Nuestro Salvador Jesucristo, el testigo fiel, les conceda la fortaleza necesaria, junto con el consuelo de la fraterna y concreta solicitud de toda la Iglesia. Y que su testimonio no deje de fortalecer la fidelidad de todos los bautizados.

En nuestro país, a nivel social, hemos comenzado a vivir momentos difíciles. La perspectiva económica se ve muy incierta, así como los caminos para enfrentarla. Nos preocupan las previsibles repercusiones en la vida de nuestro pueblo, sus decepciones y nuevas situaciones de precariedad, especialmente de los jóvenes envueltos en las drogas, los niños y las mujeres comercializados en la trata de personas y otros en situación de vulnerabilidad, como la inseguridad y el desempleo. 

Nos acercamos además a un período electoral, que puede caracterizarse por la exasperación de los enfrentamientos políticos, afectándose todavía más las actitudes de diálogo y colaboración sinceras, que consideramos indispensable para que nuestra sociedad pueda enfrentar, con eficacia y sentido de corresponsabilidad, la situación adversa que atraviesa el país. 

Pedimos al Señor que abra nuestros ojos y nos haga conocer las necesidades de todos nuestros hermanos; que Él nos inspire las palabras y las obras para confortar a los que están cansados y agobiados siguiendo el ejemplo y el mandato de Cristo. Queremos ser como Iglesia un vivo testimonio de verdad y libertad, de paz y de justicia para que nuestro pueblo se anime con una esperanza nueva.

Nos alegramos por la apertura del proceso de canonización del Siervo de Dios Pablo Muñoz Vega (1903-1994), jesuita, rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, arzobispo de Quito y cardenal de la Iglesia. Hombre profundamente sabio y humilde, que marcó la vida nacional con su actitud evangélica y su palabra iluminadora. Esperamos que su figura ejemplar inspire a todo el pueblo católico y contribuya también, a nivel social, al aprecio por las actitudes de reconciliación y fraternidad que lo caracterizaron. Así mismo, nos alegran los procesos de canonización de Monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés, que dieron su vida por el Evangelio en el Oriente ecuatoriano, como también el proceso de Monseñor Juan Larrea Holguín, jurista y pastor. 

Agradecemos al Papa Francisco por el rico Magisterio de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, donde redescubrimos la belleza del plan de Dios sobre el matrimonio y el don de la familia para la sociedad, así como proponer múltiples iniciativas de atención y promoción de la familia en su contexto y problemática actual. 

Queremos participar en las alegrías y esperanzas, en las penas y angustias de nuestro pueblo para mostrarles fielmente el camino de la salvación y junto con ellos avanzar en el camino del Reino.

Invocamos a la Santísima Virgen María, Madre de Misericordia, para que continúe bendiciéndonos  y nos alcance de su hijo Jesús todas las gracias necesarias para que la Misericordia de Dios llegue a todos los ecuatorianos.


Quito, 8 de abril de 2016

 SECRETARÍA GENERAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ECUATORIANA

 

Autor: Departamento de comunicación y prensa CELAM
Fuente y foto: CEE




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