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08 de Diciembre, 2016
El Padre Hermógenes con los pies descalzos junto a los pobres

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Entrevista al obispo jesuita Gonzalo de Villa

Gonzalo de villa es el obispo de Sololá y Chimaltenángo en Guatemala desde el año 2007. Nació en Madrid, España el 28 de abril de 1954. Su Padre don Gonzalo de Villa Santa Fe, fue un ferviente defensor de los derechos humanos. Su Madre María Teresa Vasquez de Villa, murió en el asalto policial a la Embajada de España en Guatemala en el año de 1980 durante la guerra interna.

Gonzalo de Villa se graduó en la universidad Rafaél Landivar de Guatemala. Realizó sus estudios como novicio jesuita en República Dominicana, de Filosofía en México y Nicaragua y de teología en Caracas Venezuela. Fue ordenado Sacerdote el 13 de agosto de 1983 en Panamá tomando los votos perpetuos como sacerdote de la compañía de Jesús. Y fue consagrado Obispo en Guatemala en el año 2004, ejerciendo como obispo auxiliar.

Despues de ordenado sacerdote un campesino de Pinula buscaba en la ciudad un padre que pudiera ir a su aldea a celebrar la navidad. Misteriosamente le llegó a él la petición y creyendo que era algo fortuito y ocasional se subió a su motocicleta y recorrió los 22 kilómetros. A partir de ese primer viaje para ir a celebrar misa, Pinula pasó a ser parte de su vida.

Con el pasar del tiempo fue visitando la región, conoció y recorrió las aldeas, conoció más profundamente a la gente, se hizo amigo de ellos, y así se encontró con el Padre Hermógenes a quien no conoció personalmente sino por los testimonios, las huellas y el olor a hermano santo. Entre lo que mas le impactó fue escuchar que el Padre Hermógenes se hizo tan hermano y tan cercano de la gente de pínula al punto de esforzarse a vivir como ellos. En aquella época de guerra interna y escacés, muchos en las aldeas andaban los caminos descalzos sin zapatos por que no tenían. El Padre Hermogenes se descalzaba cuando recorría los caminos de las aldeas, para sentirse como decía la misma gente: “mas igual, mas cercano a todos”.

El Padre y ahora obispo Gonzalo de Villa, muchas veces, sobre todo en semana Santa, cuando le era posible, celebraba en las aldeas de tierra alta, tierra fría, recordando al Padre Hermógenes, hombre llenó de grandes virtudes evangelicas que derramó su sangre como Jesús. Andando por los caminos, se descalzaba e iba a pie descalzo por las casas de las familias o por el camino hacia la pequeña iglesita donde celebraría la misa. 

Terminada la misa concelebrada por todos los obispos centroamericanos en memoria de la vida y el martirio del Padre Hermógenes, ese 27 de noviembre de este 2016, todavía con el fondo de los cantos y luego el ruido de las sillas metálicas que recogían los miembros del coro que habían cantado la misa. Terminado el ruido mayor, sentados en un sencillo set frente a las cámaras de un canal local que ofrecía la señal que se retransmitía para 20 países y por medio del sistema radial de la iglesia guatemalteca y regional empezamos la entrevista.

Por momentos bajaba la voz, otras veces olvidaba el micrófono y había que recordárselo, por momentos se le entrecortaba la voz y se le llenaban de lágrimas los ojos, sobre todo cuando hablaba del dolor medular, la muerte o el sufrimiento o cuando algo le sacudía el alma o el espíritu. Sin duda porque todo pastor guarda en su corazón la alegría, el dolor y el sufrimiento de sus hermanos. 

Entrevista a Monseñor Gonzalo de Villa y Vasquez Obispo de Sololá Guatemala.

El Padre Hermógenes, el Pastor de los pies descalzos.

P. Rigoberto: ¿Cómo conoció al Padre Hermógenes?

Mons. De Villa: Yo no conocí personalmente al Padre Hermógenes. Yo no soy sacerdote diocesano, soy sacerdote jesuita, por lo tanto cuando mataron al Padre Hermógenes, yo estudiaba filosofía en México. Sin embargo con el paso del tiempo en 1984, por diversas circunstancias comencé a venir a San José Pinula. Yo no tenía un trabajo pastoral en la ciudad de Guatemala, si no de educación, de dar clases en el seminario. Tuve un alumno que está aquí, que es el Padre Rigoberto Perez Garrido, que ahora me entrevista _ se sonríe levemente_ ….  y los fines de semana empecé a venir por Pinula y fue acá donde empecé a oir sobre el Padre Hermógenes, donde empecé a oír los testimonios, no solo en el pueblo sino sobre todo en las aldeas, en la parte alta, donde también él llegaba con frecuencia. Hacía seis años de su muerte en ese momento y los testimonios eran unánimes. Los testimonios eran de gente campesina no politizada. Los testimonios eran de gente campesina de profunda arraigambre católica. Y los testimonios eran unánimes en varias direcciones. La primera, en un sacerdote fiel, en un sacerdote de oración, en un sacerdote sencillo, en un sacerdote entregado, en un sacerdote que no tenía miedo de sacrificarse para ir a visitar un enfermo aunque eso significara caminar tres horas entre el lodo. De un sacerdote caritativo, que tenía caridad con la gente que recibía en su casa, en la casa parroquial, sobre todo a los de la parte alta de la región, que era la más lejana, que iban por el pueblo y no tenían donde dormir, allí los recibía.

Era capaz de atender un bolito (un borracho) tirado en la esquina, era capaz de ser un hombre que nunca guardó nada para sí. Murió pobre, no tenía cosa propia, porque todo lo que recibía, lo entregaba. Esa dimensión antes de valorar su último año y su lucha, en un perfil si se quiere más político, la imagen de un sacerdote que se entregó a su ministerio, y que se entregó desde una clave profundamente evangélica y desde una clave profundamente cristiana. Esas son como las primeras imágenes del Hermógenes, que fue el gran Párroco de Pinula, aún antes de empezar la etapa final de la subida a Jerusalem, vamos a decirlo así. 

P. Rigoberto: ¿Como se puede describir a los niños, jóvenes y adultos de hoy, lo que se vivía en Guatemala y en el mundo, lo que vivía la iglesia hace 38 años en aquella época en la que pasó por el martirio, el Padre Hermógenes?

Monseñor Gonzalo: San José Pinula no es un municipio en el que se haya librado la guerra que se vivía en Guatemala. Aquí no aparecía la guerrilla, ni tropas de soldados, aquí no había enfrentamientos, como sucedía en tantos otros lugares del país, sí hubo, porque eso si he oído, los testimonios de que en la peor época de las dictaduras de Lucas García, la boca de la montaña que está a 8 o 9 kilómetros de aquí, era el lugar donde se encontraban cadáveres de gente torturada y asesinada. Ahora el pueblo de Pinula era todavía un pueblo rural, estaba igual a los mismos 22 kilómetros que hoy, pero era otro mundo.

Era en ese sentido distante de la ciudad capital, porque era un mundo muy campesino. Era un pueblo cercano a la capital, pero que tenía una identidad muy propia. Ahora bien el año 1976, el terremoto del 4 de febrero reveló como una gran desigualdad, se desnudó la pobreza de las mayorías. El terremoto también reveló una capacidad organizativa sobre todo en el altiplano del país y también fue donde comenzó la segunda etapa de la guerrilla en la historia del país. Esto generó un despertar de conciencia y una indignación ante la represión en lo que estaban haciendo en ese tiempo los gobiernos militares en esa época, seleccionando a mucha gente a la que desaparecían, a la que torturaban, todo eso estaba en el ambiente aunque mucha gente no se enteraba. Este no era como los tiempos de CNN, cuando las noticias se publicaban de inmediato. Es más yo me atrevo a decir que viviendo en el extranjero me enteraba más que los que vivían acá en Guatemala, de lo que estaba ocurriendo en el país.

Al Padre Hermógenes le toco vivir en este Pinula hasta cierto punto bucólico. Un Pinula en el que el campesinado tenía tierra, un pínula en donde había familias grandes, un pínula en donde muchos caseríos (pequeños poblados) estaban conformados por miembros de la misma familia, un pínula en donde había producción lechera porque había ganado y producción agrícola, en donde la mayoría de la gente vivía de la agricultura.

Eso era aquella época, y el corazón lo conformaban las aldeas de la parte alta, conformada por 10 aldeas de clima frío, colindando con los municipios vecinos. Esa zona vivió la guerra de una forma diferente a otras zonas del país. No fue tampoco una zona particularmente politizada en ninguna dirección.

Lo que si es cierto es que al Padre Hermógenes le tocó enfrentar dos hechos fundamentales, que son los que le llevaron al foro público y a salir de su agenda de párroco que atendía sacramentalmente a la gente, y que tenía cercanía a la gente, que amaba a la gente pobre, pero que lo lleva un poco al foro nacional, y que es el tema de la lucha del agua. Cuando surge un proyecto de trasladar ríos y nacimientos de agua de la parte alta para alimentar a la ciudad capital. Pero que era un proyecto que significaba la muerte de las aldeas de la parte alta y que las dejaba sin agua y que iba a dejar de ser una región productiva. Eso marcó mucho el momento del último año, fue el último año de su vida, cuando él se embarcó realmente en esta lucha social de defender a la gente campesina, a la que había servido durante 11 años antes.

P. Rigoberto Pérez  ¿El estilo de servicio del Padre Hermógenes era el estilo de servicio de toda la Iglesia, o él era un testimonio, un caso especial de amor en medio de la gente?

Mons. De Villa: El padre Hermógenes fue muy excepcional dentro de su vida ordinaria. Es decir, no fue un gran líder social, no fue alguien que haya entrado en ninguna terna para obispo en la nunciatura, fue un sacerdote sencillo, fue un sacerdote cercano a la gente, un sacerdote servidor, un sacerdote de una vida muy limpia, de mucha entrega, y todo eso hace de él algo que me parece importante y justo subrayar, es que la causa de beatificación del Padre Hermógenes hubiera podido ser introducida incluso si no hubiera habido martirio. Me parece muy importante subrayar esa dimensión. Es decir, no es solo el martirio el que nos habla de la santidad del Padre Hermógenes, sino que su misma vida anterior que lo conduce al martirio, ya era una vida de un sacerdote muy santo.

P. Rigoberto Pérez: ¿Cómo se puede describiré la pastoral del Padre Hermógenes?

Mons. De Villa: Era una pastoral muy sencilla. No era un hombre que anduviera escribiendo planes pastorales… Era un hombre que leía mucho, donde quiera que iba cargaba un libro y que preparaba bien su homilía. Pero su pastoral era seguir el estilo de Jesús, ni más… acercarse a los pobres, visitar a los enfermos, sacrificarse, amar a la gente sencilla, amar a los niños, tenía ciertamente un amor grande a los niños. Yo le oí a la gente contarme recuerdos de su infancia cuando conoció al padre Hermógenes, era muy cercano, muy cariñoso con los niños, pero también con la gente anciana, de tal manera que si me preguntan cuál era el estilo pastoral del Padre Hermógenes, yo les digo, era el estilo de Jesús. 

P. Rigoberto Pérez: El Padre Hermógenes recorría los caminos de la gente, cruzaba los patios, entraba a las casas, dos preguntas más Monseñor: 

¿Por qué quiso usted recorrer los caminos del Padre Hermógenes? y qué anécdotas ha escuchado usted entre la gente para que se conozcan hoy 38 años después?

Mons. De Villa: Mi Llegada a Pinula fue providencial, fue fortuito, en lenguaje secularizado. Un campesino andaba en la capital buscando un padre que pudiera venir a celebrar la navidad a su aldea, yo estaba recién ordenado, recién regresado a Guatemala después de años de estudio afuera, vivía en la iglesia la Merced en la ciudad y me habló un padre que conocía a este señor, me informó de la necesidad y decidí ir. No tenía ni idea donde quedaba, y pensé que era un hecho circunstancial. Sin embargo, mi primera venida a Pinula que fue en diciembre de 1984, marcó un antes y un después en mi propia vida.  Me estaba estrenando como sacerdote, como jesuita yo no estaba encargado de trabajos pastorales parroquiales, más bien, yo daba clases, trabajaba en investigación, eran otras mis labores.  Pero a partir de mi primera llegada a Pinula, fui a hablar con Monseñor Prospero Penados obispo de esta diócesis y con mi provincial, para ayudar los fines de semana en Pinula. Compré una moto y comencé a venir. En moto venía a Pinula para todo lo que necesitaran y que yo pudiera.

En moto iba también a las aldeas, todas de terracería y algunos caminos que no eran carreteras.

Una anécdota: La sotana pequeña del Padre Hermógenes, le quedaba grande. 

Fui una vez a la aldea “el Carmen”, en donde, en una ocasión encontré una sotana que el Padre Hermógenes había dejado. Yo traté de ponérmela pero no me quedaba. De allí saqué dos experiencias:

Por un lado físicamente el Padre Hermógenes era pequeño, y la sotana obviamente me quedaba muy pequeña, pero en otro sentido viendo su vida, su historia _ y en este momento Monseñor Gonzalo se conmueve y se le llenan los ojos de lágrimas_ … esa sotana me quedaba muy grande. 

Los testimonios que oí, de grandes y pequeños eran unánimes de alguien que dio su vida. _monseñor vuelve a conmoverse, se le entrecortan las palabras y se le vuelven a llenar los ojos de lágrimas_ los habitantes de la aldea de tierra fría la parte más alta, lo sentían como amigo muy cercano.  El problema del agua les concernía a ellos y en ese sentido la gratitud al Padre Hermógenes estaba como muy ecentuada en la gente. 

La carrera ante la noticia del martirio del Padre Hermógenes: 

El amor, el cariño, oí también las historias sobre el día de su martirio, era un día muy lluvioso del mes de junio. Casi todos los hombres de la parte alta que estaban en sus campos trabajando la agricultura dejaron su azadón y salieron corriendo 20 25 kilómetros desde donde estaban. Me han contado como fue esa carrera, como llegaron a donde estaba el Padre muerto, como lo encontraron, de lo que pasó, del ambiente tenso que se vivió, de cómo arrancaron los restos del Padre Hermógenes de la municipalidad. De cómo lo trajeron a la iglesia, cómo lo tendieron sobre el altar… todos esos son testimonios que he oído de su martirio y de su vida.

De que aquí llegó, aquí se sentaba, tenía un carrito que por allí está, que se podría todavía hoy fotografiar, claro que a la mayoría de aldeas no entraba carro porque no había carretera y tenía que caminar. No le gustaba ir a caballo, prefería ir a pie aunque tuviera que caminar 3 o 4 horas, para llegar a un lugar determinado, y todo eso hizo que el Padre Hermógenes fuera para mí una figura muy ejemplar.  Tanto que yo mismo me planteaba por que la arquidiócesis de Guatemala no empezara el proceso de su causa de beatificación.. 

Padre Rigoberto Pérez ¿Qué impacto tuvo su muerte en la iglesia nacional?

Mons. Gonzalo de Villa: El Padre Hermógenes fue el protomártir de Guatemala en Junio de 1878. Otros mártires fueron posteriores a él. En la iglesia había una cierta polarización, habían quienes tenía una cierta sensibilidad social normal, otros eran de posturas radicales, otra parte de la iglesia estaba renuente a politizaciones, y eran quienes se colocaban del lado del gobierno, el ejército, entre ellos el Cardenal Casariego que gobernaba la arquidiócesis. Eso muestra la virtud del Padre Hermógenes. Fue durante 15 años de sacerdote, en el que la arquidiócesis fue gobernada por el fallecido cardenal Casariego, quien no tenía aprecio por el padre Hermógenes, sin embargo el Padre siempre fue respetuoso de la autoridad. Por eso es algo que vale la pena resaltar en la figura de Hermógenes. Ahora él no era una figura política. Más bien parecía muchas veces ingenuo, o de corazón inocente, así nos podría parecer la carta que escribió al presidente, y la razón es que el Padre no estaba politizado, alguien que estuviera politizado, no hubiera escrito la carta. Era un genuino pastor.

P. Rigoberto Pérez ¿Cómo ve al mártir Padre Hermógenes la conferencia Episcopal?

Mons. De villa: El Padre al recibir amenazas pudo haberse ido, o al menos pedir cambio de parroquia y no lo hizo, él no se fue. Le dispararon con una escopeta. El traía puesta su sotana. Hay un paralelismo entre el Padre Hermógenes y Monseñor Romero. La situación también llevó a Hermógenes a ser profeta en medio de la situación que se vivía. Él también vivió una conversión, es decir lo que él había madurado en su modelo de santidad. De tal manera se impactó por esa realidad sangrante, lacerante y eso le provocó la conversión y pasó a ser profeta. Fue pastor y profeta. Por eso quien vió al Padre Hermogenes manifestando junto a la gente en contra del despojo del agua o en contra del reclutamiento forzoso, no  hubiera pensado que iba a llegar a eso. El Padre Hermogenes dio el paso de vivir las virtudes heroicas al martirio con olor a santidad. Y eso siempre ha sido reconocido por los obispos, su testimonio prevalece y el es una figura apreciada, muy apreciada y admirada. El proceso de su canonización va en camino y debe de ponérsele mayor esfuerzo porque es una figura que vale la pena.

Finalmente monseñor concluye en la entrevista indicando muy conmovido que con el martirió se terminó el proceso de despojo de las fuentes de agua del que iba a ser objeto esa región de aldeas de Pinula. Su muerte terminó dando vida no solo espiritual porque fortaleció la fe y el amor a Dios de aquellos a quienes sirvió, sino que la gente tiene sus fuentes, eso hace que puedan seguir teniendo su ganado, su carne, su leche y sus tierras húmedas y fértiles para trabajarlas, alimentarse ellos y sus familias. Conmocionado hasta las lágrimas nos despedimos del auditorio de radio y televisión a través de las cuales se hace la entrevista y le dijimos: Gracias Monseñor Gonzalo, hasta pronto.

 

Departamento de comunicación y Prensa




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