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29 de Febrero, 2016
Francisco: “El aborto no es un «mal menor». Es un crimen”

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Expertos en bioética opinan sobre el posible impacto del zika en mujeres embarazadas

Uno de los asuntos abordados por el papa Francisco en la rueda de prensa con los periodistas en el vuelo papal de regreso a Roma, al concluir su viaje apostólico a México, estuvo referido al virus del zika y sus posibles consecuencias para las mujeres en estado de embarazo.

La pregunta, formulada por la periodista Paloma García Ovejero de COPE, evidenció algunas cuestiones bioéticas y morales que se derivan de esta emergencia de saneamiento público:

Santo Padre, desde hace algunas semanas hay mucha preocupación en diversos países latinoamericanos, pero también en Europa, por el virus «Zika». El riesgo mayor sería para las mujeres embarazadas —hay angustia— Algunas autoridades han propuesto el aborto o evitar el embarazo. En este caso, ¿la Iglesia puede tomar en consideración el concepto de «mal menor»?

La respuesta del papa Francisco fue clara con relación al aborto, al que calificó como “crimen” y “un mal en sí mismo”, añadiendo también que “evitar el embarazo no es un mal absoluto”. Estas fueron las declaraciones del Sumo Pontífice:

El aborto no es un «mal menor». Es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto. Sobre el «mal menor»: evitar el embarazo es un caso —hablamos en términos de conflicto entre el quinto y el sexto mandamiento—. Pablo VI, ¡el grande!, en una situación difícil en África permitió a las monjas usar anticonceptivos para casos de violencia. No hay que confundir el mal de evitar el embarazo, por sí solo, con el aborto. El aborto no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra —en el mejor de los casos— o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer. Es un mal en sí mismo, pero no es un mal religioso al inicio: no, es un mal humano. Y, evidentemente, como es un mal humano —como todo asesinato— es condenado. En cambio, evitar el embarazo no es un mal absoluto. En ciertos casos, como en este que he mencionado del beato Pablo VI, era claro. También yo exhortaría a los médicos a que hagan de todo para encontrar también las vacunas contra estos dos mosquitos que contagian esta enfermedad. Sobre esto se debe trabajar.

Sobre las palabras del Papa, monseñor Alberto Bochatey, obispo auxiliar de La Plata, Presidente de la Comisión de Salud de la Conferencia Episcopal Argentina, y miembro de la comisión episcopal del Departamento de Familia, Vida y Juventud del CELAM, destacó que “el Santo Padre, como bien sabemos, trata de comunicar siempre con lenguaje propio de la teología pastoral, con sencillez y de forma directa, incluso en temas muy profundos y complejos”. Asimismo, desde una perspectiva bioética, comentó que aunque es “cierto que evitar un embarazo por razones que no sean graves y propias de la paternidad/maternidad responsable, no es lo propio del plan de Dios que está siempre abierto a la vida y a la gracia”, definitivamente “el aborto, como bien indicaba el papa Francisco, es totalmente otra cosa: es un crimen (…). Desde la bioética, siempre buscamos el bien de la persona y limitar los daños que puedan afectarla”.

Por otra parte, la religiosa uruguaya Cristina Robaina, teresiana, magíster en bioética e integrante del equipo asesor de la Escuela Social del CEBITEPAL, coincidió con el prelado al decir que “cuando Francisco responde preguntas lo hace con un lenguaje particularmente claro y profundo, y demuestra un hondo sentido de lo humano”. “Precisamente –continuó la religiosa– Francisco nos invita a tomar conciencia de que pensar éticamente la vida supone pensar lo humano. En ese sentido, una primera reflexión nos permite diferenciar sin confusión alguna la enorme diferencia ética entre el aborto y la anticoncepción”. De este modo, reconoció que “verdaderamente el aborto es un problema humano que nos compete a todos, creyentes y no creyentes.  La pregunta es si reconocemos la dignidad de todo ser humano en cualquier fase de su vida y, en este caso, en las primeras etapas.  Este debate ha dado lugar a encendidas controversias sobre el estatuto ontológico, ético y jurídico del embrión”.

Por sus implicaciones, “en este complejo asunto así como en tantos otros que afectan la vida, la bioética es un campo de reflexión y diálogo que se realiza a partir del encuentro de diversas miradas y saberes. Por eso es una tarea interdisciplinar, intercultural e interreligiosa”, destacó la asesora de la Escuela Social. “Estamos ante realidades y situaciones emergentes por la vía de fenómenos naturales incontrolables o por la acción humana a través de las biotecnologías que modifican la misma sustancia de la vida y sus posibilidades.  Tenemos que superar la tendencia a buscar respuestas fáciles y rápidas –casi recetas- para responder en cada caso. Estamos llamados todos y todas a capacitarnos en el diálogo y discernimiento bioéticos para analizar, discernir y optar de acuerdo a las propias convicciones personales, sobre todo en decisiones de gran calado como las que tienen que ver con temas sanitarios acuciantes como el zika, o aquellas devienen de la aplicación de nuevas tecnologías que afectan la vida en cualquiera de sus manifestaciones”.

Por su parte, monseñor Bochatey recomendó que “es fundamental un buen diagnóstico: en este caso nos encontramos con opiniones diferentes, tanto en el campo periodístico como, especialmente, en el campo médico (…). Sin un buen diagnóstico, todas las acciones médicas carecen de certeza científica y ética. Se debe trabajar con criterios de urgencia y emergencia en la dimensión diagnóstico/científica de la consecuencias del zika en mujeres embarazadas: esta es la primera y fundamental emergencia”. “La preservación de la salud y de la vida es tarea fundamental tanto desde la ciencia como desde la pastoral: como Pastores nos preocupamos y acompañamos a los enfermos, sus familiares y a todos aquellos que tiene una responsabilidad directa e indirecta en la información, diagnóstico, distribución de medicamentos, acciones de prevención y cuidado, lucha contra la pobreza y la contaminación. El compromiso social de la Iglesia es permanente y profético, justamente para evitar que se llegue a este tipo de emergencia.  Si es que realmente lo es”, concluyó el prelado.

 

Autor: Óscar Elizalde Prada
Foto: eluniversal.com.mx




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