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22 de Enero, 2014
COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE

Carta de la 13ª Intereclesial de las CEB al pueblo de Dios

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Con la convicción de que la Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) "no es un evento, sino un proceso que tiene un antes y un después", el pasado 15 de enero la 13ª Intereclesial dio a conocer una carta al pueblo de Dios, particularmente a las hermanas y hermanos de caminhada (caminada).

La misiva recoge el espíritu que convocó a 2248 mujeres, 1788 hombres, 72 obispos, 232 sacerdotes, 146 religiosas y religiosos, 20 evangélicos, 35 miembros de otras religiones, 36 extranjeros, 68 asesores y asesoras, y 75 indígenas, que sumados a los equipos de servicio y a los visitantes, llegaron a ser 5046.

Bajo la inspiración de Lc 1, 39-45 ("María se puso en camino... entró en la casa y saludó a Isabel... bienaventurada tú que creíste... las criaturas se estremecieron de alegría en el vientre..."), se acentuó cómo la fe encarnada de las CEB, nacida del grito profético por la justicia y la utopía del Reino, se encontró con la religiosidad popular: "las dos reafirmaron su seguimiento de Jesús de Nazaret, vivido en la fe y en el compromiso con la justicia al servicio de la vida. ¡Bienaventurado el pueblo que creyó!".

Estos sentimientos, recogidos por don Fernando Panico en la celebración de apertura, resonaron en la asamblea: "las CEB son la forma de la Iglesia ser. Las CEB son la forma 'normal' de la Iglesia ser. Son la manera normal como el pueblo de Dios responde hoy a la propuesta de Jesús: ser comunidad al servicio de la vida". También resonaron las palabras de don Hélder Câmara: "¡No dejen caer la profecía!".

"La profecía se hizo eco en el análisis de la realidad, que llevó a constatar que Brasil todavía necesita reconocer que en el campo y en la ciudad, no es suficiente realizar grandes proyectos". Más concretamente, la carta denuncia que "el gran capital prioriza el agro, el hidronegocio y las mineras, continúa expulsando a las personas del campo para concentrarlas en las ciudades y volverlas objeto de manipulación y explotación, de concepciones dominadoras y productoras de profundas injusticias". A esto se suman otras nefastas consecuencias: "el pueblo continúa siendo despojado de su dignidad: sus hijos e hijas se consumen en el mercado de las drogas y en el tráfico de personas; el pueblo es despojado de sus derechos a sanidad, educación, vivienda, diversión; la juventud es exterminada, oscureciendo su posibilidad de proyectarse hacia el futuro, por falta de oportunidades; todavía existen discriminaciones y otras violencias marcan las relaciones de etnia, raza, edad, género y religión". De ahí que las CEB consideren que "transformar a los ciudadanos y ciudadanas en consumidores es una amenaza para el 'Buen Vivir'".

Frente a este contexto, se desarrollaron trabajos en grupos y plenarios que se tornaron en espacios propicios para comprender la realidad, compartir experiencias, y buscar alternativas de compromiso y profecía. Estas fueron algunas de las conclusiones que se comunicaron:

- Es preciso "vivir la firmeza de los mártires y profetas, experimentando el compartir y la fiesta".

- "La grandeza de Dios se revela en los peregrinos", verdaderos protagonistas que resignifican los espacios de la vida diaria.

- "El amor se manifiesta en la profecía de la mujer que en el acariciar, en el amasar el pan, en el liderazgo y en la revolución carga en su vientre nuestra liberación".

- "La vivencia comunitaria en un terreno semi-árido renovó nuestro creer".

- Finalmente, "los peregrinos y las peregrinas siempre vuelven a su tierra, llenos de fe y esperanza".

La fe y la esperanza de las CEB, también se desprende del mensaje que envió el papa Francisco, "obispo de Roma y primado de la unidad". "De él recibimos reconocimiento, coraje y convite a continuar pisando firme en la caminada de ser Iglesia peregrina de la justicia y de la profecía al servicio de la vida", se lee en la carta.

Concluye la epístola con una invocación a María, que aclamó al Dios que enaltece a los humildes: "unamos nuestras voces a la suya para con ella derribar a los poderosos de sus tronos y elevar a los humildes, despedir los ricos de manos vacías y llenar de hartura la mesa de los empobrecidos".

ÓSCAR ELIZALDE PRADA 




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