Video: LATIDOAMÉRICA
Conferencias Episcopales
   
Medios Asociados
   
 
Noticias
29 de Enero, 2014
CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

"Una Iglesia que escucha, anuncia y sirve"

Imprimir
Imprimir

En los primeros días de 2014 la Conferencia Episcopal de Chile ha dado a conocer el texto de las Orientaciones Pastorales 2014 - 2020, las cuales "procuran ofrecer líneas directrices que ayuden a las diócesis en la elaboración de sus respectivos planes pastorales", y que "en modo alguno pretenden sustituir la responsabilidad de cada obispo".

En efecto, se trata de un marco referencial común o, si se quiere, de una "carta de navegación" que es fruto de la comunión eclesial y se ofrece como un servicio a las iglesias particulares.

A continuación se presenta el resumen de las Orientaciones Pastorales de la Iglesia de Chile, que lleva por título: "Una Iglesia que escucha, anuncia y sirve".

Texto inspirador: Mateo 14,22-33

Introducción

En medio del oleaje a veces tormentoso que ha golpeado nuestra vida en estos años recientes, el Señor se ha hecho presente. Se ha acercado a nosotros para decirnos "¡Ánimo!, no tengan miedo". Estas Orientaciones Pastorales son el resultado de un proceso de discernimiento pastoral, vivido como gozosa experiencia de comunión eclesial, que nos ha ayudado a reconocer mejor al Señor presente en medio de las sombras y vaivenes de nuestra realidad. Recogen el camino recorrido por las diócesis en sus asambleas diocesanas y también la rica experiencia vivida en la II Asamblea Eclesial Nacional. Desde ahí se propone un camino de discernimiento y de conversión, al que invitamos a toda la comunidad eclesial.

I. Una Iglesia que escucha y contempla

Una comunidad que navega mar adentro

Mirada a la realidad del país

Mirando los años recientes en Chile, se nos vienen a la mente y al corazón una serie de imágenes sobre hechos que han impactado nuestra conciencia: el terremoto de 2010 y el recate de los 33 mineros que conmovieron el alma nacional y despertaron una ola de solidaridad; el recuerdo de los 40 años del golpe de Estado que renuevan en nuestra conciencia la urgencia de construir un país con verdad, justicia y reconciliación; las movilizaciones sociales que nos muestran que es urgente avanzar en mayor equidad y justicia social. También requerimos mayor justicia con los pueblos originarios y frente a toda discriminación hemos crecido en la cultura del diálogo y respeto mutuo.

Mirada a la realidad eclesial

También hay momentos significativos que hemos vivido como Iglesia: hemos recibido importantes textos magisteriales que iluminan nuestra vida cristiana (Caritas in veritate, Lumen fidei, Verbum Domini y Evangelii gaudium); el año de la fe y el desafío de la Misión Continental. También nos hemos empeñado en asumir del mejor modo posible el problema de los abusos sexuales de parte de algunos miembros del clero, que han tenido amplia publicidad e impacto en la conciencia nacional.

Los signos de los tiempos

Todo esto nos mueve a crecer en una constante actitud de discernimiento de los signos de los tiempos. Necesitamos una mirada de discípulos que nos permita ver con ojos de creyentes toda la realidad, reconociendo el paso de Dios por nuestra historia, e impulsándonos a responder fielmente.

Dentro de este discernimiento, reconocemos algunos signos de los tiempos que son grandes procesos que está viviendo nuestra sociedad:

a) Un rápido proceso de cambio cultural.

b) Un hondo malestar social que es clamor por mayor justicia social.

c) Reconocemos una crisis de fe, de identidad y de sentido.

d) Hay un profundo anhelo de familia.

e) Crece la conciencia del valor del respecto a la creación y a la dignidad de la vida.

f) Hondo anhelo de renovación de la Iglesia.

g) Necesidad de fortalecer una pedagogía del encuentro con Jesús y entre nosotros, valorando el diálogo y fomentando el discernimiento espiritual y pastoral.

Una comunidad que se deja interpelar por el mensaje de su Maestro

Criterios orientadores

Proponemos los siguientes grandes criterios orientadores para nuestra acción eclesial en vistas de discernir los signos de los tiempos y responder mejor a los desafíos de los nuevos tiempos que estamos viviendo:

a) Centralidad de Jesucristo, Señor de la Vida. La fe no se reduce a meros contenidos o normas, sino que es ante todo el encuentro personal con Dios que se nos ha manifestado en la persona de Jesús.

b) Valor y dignidad de toda persona humana, cualquiera sea su condición.

c) La Iglesia está llamada a ser servidora del Reino de Dios, en la escucha comunitaria y corresponsable de la Palabra, en el servicio humilde a la vida de toda persona humana y en el anuncio gozoso de la fe a todos los hermanos y hermanas.

II. Una Iglesia que anuncia y celebra

Una comunidad que sale al encuentro de su maestro

Llamado a la conversión pastoral

Las realidades nuevas y cambiantes de nuestro mundo nos desafían a responder con renovada fe y revitalizado impulso misionero. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo.

Queremos responder a este llamado a la conversión desde nuestra más profunda identidad eclesial: somos el Pueblo de Dios convocado para ser testigos y anunciadores de su bondad. Dios no ha querido salvar a cada persona humana aisladamente, sino constituyendo un pueblo que lo reconozca y que viva el mandato nuevo del amor.

Tipo de Iglesia que queremos ser

La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias. Para esto necesitamos ser más radicalmente:

a) Una Iglesia que escucha a su Señor y se deja conducir por el Espíritu; queremos ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta de la Palabra de Dios y la Eucaristía.

b) Una Iglesia Pueblo de Dios, discípulos llamados a ser miembros de una única familia de Dios, una Iglesia fraterna, comunitaria, que no excluya a nadie y que camine en comunión sinodal.

c) Una Iglesia servidora y samaritana, pobre y servidora de los pobres. Queremos luchar contra las tendencias auterreferentes y salir para ponernos al servicio de los pobres y sufrientes.

d) Una Iglesia acogedora y misericordiosa, que acompaña el dolor y muestra a Jesús.

e) Una Iglesia que vive, celebra y anuncia gozosamente su fe. Queremos que el gozo de ser creyentes se transparente en nuestra vida cotidiana, en el entusiasmo contagioso para proclamar nuestra fe, y de modo especial en nuestras celebraciones litúrgicas.

f) Una Iglesia que, desde la conciencia de su fragilidad y de la actual pluralidad existente en Chile, quiere colaborar activamente en la construcción de un país más humano y equitativo. Para poder hacerlo necesitamos cultivar en nosotros actitudes de diálogo y escucha mutuos, de respeto a la diversidad y de capacidad de proponer de modo claro y convincente nuestra propia mirada de fe sobre la persona humana y la sociedad.

g) Una Iglesia que quiere crecer en un ejercicio del liderazgo como servicio compartido. Todos los creyentes somos corresponsables, de diversos modos, de la vida de nuestra Iglesia. Quisiéramos fortalecer aún más la corresponsabilidad laical en diversos los ámbitos de la vida eclesial. Necesitamos revisar el rol de la mujer en la vida y en las estructuras de la Iglesia.

h) Una Iglesia que sale de sí misma para anunciar la alegría del Evangelio. Necesitamos fortalecer nuestro impulso misionero, y a partir de él emprender una profunda revisión de las estructuras pastorales para adecuarlas mejor a su finalidad.

III. Una Iglesia que sale en misión y sirve

Una comunidad que da pasos de conversión... que se toma de la mano de su Maestro

Renovación misionera

El criterio fundamental para la renovación eclesial es que una firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.

Desafíos prioritarios

Ponemos el énfasis en dos desafíos prioritarios:

a) Con urgencia necesitamos reavivar nuestra experiencia de fe, donde el encuentro con la persona de Jesús dé una orientación definitiva a nuestras vidas. Debemos mirar a Jesús con amor y así aprender a mirar toda la realidad con los ojos de Jesús. Nos comprometemos a renovar nuestra práctica litúrgica y sacramental, la catequesis, la lectura creyente de la Biblia, la vida de oración, los espacios de vida comunitaria, y a fortalecer las experiencias de apoyo solidario y cercanía a los más desamparados y sufrientes.

b) Necesitamos entrar en un proceso de «conversión pastoral» que reavive la vitalidad misionera de nuestra Iglesia y que nos permita hacernos más atentos a las periferias del mundo. Esto es salir de nuestra rutina para i al encuentro de los que se encuentran lejos. Nos comprometemos a trabajar en la renovación de nuestras estructuras eclesiales para hacerlas más apropiadas al anuncio del Evangelio.

Corresponde a cada diócesis, movimiento eclesial, comunidad religiosa o institución de Iglesia ver el modo concreto de llevar a la práctica estas dos grandes orientaciones.

Estas dos orientaciones se sintetizan en el llamado a ser discípulos misioneros.

Líneas transversales a toda acción apostólica

Hay cuatro elementos transversales que deberían estar presentes en todas nuestras obras y acciones apostólicas:

a) Evangelización de la cultura: lo que realmente interesa es evangelizar no de un modo decorativo, sino de manera vital, en profundidad, llegando hasta las mismas raíces de la experiencia cultural de cada persona y de cada pueblo.

b) Vocaciones y ministerios: un creyente madura en su fe y humanamente cuando es capaz de reconocer su propia vocación, y responder a ella haciendo de su propia vida un servicio para los demás. La aguda falta de vocaciones para el ministerio sacerdotal, la vida consagrada y otros servicios eclesiales, está poniendo en evidencia una aguda fragilidad de nuestra experiencia eclesial.

c) Laicado: Tenemos que abrir espacios cada vez más amplios de participación para los laicos y laicas en la vida y misión de la Iglesia. Esto supone superar una mentalidad clericalista, tanto de parte del clero como de los propios laicos.

d) Liderazgo: un buen líder no es el que manda, sino el que comprende desde dentro y se hace cargo de las necesidades de los demás. Por eso su palabra es creíble, es pertinente, es escuchada, da confianza y es obedecida con afecto; es cercano y no se desentiende de ningún dolor ni sufrimiento.

Estado de misión permanente

Estamos invitados a entrar en un estado permanente de misión, tanto en su dimensión programática (actividades de índole misionera) como paradigmática (poner en clave misionera toda la actividad y vida eclesial).

IV. Una Iglesia que agradece

Una comunidad que agradece y con fe se confía a Jesucristo

Nuestra palabra final quiere ser una palabra de gratitud. En primer lugar a Dios por habernos llamado al conocimiento de su amor, por habernos convocado a formar parte de su pueblo santo, y por habernos confiado el servicio de proclamar la Buena Noticia. Agradecemos a Dios la conciencia de nuestra fragilidad y pecado, porque nos ha permitido experimentar más hondamente la necesidad de su gracia, como lo único realmente indispensable para nuestra vida. Vaya también nuestro agradecimiento de corazón a tantos hermanos y hermanas que viven su fe cotidianamente con admirable fidelidad. Gracias a todos aquellos que, codo a codo con otros, se acercan a las fronteras del dolor, la pobreza, la exclusión y la desorientación para llevar una palabra de consuelo y la luz de la fe. Gracias a todos los que en nombre de la fe trabajan en pro de la justicia y el respeto de la vida de todo ser humano. Gracias a todos los que acuden a las celebraciones litúrgicas y los diversos santuarios manifestando públicamente su fe, y nos sostienen con su confianza radicalmente puesta en Dios. Expresamos nuestra cercanía a quienes viven situaciones familiares marcadas por el dolor, y que muchas veces no se sienten apropiadamente acogidos por la Iglesia. Estamos comprometidos a dar pasos significativos para que la Iglesia sea instrumento efectivo del amor misericordioso de Dios dirigido a todos. Una especial palabra de gratitud para todos los presbíteros y diáconos que desempeñan un ministerio en la Iglesia; muchas veces en situaciones difíciles, y casi siempre con gran abnegación y fidelidad al ministerio recibido. Gracias a todas las consagradas y consagrados que con su vida dan testimonio de entrega total en manos de su Señor y de servicio al pueblo de Dios. Gracias a todos los que prestan servicios en las comunidades cristianas.

Les pedimos tengan presente en la oración a sus pastores, obispos, presbíteros y diáconos, para que el Señor nos dé la sabiduría y humildad, la generosidad, la valentía y la misericordia necesarias para conducir apropiadamente al pueblo de Dios que nos ha sido confiado. Invitamos a todas las comunidades cristianas, en los más diversos niveles, a participar activamente en el proceso de traducir estas Orientaciones Pastorales en acciones concretas adecuadas a cada realidad. Les invitamos a llevar a cabo esta tarea mediante un proceso de permanente discernimiento pastoral.

A la Madre del Evangelio viviente le pedimos que interceda para que esta invitación a una nueva etapa evangelizadora sea acogida por toda la comunidad eclesial.

Texto completo de las Orientaciones Pastorales, reflexiones y recursos: www.iglesia.cl/orientacionespastorales

ÓSCAR ELIZALDE PRADA

FUENTE: CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE




Documento sin título