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29 de Enero, 2014
CARTA DE LOS OBISPOS PARTICIPANTES DEL 13º INTERECLESIAL DE LAS CEB AL PUEBLO DE DIOS

"Reafirmamos, junto a las CEB, nuestro empeño y compromiso con la justicia y la profecía"

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Al concluir el 13º Intereclesial de las CEB, los 72 obispos participantes dieron a conocer una carta en la cual comparten su experiencia junto al Pueblo de Dios y reafirman su "empeño y compromiso de acompañar, formar y contribuir en la viviencia de una fe comprometida con la justicia y la profecía".

Hermanas y hermanos,

"Ustedes son la sal de la tierra (...). Ustedes son la luz del mundo" (Mt 5,13.14).

Nosotros, los obispos participantes del 13º Intereclesial de las CEB, en número de 72, como pastores del Pueblo de Dios, dirigimos nuestra palabra a los participantes de las CEB son sus animadores y animadoras y demás hermanas y hermanos que asumen ministerios y otras responsabilidades.

En Juazeiro do Norte (CE), tierra del padre Cícero Romão Batista, en el centenario de la diócesis de Crato, nos encontramos con peregrinos y peregrinas, y con ellos también nos hicimos peregrinos del Reino.

Acogimos con mucha alegría la carta que el papa Francisco envió al obispo diocesano Don Fernando Pânico trayendo el mensaje a los participantes del 13º Intereclesial de las CEB y que fue leída en la celebración de apertura.

Participamos de las conferencias; de los testimonios en el Gimnasio poli-deportivo, denominado Caldeirão Beato José Lourenço; de debates y grupos en diversas escuelas (ranchos y sombreros) situadas en diversas áreas de las ciudades de Juazeiro y del Crato; de las visitas misioneras a las familias y a algunas instituciones; de la celebración en memoria de los profetas y mártires de la fe, de la vida, de los derechos humanos, de la justicia, de la tierra y de las aguas realizada en el huerto donde se encuentra la gran estatua del padre Cícero comulgando con la causa de los pobres: pueblos indígenas, quilombolas, pescadores artesanales y demás sufrientes y con la causa del ecumenismo en la promoción de la cultura de la vida y de la paz, del encuentro. Tuvimos también la gran alegría de participar de la celebración eucarística de clausura en la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores, cuando todos los presentes fueron enviados a retornar a las comunidades de origen para ser de hecho sal de la tierra y luz del mundo.

Estamos viendo como las CEB están enraizadas en la Palabra De Dios, ahí encuentran luces para llevar adelante su misión evangelizadora, vivenciando lo que nos pide a todos el lema: "Justicia y profecía al servicio de la vida". De este modo, cada comunidad eclesial va siendo sal de la tierra y luz del mundo, animando a sus participantes a dar ese mismo testimonio.

Nos sensibilizaron mucho los gritos de los excluidos que resonaron en este 13º Intereclesial: gritos de mujeres y jóvenes que sufren con la violencia y de tantas personas que sufren las consecuencias del agronegocio, de la deforestación, de la construcción de hidroeléctricas, de la minerización, de las obras de la Copa del mundo, de la sequía prolongada en el nordeste, del tráfico humano, del trabajo esclavo, de las drogas, de la falta de planeamiento urbano que beneficie a los barrios pobres; de una atención digna para la salud...

Sabemos de los muchos desafíos que las comunidades enfrentan en el área rural y en las áreas urbanas (centro y periferias). Nuestra palabra es de esperanza y de ánimo junto a las Comunidades Eclesiales de Base que, esparcidas por todo este Brasil, por el continente latinoamericano y caribeño y demás continentes representados en el encuentro, asumen la profecía y la lucha por la justicia al servicio de la vida. Deseamos que sean de modo muy claro y aún más fuerte comunidades guiadas por la Palabra de Dios, celebrantes del Misterio Pascual de Jesucristo, comunidades acogedoras, misioneras, atentas y abiertas a los signos de la acción del Espíritu de Dios, samaritanas y solidarias.

Reconociendo en las CEB la forma antigua y nueva de la Iglesia ser, mucho nos alegran las señales de profecía y de esperanza presentes en la Iglesia y en la sociedad, de las cuales las CEB se hacen sujeto. Que no se cansen de ser rostro de la Iglesia accidentada, herida y enlodada por haber salido por las calles y no ser una Iglesia enferma por el encerramiento y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades, como nos exhorta el querido papa Francisco (cf. EG 49).

Por tanto, reafirmamos, junto a las CEB, nuestro empeño y compromiso de acompañar, formar y contribuir en la vivencia de una fe comprometida con la justicia y la profecía, alimentada por la Palabra de Dios, por los sacramentos, en una Iglesia misionera toda ministerial que valora y promueve la vocación y la misión de los cristianos laicos(as), en la comunión.

Con el corazón lleno de gratitud y esperanza, imploramos la protección materna de la Virgen Madre de los Dolores y de las Alegrías.

Juazeiro do Norte, 11 de enero de 2014, fiesta del Bautismo del Señor. 




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