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04 de Julio, 2016
El Espíritu llama de nuevo al discernimiento pastoral

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Reflexiones en torno al Plan Global. CELAM

Ha transcurrido un año del actual cuatrienio. Al inicio del mismo, a marcha acelerada se abordó el plan Global, para cumplir con lo establecido; por ello el Plan Global cuenta con contenidos que se vienen trabajando desde los años anteriores y abrió paso a aspectos nuevos que la realidad cambiante y evolutiva exige, pues el agua estancada muere.

Y como se dice en el sur de américa, hace falta un “encuadre”, tomando en cuenta que el marco de la realidad y el marco doctrinal muestran un giro bastante fuerte del ayer al hoy, en la línea del nuevo oxígeno al que sobre todo el Papa Francisco, el primer Papa Jesuita y latinoamericano en la historia de la iglesia, le abre camino mediante el discernimiento y los procesos de reforma.

Ha habido en este sentido gestos, signos y decisiones que han provocado una cierta incertidumbre y cierta molestia a estructuras asentadas desde hace siglos en ciertos ámbitos de la iglesia.

Invitar a una iglesia libre frente al poder para poder ser verdadera servidora, dejarle lugar al Espíritu Santo en el quehacer de la iglesia, para que esta brille siendo espejo de su luz, poner la mirada en las periferias, oponerse a las guerras, comunicar la ternura, gobernar con la sencillez; han sido algunas de las muchas características y gestos de un camino que desde la Evangelli Gadium trazó el Papa Francisco.

Hay mucho que recorrer, y nos recuerda que no se trata solamente de decisiones por opciones humanas, sino un camino que debe ser marcado por Dios, por eso insiste –el Papa por supuesto- “recen por mí”.  Porque lo que se quiere es que la iglesia, nuevo pueblo de Dios, que sigue cruzando los desiertos en la historia actual, llegue a la tierra prometida y no perezca en el camino de las ilusiones vanas. No es una tarea fácil, es articular y abrir el nuevo tiempo de profecía y Esperanza. Es dejar que el Cordero, Cristo, abra los sellos de un tiempo nuevo.

De la pequeñez y sencillez de Guadalupe, al profetismo centroamericano, hasta el soplo del Espíritu en el sur y en Aparecida, que hizo resonar: que la meta es el Reino de Dios, y la misión, el quehacer esencial de la Iglesia; se abren nuevos horizontes, se buscan nuevos caminos para que la vida cristiana siga alimentando la vida de los pueblos y ofreciendo esperanza y caminos de vida en las tierras latinoamericana y Caribeña.

Desde allí, la revisión y la nueva búsqueda, el desacomodo y la desinstalación, siguen siendo necesarias.

Toda la iglesia latinoamericana y Caribeña reunida en la ciudad de Aparecida, ve la necesidad de volver a las fuentes y darle continuidad a Medellin y a Puebla, entre otras, por supuesto reubicándose en el momento actual y en el devenir de la historia, tomando en cuenta los cambios que la historia y la humanidad misma en esta geografía latinoamericana y Caribeña han venido viviendo.

Los matices dependen de las personas y los giros hacia el anti reino también.  Por ello la constante búsqueda del camino del Reino anunciado por Cristo, es siempre necesaria.

Una reflexión profunda ha habido en los encuentros de trabajo en torno al Plan Global, como es propio, no sin las necesarias tensiones. Al Igual que en al apocalipsis, El Espíritu sigue hablando a las siete iglesias de hoy.

Se requiere entonces de, como en distintos tiempos de la Iglesia, y aquí marca pauta San Ignacio de Loyola desde la cueva de Manresa, adentrarse en un constante discernimiento personal y eclesial que tenga consecuencias en un discernimiento pastoral, hacia nuevos caminos. Es necesario mirar la iglesia del futuro y no quedarnos ciegos mirando solo al suelo.

No se puede olvidar que Cristo, el que ciertamente resucitó, es el crucificado. No se puede olvidar por títulos o por conveniencias económicas - y que ciertamente sufrimos por ello, es decir por carencias económicas - que la Iglesia es una iglesia de mártires, que ha sido edificada por el Espíritu que ha dado su guía y la ha sostenido en el dolor y la pena. No se puede por lo secundario, renunciar a lo esencial, a lo que verdaderamente es fuente de vida.

“(…) el discernimiento pastoral afecta al modo permanente del ser y actuar de la Iglesia. Jesús de Nazaret formó a sus discípulos para que supieran discernir la acción de Dios en los momentos del nacimiento de la Iglesia; las primeras comunidades en su dinamismo evangelizador y misionero son un ejemplo de cómo discernir.”

Por ello el trabajo actual requiere, un discernimiento, no un discernimiento de aspirina que baje la temperatura solamente, sino un camino profundo que busque la voluntad de Dios para los pueblos en este momento de la historia en consonancia con el Papa.

En ello se trabaja y sin duda las luces aparecerán y nos hará capaces y expertos en ver las chispas del Espíritu que vuelve a llamar y a desinstalar. A las oraciones mutuas nos confiamos. En el camino a la sencillez, resuena el dicho popular: “cuando el vidente pierde la vista, el que parece ser ciego le enseña a ver”. El Espíritu siempre muestra el camino.

 

Autor: Departamento de comunicación y Prensa CELAM
Fuente: Celam
Foto: Jesús de Nazareth en el desierto.




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