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12 de Diciembre, 2013
COMUNICACIÓN

¿Por dónde desenredar el ovillo del bien común?

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Es la pregunta que se hizo el CELAM en el Departamento de Comunicación al convocar especialistas al Primer Seminario de Antropología Trinitaria, que se llevó a cabo en el mes de septiembre en Argentina.

Es muy difícil encontrarse con personas que no anhelen el bien común, que no sientan el deseo de una sociedad más vivible, más sensible a las necesidades de los otros, más solidaria, y, no obstante estos sanos sentimientos, muchas veces falta saber cómo hacerlo, ¿cómo desenredar el ovillo de ese denominado bien común? A decir verdad, es como si nos estuviera faltando conocer el desde dónde en el aspecto más profundo.

Este interrogante lo tiene el CELAM en los departamentos de comunicación, de justicia y solidaridad, y de cultura y educación. Incluso podríamos cuestionarnos: ¿Por qué los profesionales de las universidades católicas, pese a obtener una buena formación y capacitación específica, a actuar en su entorno y hacer carrera, no siempre logran producir transformación de la realidad en el plano del bien común? Esta fue, precisamente, la motivación para la realización del Primer Seminario: "En diálogo, por una antropología trinitaria para nuestros pueblos", que se celebró en Argentina hace un mes. El Dpto. de Comunicación tiene una trayectoria en la reflexión de los fundamentos de la comunicación, sea a nivel antropológico, ético, como teológico, y este proceso que se inició en este cuatrienio tiene por interés profundizar esas raíces y ofrecer al universo comunicacional, elementos fundantes para su accionar tanto teórico como en las prácticas.

A más de uno puede parecerle totalmente contrastante o sin conexión vincular la pregunta a esta propuesta. Sabemos que somos creados a imagen y semejanza de Dios, así nos describe el libro del Génesis. Y muchas veces nos imaginamos a nosotros mismos individualmente como imagen y semejanza de Dios, porque concebimos ese Dios, como un Dios solitario, nos pensamos así, no podemos comprender que ese Dios que nos ha creado a imagen y semejanza Suya es un Dios que es Trinidad, que es familia, que es comunión, que es comunicación. Por lo tanto, como afirman los obispos en Aparecida, estamos llamados a la participación de la comunión trinitaria (DA 157), y allí está la raíz del bien común, de toda transformación de la realidad por el bien de todos. Los obispos expresan además: la experiencia de un Dios uno y trino, que es unidad y comunión inseparable, nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro (DA 240). Es esta la fuente que da razón de nuestro ser en relación con los demás, donde nos constituimos unos a otros; por lo tanto, nuestro proceder forja, actúa directamente en la persona del otro, de los otros, en el orden interpersonal, comunitario y social, desde las instituciones a la sociedad e incluso a la convivencia de y en la sociedad. En pocas palabras, no siempre somos conscientes de las consecuencias de ser a imagen y semejanza de la Trinidad —decía en la vídeo conferencia de apertura del Seminario el presidente del CELAM, el arzobispo mexicano Carlos Aguiar Retes—, consecuencias extraordinarias y fundamentales que supone el ser a imagen y semejanza. De ahí la necesidad de ver qué significa el bien común, el transformar la sociedad con esa "marca" que llevamos en el orillo de nuestra persona y de nuestras comunidades humanas.

El Departamento de Comunicación del CELAM junto con el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales —comentó monseñor Adalberto Martínez Flores (Paraguay), presidente de Comunicación del CELAM— tienen trayectoria en esa búsqueda de los fundamentos teológicos de la comunicación, lo cual subraya el camino y alienta la convocatoria de teólogos en el estudio del tema de la antropología trinitaria.

Los participantes del Seminario provenían de México, Nicaragua, Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay e Italia. Entre ellos había dos obispos, así como sacerdotes, religiosos, laicas y laicos; un total de 32 partícipes entre expertos y quienes están desarrollando estudios en el tema. Entre los nombres reconocidos por la trayectoria en la temática, destacamos la participación de los profesores Juan Carlos Scannone sj, Gonzalo Zarazaga sj, Roberto Tomichá (franciscano conventual), Enrique Cambón, Alejandro Bertolini, Fray Jaime Valdivia y Piero Coda, igualmente, el joven teólogo Daniel López sj y la teóloga laica María Clara Bingemer.

Como lo señala el título del Seminario, la convocatoria era una propuesta de estudio en diálogo, como viene haciendo sus trabajos de reflexión y acción el CELAM. Desde el comienzo, el encuentro se caracterizó por el desafío de adoptar una metodología de trabajo fundada en el diálogo y en la comunión. Después de la presentación de los temas, se generó un espacio en el que se podían compartir las reflexiones de los participantes acerca de lo expuesto, las cuales subrayaban, consultaban, preguntaban o incluso aportaban otras miradas. El seminario se convirtió así en un verdadero laboratorio de experiencia y entrenamiento en el "pensar juntos", con logros muy importantes, en primer lugar, en el orden de los avances en la misma reflexión, además del diseño en conjunto, mediante la selección de temas y propuestas, del próximo seminario que se desarrollará en Cochabamba, Bolivia, donde se continuará profundizando sobre este tema. Entre los frutos concretos también estuvo el acuerdo de los participantes en la publicación de los textos presentados que señalan el camino recorrido por cada uno, y la convergencia en la esencia de la temática caracterizada por la variedad de perspectivas y miradas de cada participante.

Sin duda fue fundamental, como decía el teólogo Tomichá de Bolivia, el marco de la Ciudadela Lía en que se realizó el Seminario, porque, fundada sobre el compromiso de vida evangélico del amor recíproco, se manifestó como lugar ideal para vivir una experiencia de este tipo. Las impresiones de los demás expertos al terminar este Seminario fueron interesantes. Bingemer consideró el Seminario como uno de los más importantes vividos; Zarazaga decía haber visto balanceado el nivel académico con el de la afabilidad que se vivió; el profesor Piero Coda consideró el Seminario una experiencia fundante por el estilo de diálogo en comunión, de un camino en la antropología trinitaria en América Latina; monseñor Ramón Dus, presente como biblista invitado, señaló la importancia de la experiencia realizada de pensamiento profundo, vivida en diálogo; y el padre Juan Carlos Scannone, por su parte, expresó aquello que resonaba en el corazón de los presentes: "Agradezcamos a Dios haber vivido relaciones pericoréticas [se refería a relaciones agápicas], de amor recíproco, donde no estuvo ausente el dolor de la renuncia por momentos, con la muerte al propio yo, y la vida, la resurrección". No cabe duda de que el Seminario se reveló como un espacio de pensamiento vivido.

Podríamos retomar las preguntas iniciales y el mismo título de este espacio: ¿Por dónde desenredar el ovillo del bien común? La profundización que el Seminario se propuso está estrechamente ligada a proveer pistas, líneas y criterios, que mediados por un buen trabajo metodológico, permitan nuevas concepciones para el ser y el hacer en relación, en la construcción del bien común, y no solo para que lo anhelemos, sino para que lo podamos construir día a día, codo a codo con todos.

Dra. Susana Nuin Núñez 

   




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