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24 de Marzo, 2017
Una Iglesia Pobre para los pobres

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Homilía del Nuncio Apostólico de Colombia en la reunión anual CELAM.

Monseñor Ettore Balestrero presidió la eucaristía de inauguración de la reunión anual de organismos del CELAM y los Secretarios de las Conferencias Episcopales de América latina y el Caribe.

En la Homilía el Nuncio apostólico en Colombia empezó recordando que el Plan Global Celam de este cuatrienio propone para la reflexión “Iglesia Pobre para los pobres”. Con fundamentos Bíblicos y teológicos en la homilía de la Eucaristía inaugural de la reunión que presidió, expuso desde la expresión de San Pablo; que “Cristo se hizo pobre para enriquécenos con su pobreza”, y que: “una dimensión importante de la pobreza por tanto, consiste en la capacidad de despojarse de la propia condición, de los propios juicios, de los propios planes, de las propias expectativas, para poder salir al encuentro del otro.” Para concluir que “la pobreza es la condición de la iglesia que muestra que nunca debe ser aliada del poder mundano. La fe no es un poder político y no se asegura a través de un poder político, si fuera así la fe sería ahogada por el poder”.

Con esta Eucaristía y la homilía del Nuncio, representante del Papa Francisco en Colombia dio inicio el encuentro entre organismos Celam y los secretarios de las Conferencias Episcopales de América latina y el Caribe. Que tuvo como centralidad la Conferencia dictada por el Teólogo Gustavo Gutiérrez.

Aquí les ofrecemos la homilía del Nuncio apostólico de Colombia Ettore Balestrero. 

Queridos hermanos nos encontramos en esta reunión de los Secretarios Generales de las Conferencias Episcopales con el CELAM. Que siguiendo el itinerario trazado por el Plan del cuatrienio 2015-2019, tiene como tema la Reflexión: “Una Iglesia Pobre para los pobres.” Las lecturas del día iluminan esta reflexión, pues Jesús reprocha que la generación de ese tiempo pida signos, lo cual procede de corazones que no creen. Jesús llama generación perversa a la gente que tiene esta actitud. Es significativo que Jesús no haya cedido a la presión del ambiente, que solicitaba pruebas de su divinidad a la medida de una cierta mentalidad de su tiempo.”

“Esa mentalidad quiere hacer a Dios a la medida del hombre. Por el contrario, la pobreza nos permite vivir a la medida de Cristo, que se hizo pobre y renunció a todo para cumplir la voluntad del Padre, y compartir nuestra pobreza.

Bajo otra perspectiva, en la celebración de la Eucaristía, nosotros confesamos que Dios es la realidad fundante. No un Dios etéreo, sino un Dios con rostro humano, el Dios del amor hasta la cruz. Solo queda entonces reconocer la realidad y entonces se puede responder a ella de un modo adecuado. De manera que en consecuencia, la fe en Cristo nos da muchas cosas: nos da una familia, la familia universal de Dios. En la Iglesia católica, la fe nos libera de la esclavitud del Yo, porque nos lleva a la comunión, al encuentro con Dios, que es en sí mismo y como tal,  encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. Y en este sentido la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica, en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza.

Es conveniente entonces preguntarse, como concretar la acción de una iglesia pobre para los pobres. Evidentemente la respuesta a esta cuestión no es simple. Con todo puede proponerse una respuesta a la luz de los textos que hemos escuchado. Si el signo de Jonás es el misterio de la cruz de Cristo, entonces en la perspectiva del conocido himno cristológico de la epístola a los filipenses: puede contemplarse la pobreza de Cristo y por tanto la pobreza de la Iglesia como el despojo que el Señor ha hecho de sí mismo, el cual siendo de condición divina no retuvo ávidamente, el ser igual a Dios, al contrario se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres y así reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.

Una dimensión importante de la pobreza por tanto consistente en la capacidad de despojarse de la propia condición de los propios juicios, de los propios planes de las propias expectativas para poder salir al encuentro del otro.

En la homilía cotidiana el Papa Francisco ha hablado del síndrome de Jonás, de lo que el profeta tenía en su corazón, él no quería ir a Nínive, huyó a España, dijo el Santo Padre. En efecto Dios se compadece de la pobreza de la gente que no distingue una cosa de otra y vive con la ignorancia. No quiere abandonar sus planes y su orgullo. Jonás está llamado a predicar, a anunciar, a enseñar la verdad completa. A dejar sus planes e ir al encuentro de sus contemporáneos, a abrazar la verdad y dejarse forjar por la verdad, sin imponerla sino asumiéndola.

Y la pobreza, naturalmente es también la de Evangelizar. En este sentido la evangelización va siempre unida con el testimonio de una vida sencilla, va siempre unida a la promoción humana y va unida a una auténtica liberación cristina. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí. En el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios. Por lo mismo será también necesaria una catequesis social. Una adecuada formación en la doctrina social de la Iglesia. La vida cristiana no se expresa solo en las virtudes personales, sino también en las virtudes sociales.

Y finalmente bajo otra perspectiva: la pobreza es la condición de la iglesia que nunca es aliada del poder mundano. La fe no es un poder político y no se asegura a través de un poder político, si fuera así la fe sería ahogada por el poder. El Reino de Dios no se identifica con ninguna estructura política. Si esto pasara la iglesia y la fe se pondrían al servicio del poder y se postrarían a sus criterios. Y esto no tiene que ser solamente un juicio teórico sino algo también vivido hoy en la iglesia. Entonces no debe haber alianza con ningún poder, entonces no puede ser de manera selectiva: este poder si me gusta entonces hago la alianza con este poder sí y con aquel no. La fe la debemos vivir con cualquier poder sabiendo que es algo distinto.

Entonces pidamos a nuestra Señora de Guadalupe que la opción por los pobres y el deseo de ser solidarios con su vida y con su destino a partir de la contemplación del rostro sufriente de Jesucristo en todas las iglesias locales. Que nuestra Señora nos done la libertad de entregarnos totalmente a Jesucristo confiado en El. Amén

 

Autor: Departamento de comunicación y Prensa CELAM

Fuente: Departamento de comunicación y prensa CELAM




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