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11 de Julio, 2016
Camino hacia el Congreso de la Misericordia

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Testigos de la misericordia: san Alberto Hurtado

Antes de morir, el sacerdote jesuita chileno san Alberto Hurtado manifestó su deseo de que la misericordia con los pobres fuera siempre una prioridad: “Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo”. El padre Alberto Hurtado nació en Viña del Mar, en 1901, y murió en Santiago, en 1952 –a los 51 años– de cáncer de páncreas.

Como defensor de los pobres y de los trabajadores, educador y apóstol de las juventudes –fue asesor de la Acción Católica Juvenil en la arquidiócesis de Santiago– y destacado intelectual católico, su testimonio de misericordia trasciende no solamente a través de sus escritos y de sus obras sociales y educativas, sino en la vida misma del pueblo chileno y, particularmente, en quienes sostienen su legado.

Desde su ingreso al colegio San Ignacio, siendo niño, se distinguió por su espíritu solidario, comunicativo y su piedad. “Con gran generosidad ocupaba su tiempo libre en visitar y ayudar a los más necesitados”. Posteriormente estudió derecho en la Universidad Católica de Chile. En su tesis sobre el trabajo domiciliario dio a conocer las malas condiciones laborales de un grupo de costureras.

Luego, en 1923, respondiendo al llamado de Dios a la vida consagrada, ingresó a la Compañía de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1933, en Bélgica, donde también cursó estudios. En 1935 obtuvo el doctorado en pedagogía.

A su regreso a Chile, concentró su celo apostólico en la educación de las juventudes y en la lucha por la dignidad los más pobres, en quienes reconocía la presencia de Cristo: 

“Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo, acurrucado bajo los puentes en la persona de tantos niños. ¡Cristo no tiene hogar! ¿No queremos dárselo nosotros? ‘Lo que hagan al menor de los pequeños, a mí lo hacen’, ha dicho Jesús” (san Alberto Hurtado).

Su compromiso cristiano lo llevó a contribuir en la fundación de la facultad de teología de la Universidad Católica de Chile, donde trabajó como profesor, y a colaborar en otras obras educativas. También fundó la revista Mensaje, como medio para difundir la Doctrina Social de la Iglesia. De igual forma, como académico y pensador, sus aportes al sindicalismo católico y a la doctrina social de la Iglesia, han sido referentes teóricos que, sin embargo, se comprenden mejor a la luz de su obra social, particularmente el “Hogar de Cristo”, que fundó en 1944, para responder a la situación de los más pobres ofreciendo un hogar a quienes no lo tenían y promoviendo reformas estructurales en la sociedad de su tiempo para combatir la miseria.

“Cristo no tiene hogar”, decía, de ahí que en su labor solidaria el padre Hurtado revelara “el rostro misericordiosos de Dios Padre”. De noche salía en una camioneta a recoger a los pobres y a los niños que se encontraban a la intemperie, para llevarlos al Hogar a tomar leche caliente y a dormir en una “verdadera cama”. ¡En cada necesitado veía a Cristo sufriente!

Más tarde, el sacerdote chileno fundó talleres para darles educación y capacitarlos en un trabajo digno. “Así, si el Hogar de Cristo en un inicio no era más que una residencial para pasar la noche, con el tiempo llegaría a atender a enfermos terminales, ancianos desvalidos, niños con problemas de adicción de drogas, etc.”.

Actualmente, el Hogar de Cristo perpetúa la “cultura solidaria” sembrada por san Alberto Hurtado, atendiendo jardines infantiles y salas cuna, protegiendo los derechos de los niños, de los adolescentes, de las mujeres víctimas de violencia, y promoviendo la inclusión de personas en situación de calle, la reinserción educativa, la acción solidaria de los ciudadanos, la inclusión laboral, y el cuidando de los adultos mayores, sin dejar de lado situaciones de riesgo relacionadas con la discapacidad mental y el consumo problemático de alcohol y de otras drogas.

Beatificado por san Juan Pablo II en 1994 y canonizado por Benedicto XVI en 2005, san Alberto Hurtado es hoy como ayer un testigo de la misericordia.

Así lo manifestó el propio papa Juan Pablo II, en 1987: “¿Podrá también en nuestros días el Espíritu suscitar apóstoles de la estatura del Padre Hurtado, que muestren con su abnegado testimonio de caridad la vitalidad de la Iglesia? Estamos seguros que sí; y se lo pedimos con fe”.

El día de su canonización, el papa emérito Benedicto XVI se refirió a él durante su homilía en los siguientes términos:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón... y a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37. 39). Este sería el programa de vida de san Alberto Hurtado, que quiso identificarse con el Señor y amar con su mismo amor a los pobres. La formación recibida en la Compañía de Jesús, consolidada por la oración y la adoración de la Eucaristía, le llevó a dejarse conquistar por Cristo, siendo un verdadero contemplativo en la acción. En el amor y entrega total a la voluntad de Dios encontraba la fuerza para el apostolado. Fundó El Hogar de Cristo para los más necesitados y los sin techo, ofreciéndoles un ambiente familiar lleno de calor humano. En su ministerio sacerdotal destacaba por su sencillez y disponibilidad hacia los demás, siendo una imagen viva del Maestro, “manso y humilde de corazón”. Al final de sus días, entre los fuertes dolores de la enfermedad, aún tenía fuerzas para repetir: “Contento, Señor, contento”, expresando así la alegría con la que siempre vivió. 

 

Autor: Dpto. de comunicación y prensa CELAM
Fuentes: hogardecristo.cl, vatican.va, corazontes.org, wikipedia
Foto: hogardecristo.cl




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