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11 de Julio, 2016
Frontera de dolor y olvido ¿tendrá límites?

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Migrantes, drama que resuena y que se olvida.

Se requiere una pastoral internacional bien articulada y profética más allá de actos que acarician nuestros injustos sistemas.

Un amigo sacerdote y periodista costarricense, muy comprometido, conocedor ya del drama de los migrantes se dirigió a una de las fronteras de paso de migrantes en su país. Como él dice, llevaba en su mente información de lo que oía, era la situación en ese lugar de paso. Información que chocó con el drama de la escena de la realidad con la   que se topó su mirada perdida que no encontraba donde detenerse entre imágenes tan impactantes.

Un grito silencioso apagado por el estruendo de la comodidad y el bienestar. Hace falta algo más que solamente hablar de migrantes. Se requiere una pastoral internacional bien articulada y profética más allá de actos que acarician nuestros injustos sistemas.

Este es el testimonio de lo que este sacerdote costarricense encontró al llegar a la frontera 

Con un tercer vehículo lleno de donaciones, y un dinero que el Pueblo de Dios ha destinado a la causa de los migrantes extra-continentales, nos aprestamos a realizar un viaje a la zona fronteriza de Paso Canoas, para constatar sin intermediarios, la situación que viven estas personas al ingresar a suelo costarricense. Tenía noticia, primero del cierre del Campo Ferial hace un par de días y posteriormente de una improvisada apertura controlada para albergar mujeres y niños de manera emergente y rápida, mientras las autoridades realizan los trámites migratorios pertinentes; pero lo que encontré al llegar al sitio, fue la más crítica situación y olvido que haya visto…, constaté una frontera que no sé si tendrá límites o peor aún quién los pone.

A media mañana mientras ingresábamos al Campo Ferial, la mirada se perdía entre un panorama completamente inhumano y aterrador; mientras el sol como “astro rey” se hacía manifestar con notable presencia, algunos migrantes intentaban evadir su impacto bajo la sombra de un techo, otro considerable número hacía fila bajo el sol imperante un poco molestos quizá por el cansancio y el hambre, la angustia de un futuro opaco y la llamada a la calma de los escasos personeros de migración y fuerza pública a quienes se les notaba con rostro cansado y un tanto de desespero…

Mientras avanzaba por dicho campo, no sabía dónde detener mi mirada, si entre las más que rústicas tiendas preparadas con pedazos de plástico negro, sostenidas por una improvisada pieza de bodega con alturas que no superan el metro, y los cartones por “colchón” de descanso, sobre duras piedras algunas de ellas mojadas en los pozos que yacen sobre el campo, o mirar la basura cual confeti de fiestas que esparcida por todo el terreno, sentí estar en un vertedero y no en un refugio.

Si ese cuadro me quemaba por dentro más que el sol, de pronto entre carpas, plásticos y piedras…, miro una olla donde el poco humo que expide unos tres trozos de madera, dicen de alguien que prepara alimentos en medio camino, quizá con el deseo de poder llevar algo a su estómago y probablemente a los suyos. De pronto…, son los rostros de niños inocentes, algunos tan infantes que apenas intentan dar sus primeros pasos…, otros con más edad, juegan con sus únicos juguetes… las piedras, el agua y la basura…

Al decir basura, no puedo dejar de describir lo que he visto, más de doscientas personas han pasado la noche en un literal “basurero”; niños con su madres, hombres llenos de necesidades siguen ahí sobre una capa de basura que nadie recoge, y de la cual emanan toda clase de moscas, zancudos y olores, que como bien sabemos son nada agradables y potencial seguro para mayores problemas de salud…; ese es su jardín, de la casa que no tienen, porque incluso hasta su patria dejaron.

Con este cruel panorama, un personero de la Cruz Roja Costarricense nos recuerda que esta situación crítica, ha iniciado desde finales del pasado mes de abril, cuando los migrantes quedaron en tierra de nadie y el Campo Ferial se abre pensado en aquel momento para un corto tiempo, realidad que no se ha cumplido, manteniéndose hasta hoy en condiciones simplemente inhumanas; con el agravante que “últimamente los grupos que ingresan son superiores a las 100 personas diarias, recientemente grupos de haitianos que con el terremoto del 2010, migraron a Brasil y por la crisis, ahora buscan el norte aprovechando el flujo de africanos”, señaló.

No podemos olvidar que es una travesía triste, marcada por la muerte de muchos de ellos entre las montañas y las rutas cada vez más peligrosas y ásperas que deben hacer antes de llegar a nuestra tierra; y quizá lo más delicado, es que difícilmente va a parar el flujo migratorio, porque parece ser una historia que llegó para quedarse, como nos dijo un comerciante de la zona.

Gracias al pueblo costarricense y panameño que ha respondido, se ha abierto una puerta de humanismo para estas personas a través de las donaciones que no se han hecho esperar, “son meses de entrega sincera de grupos pertenecientes a la Iglesia católica, protestantes y otras iglesias, a líderes comunales y Cruz Roja”, señala este personero de la Benemérita; pero, a pesar de que la Comisión Nacional de Emergencia está atendiendo en la actualidad con el suministro alimenticio, es urgente ya la ayuda internacional, parece ser la hora para que las ONG de Ayuda Humanitaria a nivel mundial digan presente y apoyen económicamente para la atención de las personas, pues el costo es muy elevando en los temas de alimentación, seguridad y salud. Se cree que fácilmente las donaciones coordinadas por la Iglesia Católica mediante parroquias, instituciones y familias, superan ya los ciento sesenta millones de colones.

La situación de salud de los migrantes es cada día más delicada, las nuevas rutas le exigen su físico hasta el extremo; se nos comentó que los mayores cuadros atendidos responden a lesiones en la piel por quemaduras de sol, quemaduras producto del caminar debido al roce entre piernas donde llegan a presentar heridas bastante profundas incluso en los genitales (úlceras), hemorroides producto del intentar esconder dinero para evitar los hurtos durante las travesías, fiebres por insolación y deshidratación, heridas en los pies e incluso alguno de ellos ya con gusanos en las mismas, cuadros diarreicos producto del agua que consumen de camino, retención de líquido e hipertensión, entre otros.

Lamentablemente, la Cruz Roja tuvo que salir del Campo Ferial, lo anterior no sólo atrasa la atención de los migrantes, sino que ha traído también como consecuencia el cuadro que describimos anteriormente, pues ya no hay quien guie en el orden y el cuidado de aquella zona que hoy luce como vertedero a cielo abierto, con la consecuente potencia de que surjan brotes que afecten la salud de dos naciones que los divide una sutil e imaginaria línea cada vez más frágil ante la crisis humanitaria; de ahí que se espera y se trabaja para que el gobierno busque una solución, esfuerzos de los cuales fuimos testigos durante esta mañana, pues los lugares destinados para atender familias y niños están colapsados, con una población que rebasada en más de tres decenas la capacidad, mientras tanto el PANI intenta responder ante los niños que siguen al descampado.

Pero ¿quién ve este dolor? ¿por qué la sociedad los tiene en el más rotundo olvido? ¿hasta dónde llegarán los límites de este drama humanitario? Son algunas de las muchas preguntas que nos quedan, al constatar hasta dónde llega la indiferencia humana, que lleva al hombre al absurdo de sentirse con autoridad para decidir por el don de la vida. Quizá muchos quieren aprovecharse de la coyuntura y otros se preguntarán despectivamente qué hacen acá o por qué nos toca a nosotros responder ante la situación…; pero lo único que puedo señalar al terminar este artículo, es que el amor no puede tener límites, ninguna frontera nos puede impedir vivir la misericordia, el dolor no debería ser causado por el ser humano y el olvido no es medicina para nadie, porque nadie sanamente equilibrado viviría este drama ni un minuto por pasatiempo sino por extrema necesidad y miseria.

 

Autor: departamento de comunicación y prensa CELAM
Fuente: Diócesis de San Isidro, Costa Rica.
Foto: Diócesis de San Isidro Costa Rica




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