Video: LATIDOAMÉRICA
Conferencias Episcopales
   
Medios Asociados
   
 
Noticias
02 de Mayo, 2016
Cercanía de la Vida Religiosa con las víctimas del terremoto en Ecuador

Imprimir
Imprimir

Testimonio de las Siervas del Hogar de la Madre

Dos días después del terremoto en Ecuador, la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as (CER), compartió su mensaje de solidaridad y cercanía con las víctimas, entre las que se encuentran una religiosa Mercedaria, la Hna. Blanca Victoria Avellán, una religiosa de las Siervas del Hogar de la Madre, la Hna. Claire Crockett, y cinco postulantes de esta misma comunidad (Tania Valeria Intriago Sánchez, María Augusta Muñoz Rodríguez, Jazmina Jessenia Castro Delgado, Mayra Alejandra Alcívar Vega, y Catalina Navarrete Falcones), quienes hacen parte de los casi 700 fallecidos reportados hasta el momento.

“No existe dolor más grande que el ver sufrir a la persona que uno ama. Y en esa experiencia lo que más duele es querer ayudarla y ser frenado/a por la propia fragilidad e impotencia. Eso forma parte –lo sabemos muy bien– de la esencia de nuestra Vida Consagrada: cuántas veces en nuestra misión nos encontramos sorprendidos por la hondura de la cruz que azota la espalda de aquellos seres queridos a los que servimos, y al mismo tiempo sentimos que no podemos hacer nada sino estar cerca, escuchar sin prejuicios, orar sinceramente y sobre todo consolar, consolar y consolar con la humildad de Jesucristo Buen Pastor. Esto es lo que nos está sucediendo frente al terrible terremoto que la tarde del 16 abril, golpeó a nuestro pueblo ecuatoriano”, expresaron en su comunicado el presidente y la secretaria ejecutiva de la CER, el padre Rafael González Ponce, mccj, y la Hna. Nardi Torres Marín, hdlc.

A pesar de la impotencia y como respuesta en esta hora de dolor, muerte y destrucción, la Vida Consagrada ha propuesto asumir el desafío de “organizar con valentía y consolar a nuestra gente y abrirles a la esperanza”, con la seguridad de que “Dios está sufriendo con los que lloran a sus muertos y está luchando con los que intentan levantar los escombros en busca de algún sobreviviente. El proyecto de amor de Dios es más fuerte y eso nos devuelve la confianza. Entonces que nuestra angustia se transforme en compromiso solidario”.

La CER ha recibido mensajes solidarios provenientes de todo el país y del continente latinoamericano, así como de algunos países de África y de Europa, principalmente, mientras que la vida religiosa ecuatoriana se une en una sola plegaria de oración y de acciones para asistir a las víctimas y “levantarse” de los escombros del terremoto.

Por su parte, las Siervas del Hogar de la Madre, también han compartido su testimonio de fe y de entrega total en este tiempo de Pascua, ante la muerte de sus hermanas, quienes entregaron su vida cuando colapsaron las estructuras del colegio Sagrada Familia en Playa Prieta (Manabí), donde realizaban su misión evangelizadora. A continuación, se reproduce su relato:

Las Siervas del Hogar de la Madre, afectadas por el devastador terremoto en Ecuador del 16 de abril de 2016

 

Ante la confusión de noticias que están apareciendo en los medios de comunicación, queremos informarles del estado de nuestras comunidades de Siervas del Hogar de la Madre en Ecuador y de cómo estas han sido afectadas por el terrible seísmo que el pasado sábado 16 de abril azotó la costa ecuatoriana.

Las Siervas del Hogar de la Madre tenemos tres comunidades en Ecuador: una en Guayaquil y dos en la provincia de Manabí, concretamente en las localidades de Chone y Playa Prieta. Ha sido precisamente esta última la más afectada por el terremoto. Allí nuestras hermanas dirigen el Colegio "Sagrada Familia", que da formación humana y religiosa a más de cuatrocientos niños del lugar. La vivienda de las hermanas se encontraba en el segundo piso de uno de los edificios que componen las instalaciones del colegio. En el momento del terremoto, a las 18:58 horas (hora de Ecuador), se encontraban en el interior del edificio cuatro hermanas profesas de la comunidad: hna. Estela Morales (40 años, España), hna. Therésè Ryan (36 años, Irlanda), hna. Merly Alcybar (34 años, Ecuador) y hna. Clare Crockett (33 años, Irlanda del Norte); y siete jóvenes postulantes de origen ecuatoriano: Jazmina, Mayra, Mª Augusta, Valeria, Catalina, Guadalupe y Mercedes. Todas ellas, además del trabajo en el Colegio, realizaban a diario una importante labor humanitaria y de evangelización, que se había multiplicado en los días precedentes al seísmo a causa de las fuertes inundaciones que habían ya devastado la zona, dejando a numerosas familias en una situación de total desprotección. Un amigo de la comunidad nos había escrito días antes en tono de admiración: “He visto a las hermanas con sus sonrisas de siempre, pero se nota que están agotadas de tanto trabajar”. Al ser periodo estivo en Ecuador no había alumnos en el recinto.

Las primeras noticias que nos llegaron a España –a las 3:10 a.m. (hora española) del domingo 17 de abril de 2016, apenas una hora después de suceder el terremoto– fueron que todas las hermanas y postulantes de Playa Prieta estaban bajo los escombros. Todas nuestras comunidades –en España, Italia y EEUU– fueron inmediatamente avisadas. Todas las hermanas nos pusimos en oración, rezando ante el Santísimo ininterrumpidamente el rosario, una hora tras otra.

Poco después, llegó la noticia de que la hna. Therésè había sido rescatada con un tobillo fracturado y diversas contusiones. Se escuchaba la voz de la hna. Estela, superiora de la comunidad y, el improvisado equipo de rescate, formado por algunos vecinos, avanzó entre las ruinas del edificio hasta dar con ella. La descubrieron también con un pie roto, la cara amoratada y llena de magulladuras. Al sentir el impacto del temblor, la hna. Estela salió corriendo hacia la capilla para rescatar al Santísimo Sacramento. Ella había pensado en rescatar al Señor antes que su propia vida, y el Señor la rescató a ella, de esto estamos seguras. Ambas hermanas fueron inmovilizadas en una casa cercana en espera de poder ser atendidas por un médico.

Los voluntarios escuchaban también a la hna. Merly, a Guadalupe y a Mercedes. Costó mucho más trabajo llegar hasta donde estaban ellas. Ellas se animaban entre sí rezando y cantando al Señor, sobre todo cuando se sentían sofocar por la falta de oxígeno. A la hna. Merly se le derrumbó un muro encima de la cabeza, que le produjo una fuerte contusión. Guadalupe y Mercedes sufrieron diversas magulladuras de menor importancia.

Los trabajos avanzaban a duras penas en medio de la oscuridad de la noche, pero eran pocos hombres trabajando con herramientas insuficientes. Las hermanas de la comunidad de Guayaquil, que habían sido afectadas mucho más levemente (apenas un muro agrietado en la residencia de universitarias), se organizaron con un equipo de hombres, miembros de nuestro movimiento de “Laicos del Hogar de la Madre”, que con gran generosidad y con peligro de sus vidas (son incalculables las réplicas que se han sentido en la zona, algunas de bastante intensidad), recorrieron en coche, en medio de la noche, las tres horas de camino que les separaban de Playa Prieta. A su alrededor, el espectáculo era desolador. De Guayaquil y, más tarde –cuando se pudo acceder-, desde Chone, otros grupos de Laicos y amigos del Hogar de la Madre acudieron en auxilio de las hermanas, uniéndose a los voluntarios del lugar.

Las hermanas llegadas de Guayaquil atendieron en primer lugar a las hermanas y postulantes heridas. El hospital más cercano, el de Portoviejo –capital de la provincia- se había desplomado. El arzobispo, don Lorenzo Voltolini, las acogió en el Obispado, junto con otros sacerdotes y familias que habían quedado sin hogar. Ante la situación en que se encontraba todo Manabí, decidieron trasladar a las hermanas heridas a Guayaquil, para que pudieran recibir una atención médica adecuada. Con la ayuda del grupo de laicos, improvisaron una ambulancia, acoplando unos colchones en la parte trasera de una furgoneta, donde acomodaron a las hermanas Estela, Therésè y Merly, junto con Mercedes y Guadalupe. Alrededor de las dos de la tarde (hora ecuatoriana) del domingo 17 de abril, acompañadas por dos hermanas de la comunidad de Guayaquil, ingresaban en el hospital. Horas más tarde todas recibieron el alta y se van recuperando poco a poco.

Mientras tanto, se consiguió mejor maquinaria para retirar los escombros. También el ejército ecuatoriano pudo llegar a Playa Prieta para colaborar en las labores de rescate. Pasaban las horas, y cada vez era más preocupante no sentir a las hermanas que continuaban bajo los escombros. La preocupación aumentó cuando una réplica de bastante intensidad consiguió desplomar lo que quedaba en pie del edificio.

Quedaban bajo los escombros todavía la hna. Clare y cinco postulantes. Las familias de las jóvenes consiguieron llegar al lugar del siniestro. A las ocho menos diez de la tarde (hora española), llegó la primera temida noticia. Habían localizado el cuerpo sin vida de Jazmina. Nosotras, en España, estábamos rezando las vísperas. Al recibir la noticia, muchas hermanas no pudieron ocultar su emoción. Cuando, finalmente, una voz consiguió reanudar el rezo, la palabra de Dios brilló iluminando el doloroso momento. No había sido preparado por nosotras, pero sí por la providencia llena de ternura del Señor. Era el Salmo 111, de las segundas vísperas del domingo del Buen Pastor: “No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro, sin temor”. Horas después, alrededor de la una de la madrugada (hora española) del lunes 18 de abril, nos llegó la confirmación de que el equipo de rescate había conseguido localizar los cuerpos sin vida de la hna. Clare, Mayra, Mª Augusta, Valeria y Catalina.

Como hermanas que se quieren de verdad en el Señor, lloramos la pérdida de nuestras hermanas, pero la fe nos asegura que la “muerte no es el final del camino”. La hna. Clare llevaba casi quince años entregada a Dios. Era una hermana generosísima, con un don de simpatía muy especial y con un carisma único para tratar con niños y jóvenes. Las postulantes hacía apenas un año que habían entrado y se preparaban con generosidad para llegar a ser Siervas. Pero a todas encontró el Señor preparadas. Desde que el teléfono sonó por primera vez, pedimos a nuestra Madre del Cielo que las protegiera a todas bajo su manto. No dudamos de que lo ha hecho. Y ahora, nuestra mirada se dirige hacia el Cielo, donde esperamos –por la misericordia del Señor– que el Señor las haya recibido.

Aprovechamos la oportunidad que nos brindan estas líneas para agradecer tantas muestras de cariño que estamos recibiendo. En primer lugar en el mismo Ecuador y desde todas partes del mundo, nos llegan continuamente muestras de este afecto. Gracias a todos. Os pedimos oraciones por nuestras hermanas, si aún las necesitan, y por sus familias. Nuestro corazón no se cierra en nuestro propio sufrimiento sino que quiere abrazar el sufrimiento de todo el pueblo ecuatoriano. Pedimos al Señor que el dolor no les escandalice ni les aparte de Él, sino que sean momentos de abandonarse confiadamente, más que nunca, en su amor.

Recen por nosotras, para que seamos verdaderamente lo que tenemos que ser, y vivamos plenamente nuestra vocación de “Esposas del Crucificado”.

Junto a la Cruz, en esta Pascua de la Resurrección del Señor. Que el Señor y nuestra Madre del Cielo les bendiga a todos.

(Tomado de: http://www.hogardelamadre.org/es/noticias/2016/1249-abril/7470-terremoto-en-ecuador)

 

Autor: Departamento de comunicación y prensa CELAM
Fuentes: CER y Siervas del Hogar de la Madre
Foto: Siervas del Hogar de la Madre




Documento sin título