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11 de Julio, 2016
Editorial No 129

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“Otros” genocidios

En los medios de comunicación y en ámbitos diplomáticos, la palabra “genocidio” produce cierta agitación mediática y escozor. Es y ha sido tema de debate para algunos y de profundo dolor para otros, mientras “las grandes potencias internacionales miraban hacia otro lado”, como ha denunciado el papa Francisco, recientemente, cuando le preguntaron por qué incluyó esta palabra en su discurso en el Palacio Presidencial de Armenia. También el Papa se ha referido a otros trágicos genocidios de la humanidad: el de Hitler, el de Stalin, el de Rwanda…

Si bien muchos prefieren el recurso del eufemismo, el Diccionario de la Real Academia Española señala que el significado de “genocidio” corresponde al “exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”.

“Otros” genocidios tal vez han sido menos polémicos y quizá han pasado casi inadvertidos ante la opinión pública y las relaciones internacionales, como las nefastas consecuencias del extractivismo de recursos minerales, la contaminación ambiental y la extinción de ríos y especies en el bioma panamazónico, lo mismo que en los ecosistemas de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, con la complicidad de los gobiernos, los políticos de turno, los “dueños” del mercado y de los grandes capitales nacionales y extranjeros, entre otros. ¡Cuánta vida “exterminada sistemáticamente”, día tras día, como consecuencia de tantos desastres ambientales irreparables. Lo saben las poblaciones nativas, indígenas, ribereñas, campesinas, afrodescendientes que perecen, “a cuenta gota”, enfermas, envenenadas… y lo sabe también nuestra Madre Tierra, nuestra “casa común”.

“Otros” genocidios devienen de las víctimas de la Trata de personas, de los migrantes más vulnerables, de las violencias alimentadas por el narcotráfico, pero también de la violencia intrafamiliar, por citar solo algunos escenarios que cobran la vida de miles de latinoamericanos y caribeños, hombres y mujeres, de todas las edades, principalmente mujeres, niños y jóvenes… Ellos y ellas claman justicia, paz y dignidad.

La posición de la Iglesia, a favor y en defensa de la vida, al lado de las víctimas, no puede ser, por tanto, “neutral”. Así, la misericordia se tiñe de compromiso, porque somos “discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida”, como se dijo y se reflexionó en Aparecida, durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, en 2007.

En este sentido, esta edición de Noticelam No. 129 presenta el testimonio de san Alberto Hurtado, el compromiso del episcopado colombiano con la paz, el propósito de la CLAR de “salir aprisa al encuentro de la vida”, y el llamado que hace el papa Francisco para “que sean respetados los pueblos indígenas, amenazados en su identidad y hasta en su misma existencia”. En la apertura a otras regiones del mundo que sufren, ponemos la mirada en el crimen silencioso contra sacerdotes, exponiendo tres casos, dos en Africa y uno en filipinas, ofreciendo el óleo de la solidaridad a esas iglesias hermanas. El drama de los migrantes sigue latente y el testimonio de un sacerdote diocesano de Costa Rica evidencia esta ralidad. Así mismo ofrecemos otras informaciones de los departamentos del CELAM y de otras conferencias episcopales del continente.

Aún es necesario seguir sumando fuerzas a favor de la vida, para vencer el mal con la abundancia del bien, para que “todos tengamos vida y vida en abundancia” (cf. Jn 10, 10).




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