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02 de Mayo, 2016
“El obispo es, pues, ante todo, maestro de la fe y mensajero del Evangelio”

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Homilía de monseñor Julio Cabrera Ovalle, obispo de Jalapa, Guatemala

Julio Cabrera Ovalle es un obispo guatemalteco. Nacido en Comalapa, Guatemala, fue rector del Seminario Mayor Nacional, para posteriormente ser nombrado y ordenado obispo por San Juan Pablo II. Era tiempo de las décadas de los tiempos más difíciles en la historia de América latina;  y Guatemala no era la excepción. Cabrera fue nombrado obispo para la diócesis de Quiché de quien el Obispo Brasileño Pedro Casaldáliga diría: “la más mártir de todas”.

Julio Cabrera como obispo entró al Quiche, Guatemala, para retejer la vida, estableciendo acciones pastorales adecuadas a la situación delicada que se vivía en la región. Para ello contactó colaboradores especiales, que por providencia de Dios y de su Santo Espíritu, vinieron de distintos países y lugares de la tierra.

15 años después, una Iglesia particular azotada y crucificada como Jesús experimentó mediante la gracia y auxilio de Dios y la generosidad y entrega tesonera de los agentes de pastoral de ese entonces y del obispo paciencioso y tierno con el pueblo, un tiempo de resurrección.

Las comunidades cristianas iban floreciendo paulatinamente y se respiraba un tiempo nuevo de esperanza. Para adentrarse en esa experiencia eclesial se puede darle una mirada a colección de homilías del obispo Julio, recopiladas en el libro de varios tomos “CONSUELA, CONSUELA A MI PUEBLO”.

Allá por el año 2002 después de haber ejercido la sucesión del obispo mártir Juan Gerardi, quien le antecedió, monseñor Julio fue nombrado obispo de Jalapa a donde llegó con el lema de Pablo, el Apóstol de las gentes: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio”. Con esa línea desató una pastoral que partía de diversos análisis de la realidad que eran la base sobre la cual en sucesión de los antiguos evangelizadores, continuaría la siembra del Evangelio y el cultivo y cosecha de los frutos de lo sembrado con anterioridad.

Consideró necesario, en la región, después de haber impulsado las Santas Misiones Populares, unido estrechamente al espíritu de América Latina y Aparecida, dar camino a la creación de una nueva diócesis en el departamento de Jutiapa, uno de los departamentos que conformó la antigua diócesis de Jalapa. Justamente fue el 25 de Enero, fiesta de San Pablo Apóstol , la fecha en la que el Papa Francisco decretó el nacimiento de la nueva diócesis, nombrando su primer obispo.

El 23 de Abril de 2016, la iglesia guatemalteca, y en particular Jutiapa, unido a Jalapa, y a todo el país, vivió la alegría de la ordenación episcopal del primer obispo de la nueva diócesis, marcada por el espíritu de las misiones franciscanas, y puesta bajo el patrocinio de San Francisco de Asis, el Santo pobre entre los  pobres, especial admirador y protector de la casa común.

Fue una fiesta llena de algarabía y serena felicidad. Estuvo presente toda la conferencia del episcopado Guatemalteco. El nuncio apostólico dio lectura al decreto papal y la sencillez de una iglesia testiga hacia respirar el olor al Evangelio.

Un día después de la fiesta, Guatemala recordaría el día en que su  Iglesia con espíritu de profeta y la valentía dada por el Espíritu, presentaría los libros GUATEMALA NUNCA MÁS, una muestra del dolor guatemalteco. Libros que fueron fruto  del impulso  de un proceso de esclarecimiento histórico que diera paso a la paz verdadera y la reconciliación nacional. Un camino encabezado por el obispo Juan Gerardi, que como auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala, junto a su amigo, el arzobispo Próspero Penados del Barrio, y los obispos Alvaro Ramazzini y Julio Cabrera, dirigieran en espíritu fraterno y junto al colegiado episcopal, tal emprendimiento en favor de la nación.

Juan Gerardi ya con 75 años, obispo anciano, a quien se le puede ver como bajo la sombra el apóstol y evangelista Juan, el que también escribió el apocalipsis de la esperanza, dio la vida convirtiéndose en el mártir de la paz y la reconciliación de Guatemala.

Dios es fiel en su amor y asiste firmemente con su Espíritu, dando muestra de ese mismo amor. Por ello el olor a Evangelio afloraba en esa fiesta de ordenación del Nuevo obispo Felix Antonio Calderón Cruz, por imposición de manos de todos los obispos, en particular por las manos de los ordenantes: Monseñor Julio Cabrera Ovalle, Rodolfo Valenzuela, presidente de ese episcopado y Alvaro Ramazzini, obispo de Huehuetenángo.

Con la alegría evangélica de las bienaventuranzas les ofrecemos la Homilía de ordenación y el comunicado que recuerda el legado de Gerardi.

 

Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, El Progreso
23 abril de 2016.

Les daré pastores según mi corazón (Jer 3, 15)

Señor Nuncio Apostólico de su Santidad el Papa Francisco, Mons. Nicolás Thevenin, Mons. Oscar Julio Vian Morales, Arzobispo de Guatemala, metropolitano de nuestra Provincia Eclesiástica, Mons. Rodolfo Valenzuela Núñez, Presidente de la CEG,  Mons. Mario Molina Palma, Arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango-Totonicapán, hermanos  obispos de Guatemala, Honduras y El Salvador, presbíteros, consagrados y consagradas, seminaristas, fieles laicos, hermanos y hermanas que han llegado de la diócesis de San Marcos y de otras diócesis, muy apreciada delegación de la diócesis hermana de Belleville, Illinois, Estados Unidos. Muy querido Pbro. Antonio Calderón Cruz, que serás ordenado hoy Obispo de la Iglesia católica.  

En la ordenación episcopal  hay un signo fundamental, que es la imposición de manos sobre la cabeza del ordenando. Por ella y por las palabras de la consagración se confiere la gracia del Espíritu Santo a quien va a ser ordenado obispo, quien queda así marcado con el carácter sagrado. En consecuencia, como obispo hace las veces de Cristo Maestro, Pastor y Sacerdote y actúa en su nombre (cf. LG 21).  De esta manera el nuevo obispo entra a formar parte del Colegio de los obispos que son verdaderos sucesores de los Apóstoles. Los obispos presentes en esta ordenación recibimos al nuevo obispo en el colegio episcopal (cf. Ibid).  Es en comunión jerárquica con la Cabeza, el Papa, y con los demás obispos que el obispo ejerce las funciones de enseñar, santificar y gobernar. 

Por ello, a partir de su ordenación, el nuevo obispo es ya parte del Colegio episcopal y por mandato del Santo Padre - que se da a conocer  con la lectura de la Bula de nombramiento que el Nuncio Apostólico mostrará a los sacerdotes y al pueblo y luego de hacerlo tomar asiento de su cátedra, en la catedral-  el Pbro. Antonio Calderón Cruz será el obispo de la diócesis de Jutiapa.  ¡Su primer obispo!

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido (Is 61, 1). El Espíritu Santo, don de Cristo, es quien capacita al nuevo obispo para que pueda cumplir su misión de anunciar la Palabra de Dios, santificar a los creyentes con los sacramentos de la fe y pastorear al Pueblo de Dios  en su caminar hacia la vida eterna (cf. LG 21).

1. El obispo es, pues, ante todo, maestro de la fe y mensajero del Evangelio.  La Exhortación Apostólica Pastores Gregis, explica: “Jesús resucitado confió a sus apóstoles la misión de <> a todas las gentes, enseñándoles a guardar todo lo que Él mismo había mandado. Así, se ha encomendado solemnemente a la Iglesia, comunidad de los discípulos del Señor crucificado y resucitado, la tarea de predicar el evangelio a todas las criaturas.  Es un cometido que dura hasta el fin de los siglos. Desde aquel momento ya no es posible pensar en la Iglesia sin esta misión evangelizadora” (PG,26). 

Aunque este deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de los cristianos, lo es por título especial de los obispos, que el día de su ordenación, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a todos los hombres.

La actividad evangelizadora del obispo orientada a conducir a los hombres a la fe o robustecerlos en ella, es una manifestación preeminente de su paternidad. “El anuncio de Cristo – según el documento citado-  ocupa siempre el  primer lugar y el obispo es el primer predicador del Evangelio con la palabra y con el testimonio de vida” (Ibid.). 

“Centro vivo para el anuncio del anuncio del Evangelio es Cristo crucificado y resucitado, para la salvación del mundo”. “Y no puede por menos de incluir el anuncio profético de un más allá, vocación profunda y definitiva del hombre” (Ibid, 27).

Para cumplir esta misión, el obispo debe ser consciente de los desafíos que el momento actual lleva consigo y tener la valentía profética de afrontarlos. Todo obispo, como ministro de la verdad, ha de cumplir este cometido con vigor y confianza.

Por eso, en esta Ordenación veremos otro  signo sencillo y a la vez elocuente al colocar el Evangeliario abierto sobre la cabeza de quien es ordenado.  Con ello se expresa no sólo que la Palabra protege el ministerio del Obispo sino también que él mismo ha de vivir obediente a la Palabra de Dios mediante la dedicación cotidiana a la predicación del Evangelio (cf. 2 Tim 4, 2).

Y dado que eres el primer obispo de la diócesis de Jutiapa, Padre Antonio, ten encuentros directos y contacto personal con los fieles de las comunidades confiadas por el Señor a tu cuidado, siguiendo el modelo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas y las llama a cada una por su nombre. Que estos encuentros sean también frecuentes con los presbíteros que Dios te confía, con los consagrados y las comunidades (cf. PG. 28). El cardenal Kasper, con razón, ha escrito que “El encuentro personal es el alfa  y la omega de la pastoral y  no se puede sustituir con nada, ni siquiera con cartas dirigidas a la comunidad, por muy cordialmente que estén redactadas” (El sacerdote, servidor de la alegría, p. 83s).

2. El obispo es también santificador. La santificación  del cristiano se realiza mediante el Bautismo, toma más fuerza gracias al sacramento de la Confirmación y de la Reconciliación y se alimenta con la Eucaristía, bien precioso de la Iglesia y sacramento que la edifica constantemente como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo.

¡Dichoso el pueblo de Jutiapa que tendrá a su joven obispo Antonio santificándolo, es decir,  proclamando la Palabra de Dios,  dirigiendo la oración por su pueblo y con su pueblo y presidiendo la celebración de los sacramentos!

Tu catedral, en donde celebrarás con frecuencia la Eucaristía, es ciertamente pequeña, pero nada impide que usando la radio, la TV y otros medios modernos, la Palabra de Dios, comentada por ti, llegue hasta los últimos rincones de tu  Diócesis. Ello será tanto más efectivo si además celebras la Eucaristía en las parroquias, llegando incluso a aquellos lugares más apartados que están esperando ansiosamente poder llegar a ser parroquia algún día.  Te darás cuenta  de ello cuando vayas conociendo el territorio de las parroquias de San Cristóbal, de la Santa Cruz, de Asunción Mita o Moyuta, y tú mismo serás testigo del clamor de los feligreses por nuevas parroquias  o por ser atendidos por un equipo de sacerdotes. La mejor atención pastoral de Jutiapa fue la razón fundamental de pedir al Santo Padre la creación de la diócesis.

Querido primer obispo de Jutiapa, Antonio:  el Papa Juan Pablo II invitó a los obispos a promover la santidad del pueblo de Dios y éste es el objetivo principal de nuestro ministerio de santificación y propuso la santidad tanto de los ministros como del pueblo de Dios como signo de los tiempos. El departamento de Jutiapa es conocido por los graves problemas que lo aquejan:  extrema pobreza, migración a la ciudad capital y a los Estados Unidos, violencia intrafamiliar, machismo, contrabando, narcotráfico, crimen organizado, trata de personas y tantos otros problemas o males que podría señalar, y que constituyen retos para la evangelización…  pero también debo decir que en este Departamento, en sus distintos pueblos, aldeas y caseríos, hay testimonios de santidad, de coherencia entre fe y vida, que son un precioso signo de esperanza y fruto de la evangelización que realizaron abnegados y ejemplares sacerdotes franciscanos.  Con razón,  al hablar de la inculturación del Evangelio, el Papa Juan Pablo II indica que “el obispo ha de esforzarse para que se anuncie el evangelio en su integridad, de modo que llegue a modelar el corazón de los hombres y las costumbres de los pueblos” (PG 30).

El Papa Francisco se ha fijado en ti, Padre Antonio, y coloca sobre tus espaldas el gran proyecto que ha emprendido de reforma eclesial. Este es un gran reto para la Iglesia universal, para el ecumenismo y el diálogo interreligioso. La Exhortación Evangelii gaudium, nos urge a construir una Iglesia que refleje la fuerza y vitalidad del Espíritu que la animó en los primeros tiempos, una Iglesia en salida, atenta a la vida de los descartados y marginados.  Este nuevo proyecto de Iglesia que quiere el Papa Francisco debe ser tu prioridad, para que como primer obispo de esta Iglesia diocesana que se te confía desde su creación, sea realmente nueva, apegada con fidelidad a la exigente propuesta que nos demanda la palabra y las actitudes del Papa Francisco.

3. El obispo pastor de su pueblo.  Dios prometió dar a su pueblo pastores según su corazón (Jer 3, 16). En el evangelio de san Juan aparece Jesús como el buen pastor. “No se trata tanto del rey, señor del rebaño, cuanto del hijo de Dios que revela a los suyos el amor del Padre” (X.L. Dufour, VTB, p.653, col 2).  El “único pastor” anunciado (Ez 34, 22, Jn 10,9s) “soy yo”, dice Jesús (Jn 10,11). Pero él mismo ha elegido a hombres concretos que puedan ser también pastores en su nombre y con su potestad.  “El obispo es enviado como pastor, en nombre de Cristo, para cuidar de una porción del Pueblo de Dios.  Por medio del Evangelio y de la Eucaristía debes hacerlo crecer como una realidad de comunión en el Espíritu Santo.  De esto se deriva que el Obispo representa y gobierna la Iglesia confiada a él, con la potestad necesaria para ejercer el ministerio pastoral sacramentalmente recibido (“munus pastorale”), que es participación de la misma consagración y misión de Cristo.  Por eso, los obispos, “como vicarios y legados de Cristo gobiernan las Iglesias particulares que se les han confiado, no solo con sus proyectos, con sus consejos y con sus ejemplos, sino también con su autoridad y potestad sagrada”(PG,43).  La autoridad en la Iglesia, tiene como objeto la edificación del Pueblo de Dios.

Esto pide del obispo ciertas cualidades, muy apreciadas por el pueblo de Dios:  vida ejemplar, capacidad de relaciones auténticas y constructivas con las personas, aptitud para impulsar y desarrollar la colaboración, bondad de ánimo, paciencia, comprensión y compasión ante las miserias del alma y del cuerpo, capacidad de perdón, es decir, un corazón misericordioso…(cfr. Ibib,).

Además, el nuevo obispo podrá ejercer muy bien su autoridad porque tendrá un estilo pastoral de gobierno abierto a la colaboración de todos (cf. PG 44).   Recuerda, Padre Antonio,  que hay una interrelación entre lo que el Obispo debe decidir bajo su responsabilidad personal para el bien de la Iglesia confiada a sus cuidados y la aportación que los presbíteros y fieles pueden ofrecerle a través de los órganos consultivos, sin que ello reduzca el papel del Obispo a ser un simple moderador, ya que el cargo episcopal implica “un claro e inequívoco derecho y deber de gobierno” (PG 44),  al estilo de Jesús.

Dado que la comunión expresa la esencia de la Iglesia, la espiritualidad de comunión tiende a manifestarse tanto en el ámbito personal como en el comunitario, suscitando siempre nuevas formas de participación y corresponsabilidad en las diversas categorías de fieles. Por tanto, como obispo debes esforzarte en suscitar en tu Iglesia particular estructuras de comunión y participación que permitan escuchar al Espíritu que habla y vive en los fieles, para impulsarlos a poner en practica lo que el mismo Espíritu sugiere para el auténtico bien de la Iglesia (cf. Ibid.).

Es preciso destacar que como presbítero has trabajado en una diócesis de frontera como es San Marcos, y el Papa Francisco te envía a otra Diócesis de frontera con las ventajas y problemas que esta realidad conlleva.  De alguna manera el Señor te pide volver tu mirada sobre la realidad de los emigrantes; tu diócesis hace frontera con la República de El Salvador, tan colmada de iglesias vivas y del ejemplo de santidad de Mons. Oscar Arnulfo Romero, ahora beato, cuyo ejemplo de amor y su misión de obispo y pastor lo llevó hasta dar la vida por su pueblo. Junto a él recordamos a Mons. Juan Gerardi, fiel a la Iglesia y a la memoria de las víctimas, que tanto nos recuerdan en nuestra tierra la pasión de Cristo, y la tragedia de un pueblo que lucha por sus derechos.  El beato Mons. Romero fue profeta y mártir y Mons. Gerardi, testigo de la paz y la reconciliación, ambos lucharon por los derechos humanos, la dignidad de los oprimidos, la justicia y la paz y puedes considerarlos, sin temor alguno a equivocarte, como ejemplo y camino para ti.  Son dos obispos mártires, en iglesias mártires, realidad que nos recuerda hoy la tragedia de nuestros hermanos cristianos en los países de Oriente Medio.

Querido Padre Antonio: valió la pena esperar tantos años la creación de esta diócesis, providencialmente erigida por el Papa Francisco, justo al comienzo del año de la Misericordia, el día de la conversión de San Pablo, y le ha dado a San Francisco de Asís como patrono y  a ti como su primer obispo.  Hoy con grandísimo gozo te ordeno obispo transmitiéndote el don que nos vincula con los Apóstoles y que yo mismo recibí de manos del Papa San Juan Pablo II.

Que el Espíritu Santo, María, Madre del Señor y Madre nuestra y San Francisco de Asís te animen y protejan.  Cuenta con el cariño de este pueblo de Jutiapa, desde hoy tu querida diócesis, con el decidido afecto y colaboración de sus fieles, entre ellos de numerosos jóvenes, y el de tus muy queridos presbíteros, así como con el afecto de tus hermanos Obispos.

Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, 23 de abril de 2016.

Autor: Noticelam
Fuentes: Diócesis de Jalapa, Guatemala. - ODHAG.

   


Descargue a continuación:

· Mensaje 18º aniversario de martirio de Monseñor Juan Gerardi.




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