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08 de Diciembre, 2016
“El padre Hermógenes se involucró en las causas de su pueblo”

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Homilía del presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala

Uno de los momentos más significativos de la Asamblea Anual del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC), realizada en Guatemala del 21 al 25 de noviembre de 2016, fue la celebración eucarística en memoria del padre Hermógenes López, testigo de la misericordia, asesinado el 30 de junio de 1978.

La celebración que tuvo lugar en el municipio de San José Pinula, donde el padre Hermógenes dio su vida por los más pobres, fue presidida por monseñor Rodolfo Valenzuela Núñez, obispo de La Verapaz y presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

En su homilía, monseñor Velenzuela destacó la figura del padre Hermógenes, quien hace casi 40 años “dio un paso adelante” para responder a la compleja situación que vivían los guatemaltecos, en un tiempo de “mucha tensión”, cuando se impuso “la doctrina de la seguridad nacional”, y los enfrentamientos armados entre la guerrilla y el ejército ocasionaban, a su paso, muerte y dolor en las familias que aún no se reponían al terremoto de 1976.

Fue en este contexto que el padre Hermógenes levantó su voz para defender a su pueblo, en sus derechos fundamentales, y oponiéndose a la violencia, llegando incluso a solicitar al Presidente de la República que “suprimiera el ejército nacional” para que prevaleciera la vida. “Hermógenes fue de los que, no desde la ideología, ni desde la política, sino desde esa sensibilidad humana profunda, se involucró en las causas de su pueblo”, señaló el obispo guatemalteco.

Particularmente, monseñor Valenzuela resaltó las dimensiones de la misericordia (personal, comunitaria y social), presentes en la vida y obra del padre Hermógenes. 

A continuación, se presenta la transcripción de la homilía del presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

Homilía del Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala, monseñor Rodolfo Valenzuela Núñez

Queridos hermanos obispos, presbíteros, religiosas/os, seminaristas.

Querido pueblo de San José Pinula

Nos alegra sobremanera podernos reunir, sobre todo en torno a esta figura del muy querido padre Hermógenes.

38 años después de los acontecimientos y todavía todo tiene una hondura muy especial. Hace 38 años Guatemala, como la mayoría de los países centroamericanos, estábamos viviendo una situación muy difícil, de mucha tensión social. El miedo al comunismo, en esos momentos, había provocado que los gobiernos, mayoritariamente militares, implementaran la doctrina de la seguridad nacional. Y los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército dejaban al pueblo, hoy se dice ‘población civil no combatiente’, en medio de un fuego cruzado. Cualquiera también podría ser tildado de subversivo y de comunista.

Eran tiempos verdaderamente complicados, en los que en particular los centroamericanos sentimos que aún vibra nuestro corazón, porque vivimos un poco de cerca, quien más quien menos, esa tensión social.

Aquí en Guatemala también acababa de pasar el terremoto de 1976. Esta iglesia fue construida después del terremoto, porque la iglesia antigua no pudo ser utilizada por mucho tiempo. Y la gente, pues estaba también con la tristeza de haber perdido lo que tenía y de haber perdido incluso amigos, familiares, parientes, en este terremoto que fue muy duro en esta zona. 

Fue en esas circunstancias cuando aquel sacerdote de menos de 50 años, un hombre muy sensible ante la realidad de su pueblo, algo que nos dice su biografía es justamente eso, una sensibilidad muy grande a la pobreza, a las situaciones, a las dificultades, estas circunstancias le hicieron dar un paso adelante.

Y recordaba ahora al reflexionar sobre la figura del padre Hermógenes, en este año de la Misericordia, algo que reflexionamos en el Jubileo de la Misericordia en Bogotá, el pasado mes de agosto. Y es que la misericordia tiene como dimensiones una personal, pues uno se conmueve y ayuda al prójimo, al más inmediato, al más cercano y eso lo hacía el padre Hermógenes. Pero la misericordia también tiene también una dimensión comunitaria, ahora estamos recordando a los hermanos de Nicaragua, de Costa Rica, que están enfrentando un huracán. Eso provoca una misericordia comunitaria. La gente es sensible y ayuda, y nace la solidaridad. Y hay otra dimensión de la misericordia, un tanto más olvidada y bastante más difícil, y es la misericordia social. Cuando uno es capaz de ser sensible no solo ante una familia, ante un prójimo y ante una comunidad, sino ante la sociedad entera que sufre por circunstancias de injusticia, de regímenes totalitarios, de imposición, y esa misericordia también la tuvo el padre Hermógenes.

En aquellos años no era fácil y la misma situación eclesial era un poco complicada. En Guatemala muchos optaron incluso por acciones a veces muy cercanas a las acciones revolucionarias, otros se dejaron llevar por las ideologías, otros retrocedieron y no hicieron nada en ese momento.

Hermógenes fue de los que, no desde la ideología, ni desde la política, sino desde esa sensibilidad humana profunda, se involucró en las causas de su pueblo.

Ya nos ha recordado el hermano Santiago su presencia en los reclamos frente a los ríos de esta zona que iban a ser desviados para abastecer de agua a la capital, pero que dejaría a la agricultura en una precaria situación. Ya hemos oído también que habló duro y se opuso a aquel reclutamiento forzoso –gracias a Dios eso ha cambiado ahora– pero el ejército hacía redadas por los pueblos y aprovechaba las fiestas patronales para llevarse a los jóvenes y a los hombres jóvenes. Eso creaba una problemática social y familiar muy complicada. Los ejércitos tenían en esos momentos pues la hegemonía del poder político, en los tres poderes del Estado.

Pero quizá la gota que rebosó el vaso fue cuando se metió con el ejército, porque escribió una carta al Presidente de la República, diciéndole: “le pido que suprima el ejército nacional”. La carta era del 29 de junio [de 1978] y el 30 de junio lo asesinaron en la aldea San Luis. Paradójicamente el 30 de junio es la fiesta del ejército de Guatemala.

Son cosas que se recuerdan con dolor, con confusión también, pero que, vistas desde el testimonio de un hombre, de un sacerdote lleno de fe, de una confianza profunda en Dios, se ven desde otro ángulo. No para hurgar en las heridas que todavía existen en nuestro pueblo, sino para renovar en nuestros corazones esa dimensión de la misericordia que también todos, todavía tenemos que llevar adelante. La misericordia personal y comunitaria son más espontáneas y más fáciles; la social a todos nos cuesta bastante más.

Hermógenes sin embargo fue un hombre capaz de hacer frente a la tensión y a la dificultad y de tener una opción muy clara, porque era también un hombre de profunda oración y de profunda espiritualidad. Había estado en el seminario muchos años, y dicen que los que van de formadores al seminario rezan más y estudian más. No sé. Pero, era un hombre de oración.

Era un hombre firme y decidido. En su diario también dejó escrito: “Si mi misión es dar la vida, lo haré, pero lo que no haré es dar un paso atrás en la causa del Evangelio”. A su muerte, vinieron también muchos otros asesinatos y muchas otras persecuciones y muertes en nuestro país. Y eso se alargó durante los años 80.

Hermógenes, pues, es alguien que estuvo y está aún cerca del corazón de este pueblo guatemalteco, y por eso es una ocasión excelente para compartir con los hermanos obispos de Centroamérica, y aquí, cerca de la iglesia donde él predicó con tanta valentía, aquí donde se ganó el corazón de su gente, para ver el modelo de presbítero que hoy, aunque las circunstancias sociales, políticas y eclesiales han cambiado –algunas, no todas–, un hombre cercano, un hombre valiente, un hombre de oración profunda. Precisamente por esta oración profunda fue capaz de sobrellevar la oposición y las calumnias que le vinieron, incluso, de la misma familia eclesial.

De manera que nos alegra como cristianos guatemaltecos, con esta comunidad parroquial de San José Pinula, poder compartir con ustedes, hermanos obispos, este regalo de Dios para nuestra Iglesia que ha sido Hermógenes, y celebrar esta Eucaristía con este profundo sentimiento de acción de gracias, y como debe ser, ante los santos, afirmando que ellos nos inspiran pero nos llaman también a la imitación.

Que Hermógenes interceda por esta Iglesia de Centroamérica, que aún sigue viviendo circunstancias muy complicadas aunque ha avanzado bastante desde aquellos años 70 y 80.

 

Dpto. de Comunicación y Prensa CELAM
Foto: Departamento de Comunicación y Prensa CELAM




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