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14 de Noviembre, 2016
La vida religiosa colombiana se moviliza por la paz

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Vigilia Nacional por la Paz convocó a religiosos y religiosas bajo una misma consigna: “La paz es el camino”

Como un signo de fe, de esperanza y de compromiso decidido con la paz, la Vigilia Nacional por la Paz, convocada y realizada por la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC) el pasado 9 de noviembre, reunió a hombres y mujeres de varias congregaciones religiosas y organizaciones que a lo largo y ancho del país claman por la finalización del conflicto y por la firma de un acuerdo en el menor tiempo posible, convencidos de que “La paz es el camino”.

La inicia tuvo lugar al interior de la Junta Directiva de la CRC, con el propósito de “tener un gesto explícito, plural, inclusivo, evangélico, que diera cuenta de que la Vida Consagrada colombiana cree en la paz y se empeña en ella”, como explicó la presidenta de la CRC, la Hna. Gloria Liliana Franco Echeverri, ODN, provincial de la Compañía de María.

A través de un comunicado a las comisiones y a las seccionales de la CRC en todo el país, y con la participación activa de no pocos religiosos y religiosas, la propuesta fue tomando fuerza, como refirió la secretaria general, la Hna. Marta Escobar Mejía, CM: “La comisión de Justicia Paz e Integridad de la Creación (JPIC), por ejemplo, extendió la invitación a través de sus redes. De igual forma, los jóvenes del Centro de Estudios Religiosos se vincularon por medio de cantos y pancartas”.

En la sede de la CRC en Bogotá, la Vigilia inició a las 5 p.m. con una peregrinación hacia la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, animada por los redentoristas. Simultáneamente, en otras ciudades de Colombia, también se desarrollaron acciones similares.

Al introducir la jornada orante, los religiosos y las religiosas anunciaron que “como seguidores de Jesús, queremos ser ‘instrumentos de paz y reconciliación’, ayudar a construir un país en el que quepamos todos, con nuestras diversas formas de pensar, con nuestras diversidades étnicas sin ningún tipo de discriminación, con igualdad de oportunidades y desterrando los sentimientos de odio y de polarizaciones políticas”.

Durante la vigilia también se evocó la memoria de las víctimas cristianas del conflicto, para afirmar que “ellas tienen rostros, historias, nombres, familias que podemos encontrar, ver y tocar para que nunca olvidemos la sangre derramada”. Concretamente, la oración fue precedida por el recuerdo vivo de Hildegard Maria Feldmann, misionera de Belén; la Hna. Yolanda Cerón Delgado, de la Compañía de María; Alirio Buitrago, Carlos Buitrago, Fabian Buitrago, Gildardo Ramírez y Marcos Marín, catequistas mártires de Cocorná-Antioquia; el padre Daniel Hubert Gillard, agustino de la Asunción; el padre Tiberio Fernández Mafla; Antonio Hernández Niño, laico; Teresita Ramírez, de la Compañía de María; Aldemar Rodríguez Carvajal; y Miguel Angel Quiroga G., marianista, entre otros testigos que dieron su vida por la justicia y la paz.

Así, en una misma plegaria los participantes se unieron a las víctimas del conflicto, a los campesinos, a los desplazados… clamando “para que no haya más sangre derramada, falsos positivos, reclutamientos forzosos, desplazados, viudas y huérfanos y con ellos imploramos un pronto acuerdo con las FARC EP, el ELN y el don de la paz para nuestra patria”.

El padre Orlando Escobar, CM, provincial de la Congregación de la Misión y primer vicepresidente de la CRC, en la homilía manifestó que “si pudiéramos resumir en tres palabras lo que estamos haciendo esta noche, podrían ser: orar, construir y recordar (…). Orar pertenece a la esencia de nuestra vocación, es parte de nuestra identidad. El mundo y este país que ha sufrido por tantos años la violencia y la guerra necesita de hombres y mujeres que oren”.

Así también, continuó el religioso vicentino, la paz “hay que construirla, trabajarla, elaborarla. Poner de acuerdo tantos puntos de vista no es sencillo, requiere ‘pasión, paciencia, experiencia y tesón’, como hemos rezado en la oración compuesta por los Obispos de Colombia. Trabajar por la paz nos hace en verdad dichosos, pero para llegar a esa dicha se requieren muchas horas de diálogo y muchos minutos de pausa”.

Por último, recordar las víctimas del conflicto colombiano, incluyendo a monseñor Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali, y a monseñor Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca, permite afirmar que “la Iglesia católica colombiana, y en ella la Vida Consagrada ha aportado su significativo granito de arena en todo este horror que no debe repetirse, pero creemos que tampoco podía estar exenta de dar su parte, como tampoco a Jesús se le exoneró de dar su propia vida (…). Damos gracias a Dios por el milagro que ya ha hecho en tantas víctimas que han perdonado de corazón a sus victimarios, haciendo surgir un nuevo corazón capaz de reconciliarse, de rehacerse y de dar al mundo este testimonio que es signo del más profundo espíritu evangélico. Las víctimas de hoy nos están diciendo que la paz es posible: ofrece el perdón, recibe la paz”.

La Vigilia concluyó a las 8 p.m. con un positivo balance, como expresó la presidenta de la CRC: “Fue significativo y un motivo de esperanza poder caminar con otros. Me alegró ver representación de distintas congregaciones, religiosos de diversas edades. La memoria que hicimos de nuestros mártires nos recordó que esta tierra se ha hecho fecunda con el sudor y la sangre de tantas personas y que por ellos y por sus causas, hoy nos corresponde desvivirnos por la paz”.

A continuación, se reproduce la Homilía del P. Orlando Escobar, CM, durante la Vigilia Nacional por la Paz de la CRC

 

VIGILIA NACIONAL POR LA PAZ

HOMILÍA

Si pudiéramos resumir en tres palabras lo que estamos haciendo esta noche, podrían ser éstas: orar, construir y recordar. Queremos como fieles laicos, como consagrados y consagradas y como sacerdotes, orar por la paz de Colombia. Orar pertenece a la esencia de nuestra vocación, es parte de nuestra identidad. El mundo y este País que ha sufrido por tantos años la violencia y la guerra necesita de hombres y mujeres que oren, que le entreguen lo mejor de sí mismos, que le entreguen a Dios. Y si los consagrados y consagradas no oramos, ¿qué vamos a entregarle a esta Colombia?

Por eso nuestro primer deber es orar, y esta noche tenemos mucho por quién orar. Vamos a rezar por aquellos que en este momento están sentados en La Habana tratando de dialogar las nuevas propuestas que han aparecido desde el triunfo del “no” hace más de un mes. A veces en nuestros capítulos provinciales y generales sí que es difícil poner de acuerdo 20, 50 o 100 personas para elaborar un documento final. Imaginemos ahora lo que significa poner de acuerdo todo un país, partidos y posiciones tan opuestas y contrarias. Pues tenemos que orar para que ese “cónclave”, como lo han llamado, termine en verdad con humo blanco. Las palabras de Iván Márquez al cierre de los diálogos el pasado agosto son las primeras de esta nueva fase, pues él comparó todo el trabajo realizado con un conclave, pero no se imaginaba que dicho cónclave apenas comenzaba…

Vamos también a rezar para que los diálogos con el ELN por favor inicien. Si era cojo un acuerdo sin las propuestas de los partidarios del “no”, lo es también una paz sin este importante grupo, donde han militado sacerdotes que vieron en la lucha armada un camino hacia la justicia. El P. De Roux, que ha estado tantas veces en La Habana con las víctimas y que ha compartido con nosotros los consagrados y consagradas sus profundos y evangélicos análisis sobre la situación del País, hasta recientemente se ofreció el mismo en intercambio por uno de los secuestrados por esa Guerrilla, en signo de su compromiso personal y real por la paz de Colombia. Me pregunto cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a ofrecer nuestra libertad a cambio de la liberación de otro, a ejemplo del mártir, el P. Maximiliano Kolbe, quien en los campos de concentración nazi se ofreció también en intercambio por uno de sus compañeros a quien sus hijos necesitarían para sobrevivir.

Lo primero que hacemos pues los consagrados y consagradas de Colombia es orar porque eso hace parte de nuestra identidad, de nuestra vocación, de nuestros deberes. Y esperamos que esta noche nuestra ferviente oración llegue hasta el cielo.

La segunda palabra es construir. Jesús nos dice en una de sus bienaventuranzas que son felices los que buscan por la paz. Pero antes nos está diciendo que hay que construirla, trabajarla, elaborarla. El Maestro mismo da a entender en sus palabras que la paz no es una tarea nada simple. Poner de acuerdo tantos puntos de vista no es sencillo, requiere “pasión, paciencia, experiencia y tesón”, como hemos rezado en la oración compuesta por los Obispos de Colombia. Trabajar por la paz nos hace en verdad dichosos, pero para llegar a esa dicha se requieren muchas horas de diálogo y muchos minutos de pausa. A la paz en Centroamérica, en Sudáfrica y en Mozambique se llegó después de muchos encuentros entre las distintas posiciones, y muchas veces dichos diálogos estuvieron al borde del fracaso.

Por eso no es de extrañarnos que ahora en Colombia también se requiera la paciencia de construir esa paz que a veces se torna esquiva y lejana. La verdad es que esa paz requiere de mucho trabajo, de profundo conocimiento de la historia de este País, de la suficiente inclusión de las fuerzas que han estado en contienda en Colombia, para que llegue a ser en verdad “estable y duradera”. Por eso es cierta la bienaventuranza de Jesús, dichosos los que trabajan por la paz. Si queremos llegar al sueño de la paz hay que trabajarla mucho todavía, pero lo importante es que estemos en camino hacia ella. Tal vez se requerirán varios años más para lograrla, pero más importante aún es estar decididamente encaminados hacia ella.

Si queremos en verdad “trabajar” y “construir” la paz, como insinúa Jesús en las bienaventuranzas, tendremos que estar dispuestos a gastar muchas horas en dicha construcción que es como una torre que necesita de buenos cálculos, suficiente material y mucha perseverancia hasta alcanzar la altura y profundidad que se requiere. Ojalá podamos comprender y apreciar el apoyo que, como nunca, en estos días, ha recibido Colombia del mundo entero para secundar este noble propósito de la paz. En verdad que se requiere también que todos pongamos nuestro granito de arena, cada uno en el lugar y la misión que desempeña puede contribuir a esta construcción, y ninguno de nosotros está exonerado de su pequeño o grande aporte a este sueño del mundo, de Dios y de todos nosotros por ver algún día un País que progresa, crece y se desarrolla en paz y en justicia.

Finalmente, la tercera palabra de esta vigilia es “recordar”, porque, junto a la memoria que en cada Eucaristía hacemos de Jesús por mandato de él mismo cuando nos dijo “hagan esto en memoria mía”; junto a esa memoria, recordamos esta noche a las víctimas que han aportado su propia sangre a la paz de este País. Ellos han unido la suya a la sangre de Cristo y han sido con su propia vida memoria viviente del maestro. Eran hombres y mujeres ordinarios, pero, en cierta manera, su martirio los ha hecho grandes sin que lo buscaran. Sus nombres ya hacen parte de la historia de este País porque vivieron en la ciudad y en el campo el día a día de nuestra realidad, y una noche, mientras servían los sorprendió el poder de las tinieblas con una muerte violenta que no les dio tiempo de escapar. Sin embargo, ellos ya viven en la luz de Dios que no tiene ocaso.

Los nombres de Mons. Isaías Duarte Cancino, Arzobispo de Cali; Jesús Emilio Jaramillo, Obispo de Arauca; de los PP. Tiberio Fernández en Trujillo y del sacerdote belga Daniel Guillard; de las Hermanas Teresita Ramírez y de la suiza Hildegard María Feldmann; y de los catequistas laicos Alirio, Carlos y Fabián Buitrago, junto con Gildardo Ramírez y Marcos Marín, mártires de Cocorná, por apenas citar algunos, hacen parte de una larga lista de víctimas del conflicto colombiano que no podemos echar al olvido, pues se incluyen en los escalofriantes números de la guerra en este País entre el 1º de enero de 1958 y el 31 de diciembre de 2012, a saber, 150.000 asesinatos, 1.982 masacres, 588 casos de sevicia y tortura, 25.007 desapariciones forzadas, 27.023 secuestros, 2.729.153 desplazamientos forzados, 358.937 despojos y extorsiones, 1.574 violaciones sexuales, 18.000 reclutamientos ilícitos, 716 acciones bélicas, 10.189 minas antipersona, 5.138 ataques a bienes civiles y sabotaje y 95 atentados terroristas, como nos lo recuerda el Informe del Grupo Memoria Histórica en sus pp. 31 a 109.

La Iglesia Católica Colombiana, y en ella la Vida Consagrada ha aportado así su significativo granito de arena en todo este horror que no debe repetirse, pero creemos que tampoco podía estar exenta de dar su parte, como tampoco a Jesús se le exoneró de dar su propia vida. Sin embargo, creemos que para nuestra Patria ya es suficiente toda la sangre que se han vertido y todo el dolor que esto ha generado. Damos gracias a Dios por el milagro que ya ha hecho en tantas víctimas que han perdonado de corazón a sus victimarios, haciendo surgir un nuevo corazón capaz de reconciliarse, de rehacerse y de dar al mundo este testimonio que es signo del más profundo espíritu evangélico. Las víctimas de hoy nos están diciendo que la paz es posible: “ofrece el perdón, recibe la paz”.

Necesitamos ahora de este milagro también para la Colombia que está naciendo de las ruinas y de la barbarie. Imploramos a Dios por la intercesión de estos mártires que nos obtenga la paz y el perdón. Le suplicamos que sostenga nuestro propósito de un País en paz y sin más violencia. Le pedimos perdón para todos los que han causado tanto dolor y muerte, así como por la indiferencia en que muchas veces hemos caído. Para todos pedimos que nos cubra con el manto de su misericordia, que nos dé la tenacidad para construir con tesón la paz, y también que no vivamos marginados de la historia y seamos más bien protagonistas de este momento histórico sin precedentes, y que sostenga nuestra ferviente oración para que nunca más se repita esta pesadilla y en verdad “cese la horrible noche”.

P. Orlando Escobar, CM

1er Vicepresidente de la CRC

 

Dpto. de Comunicación y Prensa CELAM
Fuente y fotos: CRC

   




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