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29 de Enero, 2014
CONFERENCIA DEL EPISCOPADO DOMINICANO

Los obispos dominicanos invitan a las familias cristianas a "vivir y proclamar su fe"

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Como todos los años, con ocasión de la solemnidad de Nuestra Señora de La Altagracia, patrona del pueblo dominicano, la Conferencia del Episcopado Dominicano comparte algunas reflexiones referidas a un tema importante para la vivencia de la fe. Este año, dedican su carta pastoral -publicada el 14 de enero- a la familia cristiana con un gozoso llamado: "vive y proclama tu fe".

"El valor de la familia no pasa, volvemos a él con renovada esperanza", comentan los obispos, recordando que hace 20 años escribieron la carta "consolidemos la familia" y que, justamente, el próximo Sínodo Extraordinario convocado por el papa Francisco tratará "los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización".

La carta propone una mirada a la realidad, destacando las luces y las sombras que configuran la realidad de las familias dominicanas.

Entre las sombras se destacan las consecuencias que el "cambio de época" ha traído sobre la inversión de los valores de la sociedad, como ya lo ha expresado el Papa: "la familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad".

En este sentido, los obispos manifiestan su preocupación frente a los "estilos de vida que no siempre ayudan al crecimiento humano", refiriéndose a situaciones de separación y de divorcio que se deriva de la inestabilidad e inseguridad emocional de los jóvenes, así como al creciente deseo de "una vida fácil sin compromiso, sin sacrificio, hedonista" que incluso llega al extremo de percibir que los hijos son una amenaza.

La pobreza extrema y la ausencia temporal o definitiva del padre o de la madre en el hogar, por razones de trabajo, también hacen parte de las raíces de la crisis de la familia. De la mano de estas realidades, "la carencia de trabajo angustia a muchas familias con graves consecuencias para el desarrollo integral de sus miembros". "A esto podemos añadir índices verdaderamente deprimentes de insalubridad, pobreza y aún miseria, ignorancia y analfabetismo, condiciones inhumanas de vivienda, subalimentación crónica y tantas otras realidades no menos tristes".

Otras tendencias también preocupan a los obispos, como la promoción de grupos interesados en imponer prácticas contrarias al ser de la familia y de la persona; el crecimiento de los embarazos en adolescentes, inmaduras para la misión materna; la violencia intrafamiliar con dolorosos feminicidios y suicidios que causan orfandad y traumas de difícil reparación en los hijos; y los ancianos desprotegidos y abandonados, enfermos y privados de cariño. Asimismo, dicen, "nos preocupa ver en nuestro país muchas familias incompletas, donde el padre o la madre carga con la vida de la familia, asumiendo una doble función en el hogar y expuesto a nuevas uniones sentimentales que pueden crear desequilibrios y conflictos internos".

Ante esta realidades, la CED reconoce "el acompañamiento insuficiente por parte de la Iglesia y la falta de una evangelización sólida, son factores que han contribuido al debilitamiento o resquebrejamiento de la institución matrimonial y familiar y, por tanto, a la descomposición social".

En cuanto a las luces que acompañan la realidad familiar, los obispos destacan que "contamos con muchos matrimonios y familias arraigadas en la fe, que viven la unidad en el amor, con alegría. Ellos son sólidos testigos de la verdad, de la belleza de la familia y de los grandes valores humanos y cristianos, y contribuyen al bienestar de nuestra patria".

En efecto, las familias dominicanas aún conservan y practican los valores de la hospitalidad, la fraternidad y la solidaridad humana. Los abuelos, por ejemplo, "siempre están dispuestos al cuidado de los nietos, mientras la pareja joven o el padre o la madre tiene que ausentarse del hogar por razones de trabajo". La solidaridad también se exterioriza en la familia "en los momentos de dolor cuando acontece la partida definitiva de uno de sus miembros".

"En este mismo orden, todavía nos quedan muchas familias en las que se reúnen los padres y los hijos para practicar unidos su relación con el Señor, ya rezando juntos en el hogar, ya leyendo un texto bíblico, meditándolo y compartiendo la reflexión entre todos, ya participando en la misa y en la recepción de cualquier otro sacramento en familia".

A estas familias se suman aquellas que hacen parte de movimientos apostólicos, con legiones de parejas que viven el sentido de lo comunitario.

De igual forma, "en el campo de la asistencia social a favor de las familias, hemos de reconocer los esfuerzos que viene haciendo el Estado en ayudar con recursos económicos a una gran parte de las familias necesitadas para la subsistencia y escolaridad de los hijos. Nuestro deseo es que estos esfuerzos se sigan multiplicando y fortaleciendo, de modo que al mismo tiempo que se les asiste respetando su dignidad humana, se les ayude a salir de la situación de pobreza y marginación creando nuevas fuentes de trabajo, incentivando la inversión en el campo, promoviendo la pequeña y mediana empresa".

Sin dejar de destacar el sentido de fiesta y alegría que permea a la familia dominicana en momentos importantes de la vida, los obispos concluyen expresando su compromiso para ayudar a las familias en el cumplimiento de su misión en la sociedad.

ÓSCAR ELIZALDE PRADA 




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