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23 de Mayo, 2016
¿Hacia dónde va la política brasileña?

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Análisis del cardenal Odilo P. Scherer, arzobispo de São Paulo

El pasado 11 de mayo el senado de Brasil suspendió temporalmente a la presidenta Dilma Rousseff, oficializando el inicio del juicio político en su contra, por crimen de responsabilidad ante las denominadas “pedaladas” fiscales. Entretanto, Michel Temer ha asumido la presidencia interina de la nación.

La profunda crisis política de Brasil ha sido tema de preocupación del episcopado. “¿Qué decir ante esta situación?”. El cardenal Odilo P. Scherer, arzobispo de São Paulo, comparte su análisis de la realidad política que vive el país.

A continuación, se traduce el artículo de opinión del cardenal, “¿Hacia dónde va la política brasileña?”, publicado en el sitio web de la CNBB. 

¿Hacia dónde va la política brasileña?

Hace meses acompañamos el desarrollo de una profunda crisis política, que acaba de tener como consecuencia la suspensión, aun temporal, de la Presidenta de la República y la formación de un nuevo gobierno.

¿Qué decir ante esta situación? Es difícil hacer una evaluación serena y objetiva, toda vez que el conocimiento de los hechos y de los motivos de las decisiones tomadas no siempre están al alcance de todos; además de esto, la pasión política e ideológica puede turbar la objetividad de las discusiones. Aun así, a pesar de las perplejidades suscitadas, cada brasileño fue formando su opinión. A mi modo de ver, Brasil pasa, a duras penas, por una maduración política que tendrá consecuencias benéficas.

Muchos preguntan sobre la posición de la Iglesia Católica ante la crisis. A ese propósito, la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, durante su reciente asamblea general, el pasado mes de abril, emitió una declaración con la posición del episcopado. El texto no aborda propiamente el mérito de las acusaciones hechas a la Presidenta, reconociendo que ese papel cabe a las instancias competentes de la vida pública nacional.

En materia política, los ciudadanos tienen derecho a sus propias opiniones y, por esto, la Iglesia católica no obliga a adherir a una posición única. En el seno de la propia Iglesia, tratándose de cuestiones políticas, existe una legítima diversidad de posiciones, con tal de que no estén en desacuerdo con las convicciones de la propia fe cristiana. Vale recordar un antiguo dicho, atribuido a san Agustín: “en lo esencial, unidad; en lo secundario, libertad; en todo, caridad”.

Sin embargo, los obispos manifestaron preocupaciones con relación al escenario político, económico, social y ético y apuntaron criterios y referencias importantes a ser tenidas en cuenta en la búsqueda de la superación de la crisis brasileña. ¿Para qué sirve la política? ¿Ella debe respetar criterios éticos? La actual polarización política llegó a niveles nunca antes vistos en Brasil y da la impresión de una fanaticada apasionada, en la que se quiere, a todo costo, la victoria de uno o de otro lado. La política puede despertar pasiones inflamadas, sobretodo cuando es motivada por ideologías fuertemente arraigadas; puede hasta incluso tornarse ciega y fanática, capaz de turbar la paz social. No va por ahí el ideal de la acción política, a la cual se reconoce un papel esencial en la edificación de la convivencia social y de la paz.

Después de la tempestad, la bonanza permite mirar con más serenidad el escenario y retomar la reflexión sobre lo que, de hecho, importa para que la vida continúe. Me permito hacer alusión a algunos principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia, que deberían iluminar la vida política entera de un pueblo. Primero que todo, el principio de la dignidad de la persona humana es la razón de ser y el sustento de toda institución y acción política, que serían ilegítimas y espurias si fueran contrarias a la dignidad de la persona humana, o no hicieran caso de ella. ¿Cómo calificar una acción política, que no fuera orientada fuertemente por la promoción de ese bien fundamental?

Después viene el principio del bien común, que tiene en cuenta la igual dignidad y los mismos derechos fundamentales de todas las personas. La vida social y política debe estar orientada a la consecución del bien de todos, y no solo de algunos. La promoción del bien común es deber de todos los ciudadanos y de todas las instituciones y autoridades públicas, es el objetivo primario del Estado y de todo aquello que lo representa.

Cabe al Estado asegurar la cohesión y la organización de la sociedad civil, de la cual él es expresión máxima. Ya enseñaba el papa León XIII en la primera encíclica social (Rerum Novarum, 1891) que el objetivo de la vida social es el bien común históricamente realizable. La promoción del bien común es la razón de ser propia de la autoridad política; si dejara de estar orientada por esa motivación, ella dejaría de cumplir su misión primordial.

Otro principio importante que debe orientar la vida social y política es la “destinación universal de los bienes”; los bienes existentes en este mundo se destinan al sustento de todos, “con el criterio de la equidad, teniendo como guía la justicia y por compañera la caridad” (Gaudium es spes 69). Nadie debe ser excluido, a priori, del uso de los bienes y ninguna persona debería ser privada de lo necesario para vivir dignamente. Asegurar el acceso a los bienes indispensables para una vida digna para todos es una de las atribuciones más relevantes de la política y de quien gobierna.

También es necesario para ordenar y dinamizar la vida social y política el principio de subsidiaridad, apuntado ya por el papa León XIII, en la encíclica antes citada. El poder del Estado y el ejercicio de la autoridad no pueden ser concentrados ni sofocados, sino necesitan respetar las múltiples competencias de las instancias intermediarias entre el ciudadano y el Estado. De las organizaciones de la sociedad civil surge un tejido social vivo y dinámico, donde se expresan las personas y se traducen los valores cultivados por ellas. Toda persona tiene derecho a participar de la vida social y política. El poder concentrado en el Estado empobrece y sofoca la sociedad, su iniciativa, libertad y responsabilidad.

Y no puede ser ignorado el principio de solidaridad. Hay una interdependencia inequívoca entre todas las personas y pueblos, que va siendo siempre más evidente en la medida en que crece el fenómeno de la globalización. El papa Francisco la evidenció, de manera práctica e incuestionable, en su encíclica “Laudato Sí” sobre las cuestiones ambientales. El futuro de la naturaleza y del planeta Tierra, nuestra “casa común”, depende del cuidado de todos: para bien y para mal. 

Difícil sería edificar el futuro de nuestro país, sin tener en cuenta esos principios básicos de la vida social y política; ni la pluralidad de los partidos, incluso, o las divergencias ideológicas podrían prescindir de ellos. 

Texto original en portugués: 

Para onde vai a política brasileira? 

Há meses, acompanhamos o desenrolar de uma profunda crise política, que caba de ter como consequência o afastamento, ainda temporário, da Presidente da República e a formação de um novo governo.

Que dizer, diante dessa situação? É difícil fazer uma avaliação serena e objetiva, uma vez que o conhecimento dos fatos e dos motivos de decisões tomadas nem sempre está ao alcance de todos; além disso, a paixão política e ideológica pode turbar a objetividade das discussões. Mesmo assim, e apesar das perplexidades suscitadas, cada brasileiro foi formando sua opinião. A meu ver, o Brasil passa, a duras penas, por um amadurecimento político que terá consequências benéficas.

Muitos perguntam sobre a posição da Igreja Católica diante da crise. A esse propósito, a Conferência Nacional dos Bispos do Brasil, durante a sua recente assembleia geral, em abril passado, emitiu uma declaração, com a posição do episcopado. O texto não entra propriamente no mérito das acusações feitas à Presidente, reconhecendo que esse papel cabe às instâncias competentes da vida pública nacional.

Em matéria política, os cidadãos têm o direito às suas próprias opiniões e, por isso, nem a Igreja Católica não obriga a aderir a uma posição única. No seio da própria Igreja, tratando-se de questões políticas, existe uma legítima diversidade de posições, contanto que não estejam em desacordo com as convicções da própria fé cristã. Vale lembrar um antigo dito, atribuído a S.Agostinho: “no essencial, unidade; no secundário, liberdade; e em tudo, caridade”. 

No entanto, os bispos manifestaram preocupações em relação ao cenário político, econômico, social e ético e apontaram critérios e referências importantes a serem levados em conta na busca da superação da crise brasileira. Para que serve a política? Ela deve respeitar critérios éticos? A atual polarização política atingiu níveis nunca antes vistos no Brasil e chega a passar a impressão de uma torcida apaixonada, na qual se quer, a todo custo, a vitória de um ou de outro lado. A política pode despertar paixões inflamadas, sobretudo quando é motivada por ideologias fortemente arraigadas; pode até mesmo tornar-se paixão cega e fanática, capaz de turbar a paz social. Não vai por aí o ideal da ação política, à qual se reconhece um papel essencial na edificação do convívio social e da paz.

Depois da tempestade, a bonança permite olhar com mais serenidade o cenário e retomar a reflexão sobre o que, de fato, importa para que a vida continue. Permito-me fazer alusão a alguns princípios fundamentais da doutrina social da Igreja, que deveriam iluminar a inteira vida política de um povo. Primeiro de todos, o princípio da dignidade da pessoa humana é a razão de ser e sustento a toda instituição e ação política, que seriam ilegítimas e espúrias se fossem contrárias à dignidade da pessoa humana, ou não fizessem caso dela. Como qualificar a ação política, que não fosse orientada fortemente pela promoção desse bem fundamental?

Vem, depois, o princípio do bem comum, que leva em conta a igual dignidade e os mesmos direitos fundamentais de todas as pessoas. A vida social e política deve estar orientada à consecução do bem de todos, e não apenas de alguns. A promoção do bem comum é dever de todos os cidadãos e de todas as instituições e autoridades públicas, É objetivo primário do Estado e de tudo aquilo que o representa.

Cabe ao Estado assegurar a coesão e a organização da sociedade civil, da qual ele é expressão máxima. Já ensinava o papa Leão XIII na primeira encíclica social (Rerum novarum, 1891) que o objetivo a vida social é o bem comum historicamente realizável. A promoção do bem comum é a própria razão de ser da autoridade política; se deixasse de estar orientada por essa motivação, ela teria deixado de cumprir sua missão primordial.

Outro princípio importante que deve orientar a vida social e política é a “destinação universal dos bens”; os bens existentes neste mundo destinam-se para o sustento de todos, “com o critério da equidade, tendo por guia a justiça e por companheira a caridade” (Gaudium et spes 69). Ninguém deve ser excluído, a priori, do uso dos bens   e nenhuma pessoa deveria ser privada do necessário para viver dignamente. Assegurar o acesso aos bens indispensáveis à vida digna para todos é uma das atribuições mais relevantes da política e de quem governa.

Necessário para ordenar e dinamizar a vida social e política também é o princípio de subsidiariedade, apontado já pelo papa Leão XIII, na encíclica antes citada. O poder do Estado e o exercício da autoridade não podem ser concentrados e sufocantes, mas precisam respeitar as múltiplas competências das instâncias intermediárias entre o cidadão e o Estado. Das organizações da sociedade civil surge um tecido social vivo e dinâmico, onde se expressam as pessoas e se traduzem os valores por elas cultivados. Toda pessoa tem o direito de participar da vida social e política. O poder concentrado no Estado empobrece e sufoca a sociedade, sua iniciativa, liberdade e responsabilidade.

E não pode ser ignorado o princípio de solidariedade. Há uma interdependência inequívoca entre todas as pessoas e povos, que vai ficando sempre mais evidente à medida em que cresce o fenômeno da globalização. O papa Francisco evidenciou, de maneira prática e inquestionável, na sua encíclica “Laudato sì” sobre as questões ambientais. O futuro da natureza e do planeta Terra, nossa “casa comum”, depende do cuidado de todos: para o bem e para o mal. 

Difícil seria edificar o futuro do nosso país, sem levar em conta esses princípios basilares da vida social e política; nem mesmo a pluralidade dos partidos ou as divergências ideológicas poderiam prescindir deles. 

Tomado de: http://www.cnbb.org.br/index.php?option=com_content&view=article&id=18753:para-onde-vai-a-politica-brasileira&catid=90&Itemid=204

 

Traducido por: Departamento de comunicación y prensa CELAM
Fuente: CNBB
Foto: abc.net.au




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