Video: LATIDOAMÉRICA
Conferencias Episcopales
   
Medios Asociados
   
 
Noticias
20 de Junio, 2016
EDITORIAL No 126

Imprimir
Imprimir

El clamor de la Iglesia por la paz

En su itinerario, los discípulos misioneros de América Latina y el Caribe, fieles a los pasos de Jesús, que “eligió ser pobre por nosotros” –como afirma el apóstol– no es ajeno al anuncio del “Evangelio de la paz”  (cf. DA 31), reconociendo que “si bien en algunos países se han logrado acuerdos de paz, superando así conflictos de vieja data, en otros continúa la lucha armada con todas sus secuelas: muertes violentas, violaciones a los Derechos Humanos, amenazas, desigualdades sociales y políticas, coptación de los Estados en favor solo de algunas élites económicas o políticas, niños en la guerra, secuestros, desplazamiento, victimas, destrucción de familias, robo de tierras”,  como se afirma en el número 81 del Documento de Aparecida. A esta lista se podrían añadir las recientes tragedias causadas por la intolerancia y el odio.

Incesante en su labor humana y evangelizadora, el clamor de la Iglesia por la paz no cesa, sobre todo de los sectores más comprometidos con la causa del Reino de Dios, con la causa del hombre sufriente, y con la causa del Evangelio. Por el contrario, ante las violencias sin tregua, se multiplican las voces que denuncian situaciones de dolor, discordia y muerte, y proponen la alternativa del diálogo, la justicia social y, sobre todo, el reconocimiento de la dignidad y los derechos humanos para todos, especialmente para los más pobres. El Papa Francisco en este sentido es un signo profundo en el mundo en este momento de la historia.

Así se aprecia en la carta pastoral publicada por el arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar Alas, el pasado 24 de marzo, al cumplirse el primer año de la beatificación de monseñor Romero. Refiriéndose a la violencia en El Salvador, el obispo señala que “la magnitud de los efectos de la violencia actual nos interpelan a todos y todas a buscar soluciones inmediatas, que en su mayoría nos hacen olvidar que la violencia en El Salvador es un problema que hunde sus raíces en el pasado que, o ha sido ignorado, o encubierto, o bien, relatado desde una óptica unilateral, buscando responder a los intereses de quien lo relata y olvidando que sólo la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32)” (Carta pastoral 2015, No. 5). Razón de más para que el obispo afirme la urgencia de “una seria y profunda reflexión dado que los actores y escenarios (…) han cambiado enormemente, pero la violencia pervive” (Ibíd.).

En octubre de 2015, durante el II Congreso Continental de Teología, el obispo guatemalteco Álvaro Ramazzini se preguntaba: “¿cuáles son las causas profundas de esta conflictividad a la que se ha hecho referencia tantas veces, ya desde la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Puebla, donde se repitió que el dinero, el poder, y el placer estaban en las raíces de los conflictos?”. Ante esto, monseñor Ramazzini recordaba algunos de los grandes núcleos de violencia global: “solamente pensemos en cuáles son los negocios ilícitos más rentables en este momento: la venta de armas, el tráfico de drogas y la trata de personas. Todo esto está generando una conflictividad visible”.

En esta edición hacemos eco a los clamores de la Iglesia por la justicia y la paz, porque “la justicia y la paz se besan”, como dice el salmista. Justicia y paz no solo para América Latina y el Caribe sino para todos los lugares de la tierra que lo necesitan. Las regiones donde se padece menos y la riqueza ha deshumanizado a las sociedades, que se humanicen compartiendo solidariamente y generando sistemas mas justos y humanos para el resto de las regiones de la tierra. Porque la violencia es también producto de un orden injusto y terriblemente desigual. Se hace necesaria la acción de los discípulos misioneros para construir escenarios favorables a la paz. En este sentido, compartimos la voz profética del papa Francisco ante el drama del hambre, así como la de los obispos paraguayos ante una reciente tragedia en un centro penitenciario, y la de la Iglesia chilena frente a los hechos violentos de profanación del templo de la gratuidad nacional.

Así también, en un tono propositivo, el encuentro nacional de laicos de Uruguay profundizó en la importancia de construir fraternidad en una sociedad fragmentada, y el Consejo Nacional de Laicos de Brasil se pronunció sobre la actual coyuntura que vive el país.

Por otra parte, no dejamos de compartir algunas pistas para profundizar el Plan Global del CELAM, e invitamos a avanzar en los itinerarios que nos aproximan al Congreso Continental del Jubileo de la Misericordia, animado conjuntamente por el CELAM y la CAL. Centrándonos ahora en la figura y rico testimonio de San Martín de Porres, un Santo Peruano.

Ofrecemos en el No. 126 de Noticelam, por medio de un emblemático reportaje estadounidense sobre el fuerte testimonio del Padre Daniel,  en favor de la paz, hasta incluso sufrir la Cárcel por eso, que nos estimula a ser “testigos de la misericordia” buscando la  Justicia y construyendo la verdadera paz. Así mismo recordando las intenciones del papa Francisco para este mes de junio.

El clamor de la Iglesia por la paz interpela nuestra misión evangelizadora. Deseamos a todos y todas una provechosa lectura.




Documento sin título