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20 de Junio, 2016
Un profeta de la paz se ha ido

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El Padre Daniel Berrigan sj, muriķ comprometido a los 94 aņos, hizo gestos contra la planta de misiles en Pensilvania

De los profetas se habla poco, muchos son silenciosos, hombres de Dios y llenos del Espíritu Santo. Mucho del esfuerzo comunicativo y periodismo o es cosmético que ofrece la frescura del “no está pasando nada”, aunque la tierra esté llena de dolor, o anda construyendo escaleras para instalar o preservar muchas veces el oscuro poder con comodidades y beneficios solo para unos cuantos que devoran a las mayorías.

Con un estilo de vida sencillo, no aparece entre los famosos, el sacerdote estadounidense murió a los 94 años de edad en Nueva York, según lo informó el portavoz de los Jesuitas de esa comunidad. El Padre Daniel murió anciano como el apóstol y Evangelista Juan. Anciano testigo de la verdad oculta y de la paz tan necesaria, en medio de sus hermanos.

El Padre Dan como le llamaban sus amigos es honrado en los ambientes del periodismo “profano”, dígase no con acento despectivo, sino para referirse al periodismo no religioso católico ex profesamente. Periodismo de la sociedad estadounidense comprometido con lo humano y con la justicia, en esa gran nación que incide  bien o mal en el conjunto de las naciones  y pueblos del mundo.

Contemporáneo de Martin Luter King Jr. Vibraba con las Palabras del Profeta Isaias: “de las espadas forjaran arados”. Por su trabajo por la paz fue perseguido por el FBI, habiéndose librado de la cárcel por esa vez, escondiéndose en unas marionetas gigantes del teatro de crítica política. No así la siguiente vez, cuando el FBI se lo llevó prisionero, mientras el Padre se hallaba en Block Island. En uno de sus discursos el sacerdote Jesuita había dicho que “los hombres de bien, deben tomar medidas y algunos deben estar dispuestos a ir a la cárcel”.

Se opuso abiertamente a la guerra de Vietnam y por su compromiso con la paz, fue puesto tras las rejas, en la  prisión federal en Danbury, Connecticut, en donde permaneció cerca de dos años. Su hermano Felipe, lo acompañaba en sus misiones y también fue encarcelado.

Los profetas nos desafían y nos desafían incluso como institución, pero sus espíritus son movidos por el Evangelio que nadie puede callar y por el Santo Espíritu de Dios, que nadie puede encarcelar.

Aunque murió de muerte natural por enfermedad en un centro de asistencia médica, figuras como el Padre Dan, se une a figuras como las del Beato Romero en el Salvador o el Padre Hermógenes López Coarchita de Guatemala, claro en tiempos, lugares  y escenarios distintos, y a la de tantos mensajeros de Dios en América latina.

Muchas veces sin conocerse marcaron la vida y la historia con su estilo y amor a sus hermanas y hermanos; muchas veces desconocidos porque, al oponerse a la guerra de Vietnam, el padre se opuso a la muerte de sus compatriotas que morirían en ella y se opuso a la muerte de los vietnamitas que en ella murieron sin  haberlos conocido. Por eso puede llamarse “hermano de espíritu universal”. Descanse en Paz, en el gozo del Reino de Dios, el Padre Daniel Barrigan sj. A continuación la nota de prensa de los periodistas Amy Goodman y Denis Moynihan.

Amy Goodman y Denis Moynihan

Un profeta de la paz se ha ido. Daniel Berrigan, sacerdote católico jesuita, activista por la paz, poeta, abnegado tío y hermano, falleció la semana pasada a los 94 años de edad. Su pasaje de casi un siglo por esta Tierra estuvo marcado por la compasión y el amor por la humanidad, así como por un inquebrantable compromiso con la paz y la justicia. Pasó años en prisión por sus valientes acciones pacifistas contra la guerra. En cada acción de su vida llevó a la práctica el Evangelio que predicaba. Dio impulso a diversos movimientos, inspiró a millones de personas, escribió de una manera hermosa y con una ingeniosa sonrisa compartió su amor por la vida con sus familiares, amigos y con todos aquellos con quienes rezó y luchó por la paz.

Dan y su hermano Philip Berrigan, junto a otros activistas católicos, irrumpieron en un centro de reclutamiento militar en 1967 y derramaron su propia sangre sobre las citaciones de reclutamiento en alusión a la sangre derramada en la guerra. Al año siguiente, el 17 de mayo de 1968, pocas semanas después del asesinato de Martin Luther King Jr., los dos hermanos y otras siete personas se hicieron famosos por retirar citaciones de reclutamiento del centro de reclutamiento de Catonsville, en Maryland, y quemarlas con napalm de fabricación casera en el estacionamiento de las oficinas. Mientras cantaban un himno reunidos alrededor de la fogata fueron finalmente arrestados.

Dan Berrigan expresó en un comunicado emitido por el grupo antes de la acción, dado que sabían que serían arrestados: “Nuestras disculpas, buenos amigos, por quebrantar el buen orden, por quemar papeles en lugar de niños, por despertar la ira de los personeros de la muerte en la antesala del osario”. Y agregó: “No podíamos hacer otra cosa, así que ayúdanos Señor”.

Las acciones de Los Nueve de Catonsville, como se conoció al grupo, hicieron que aumentara la intensidad de las acciones contrarias a la guerra en todo el país. Algunas personas habían quemado sus fichas de reclutamiento antes que ellos, pero después de la acción de Catonsville esto se volvió una táctica emblemática y cada vez más frecuente para demostrar la oposición real y simbólica a la guerra. Dan Berrigan expresó: “Elegimos ser criminales sin poder en tiempos de poder criminal. Elegimos ser etiquetados como criminales de paz por los criminales de guerra”.

Daniel Berrigan fue sentenciado a prisión pero antes de entregarse para cumplir su condena, pasó a la clandestinidad. A pesar de figurar en la lista de los más buscados del FBI, Berrigan aparecía repentinamente en diferentes rincones del país y pronunciaba discursos contra la guerra. Habló durante un gran acto en apoyo a Los Nueve de Catonsville en la Universidad de Cornell, donde era capellán. Luego del discurso, al verse acorralado por el FBI y la policía, Berrigan se escondió dentro de una de las marionetas gigantes de la compañía de teatro con contenido político Bread & Puppet. Disfrazado de esa manera logró salir del Barton Hall de la Universidad de Cornell y evitó ser arrestado. Finalmente, las autoridades dieron con su paradero en Block Island, frente a las costas de Rhode Island, y lo arrestaron. Una famosa fotografía capturó el momento en que dos tristes agentes del FBI que se hacían pasar por observadores de aves en la isla se llevaban esposado al sonriente padre Berrigan.

Berrigan escribió en sus memorias, tituladas “No Bars to Manhood”: “Dado que la maquinaria estadounidense no funciona bien, ni en sus mecanismos internos, ni en sus engranajes con el mundo, los hombres de bien deben tomar medidas”. Y aclaró: "Algunos de ellos han de estar dispuestos a ir a la cárcel".

En 1980, Berrigan, una vez más con su hermano Phil y otras personas, irrumpió en una planta de misiles de General Electric ubicada en King of Prussia, Pennsylvania. Allí golpearon con martillos cabezas de ojivas nucleares hasta dañarlas de modo que no pudieran ser reparadas y luego derramaron su sangre sobre las partes dañadas. Las acciones que llevaron adelante ese día dieron inicio al Movimiento Plowshares, que creció hasta convertirse en un movimiento mundial. Las acciones de Plowshares se inspiran en un versículo del libro de Isaías, del Antiguo Testamento:

“Convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en hoces. 
No levantará espada nación contra nación, 
y nunca más se adiestrarán para la guerra”.

La lucha por la paz de Dan Berrigan desafió al Gobierno de Estados Unidos, al Pentágono y a la jerarquía de la propia Iglesia Católica. Por ese último pecado, fue apartado de su labor eclesiástica en Estados Unidos. Su exilio incluyó viajes a América Latina y Sudáfrica, que lejos de curarlo de su compromiso con la lucha por la justicia, solo lo reafirmaron.

Vimos por última vez a Berrigan, a quien nosotros, al igual que muchos otros, llamábamos cariñosamente “Padre Dan”, hace dos años en un hogar para ancianos jesuitas de la Universidad de Fordham, en el Bronx. A los 93 años de edad, su estado era frágil pero sus ojos brillaron cuando le dimos su comida favorita: helado. Su devoción al helado y a la justicia social lo hicieron acreedor a su propio sabor de la marca de helados Ben & Jerry’s, así como al suministro vitalicio de esos helados para él y para el Movimiento del Trabajador Católico, que tanto amaba.

Daniel J. Berrigan vivió una vida fiel a su vocación y practicó literalmente lo que predicaba. Descansa en paz, Dan Berrigan, de la misma manera en que has vivido.


© 2016 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

http://www.democracynow.org/es/2016/5/6/descansa_en_paz_dan_berrigan_de

 

Autor: Noticelam
Fuente: Democracynow.org
Foto: Nación.com




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