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12 de Febrero, 2014
CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA

Obispos colombianos invitan a votar pensando en el bien común

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Sobre el cierre de las sesiones de la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Colombiana (CEC), el cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y presidente de la CEC, presentó ante la opinión pública un Mensaje de la Asamblea Plenaria con ocasión de las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2014, bajo el título "Votemos pensando en el bien común".

El comunicado consta de ocho puntos que enfatizan el llamado que los obispos hacen a los ciudadanos, y en particular a los discípulos de Cristo, para que ejerzan su derecho al voto de manera libre y consciente, con la certeza de que "los colombianos estamos llamados a derrotar la corrupción, el clientelismo y la indebida presión de los grupos armados o de otros intereses deshonestos en la esfera pública".

  1. Los Obispos de Colombia, reunidos en nuestra XCVI Asamblea Plenaria, hemos analizado los enormes desafíos de la realidad nacional a la luz de la Palabra de Dios. En ese contexto, queremos expresar, nuevamente, nuestro decidido apoyo a toda iniciativa que busque propiciar el fin del conflicto armado y poner las bases para la construcción de una Colombia más justa, reconciliada y en paz.
    Los procesos electorales que nuestro país vivirá durante el presente año han sido también motivo de nuestra particular atención pastoral. Los Obispos somos conscientes de la importancia de estos comicios para el presente y el futuro de nuestra Patria. Por ello, impulsados por nuestro deber de iluminar la consciencia de nuestros fieles y de participar en la construcción del bien común de la sociedad, deseamos ofrecer a los colombianos algunas propuestas y orientaciones para que las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales puedan contribuir, eficazmente, a la consolidación de la reconciliación, de la justicia y de la paz que todos anhelamos.
  2. En primer lugar, queremos recordar a todos los colombianos su irrenunciable deber de participar activamente en las próximas elecciones por medio del voto. Como creyentes y ciudadanos, no podemos conformarnos con la apatía pesimista o con la lamentación estéril que nada aportan ni resuelven. Debemos asumir una actitud responsable y proactiva. Por ello, aunque en nuestro país el voto no es legalmente obligatorio, ejercer el derecho constitucional al sufragio ha de ser considerado como un imperativo ético y moral que compromete a todo ciudadano y, de modo particular, a todo auténtico discípulo de Cristo. En efecto, «los fieles laicos no pueden en modo alguno abdicar de la participación activa en la vida política destinada a promover, orgánica e institucionalmente, el bien común» (Cfr. ChL, 42).
  3. La importancia de los próximos comicios electorales, parlamentarios y presidenciales, exige un gran sentido de responsabilidad ciudadana. Pedimos por ello, a todos los colombianos, ejercer su derecho al sufragio, consciente y libremente, es decir, discerniendo las propuestas de los diversos candidatos y partidos para avalar aquellas que mejor cooperen con la consecución del bien común, de la justicia y de la paz.
    Se trata de ejercitar, además, nuestra conciencia ciudadana y cristiana para elegir a aquellas personas que por sus calidades humanes, éticas y morales, estén mejor capacitadas y dispuestas a comprometerse con la búsqueda del bienestar integral de todos los colombianos, a través del ejercicio eficaz, honesto, responsable y transparente de sus funciones.
    Por medio del voto, libre y consciente, los colombianos estamos llamados a derrotar la corrupción, el clientelismo y la indebida presión de los grupos armados o de otros intereses deshonestos en la esfera pública.
  4. En ese contexto, respetando la libertad de cada fiel y ciudadano, los Obispos proponemos dos elementos fundamentales a considerar en el momento de elegir:
    - Un primer elemento de discernimiento es recordar que la "paz es obra de la justicia" (cfr. Is. 32, 17). En nuestro país subsisten desigualdades sociales que excluyen a millones de compatriotas de las condiciones mínimas necesarias para alcanzar un desarrollo humano integral. La clase política no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento causado por la pobreza que impide a muchos de nuestros hermanos el acceso a una alimentación adecuada, a una vivienda digna, a un sistema de salud pública eficiente, a una educación de calidad y a un empleo digno y justamente remunerado que permita a las familias colombianas gozar de mejores condiciones económicas. Tampoco puede permanecer indiferente ante los problemas que afrontan nuestros campesinos, nuestra clase trabajadora, los desplazados y las víctimas de la violencia. Es necesario, que nuestros líderes asuman un compromiso eficaz para establecer políticas públicas que, superando el asistencialismo, puedan dar eficaz solución a las causas profundas del "conflicto social" que ha sido el principal motor de las diversas formas de violencia que nuestro país ha padecido.
    - Un segundo elemento que debería ser tenido en cuenta a la hora de elegir a nuestros gobernantes es la identidad de sus propuestas con los principios éticos y morales auténticamente humanos, no solo cristianos, especialmente con la tutela del derecho fundamental a la vida y con la defensa de la naturaleza del matrimonio y de la familia. Durante los últimos años, nuestro país ha vivido un proceso de aceleradas transformaciones sociales y culturales que requiere de la participación activa de hombres y mujeres que, con iluminado criterio, puedan garantizar el respeto de nuestros valores fundamentales en el ámbito público e institucional.
  5. Por otra parte, un ejercicio auténticamente democrático del voto lleva consigo el deber moral de oponerse, activamente, a cualquier tipo de manipulación o corrupción del sufragio. En ese sentido, los fieles católicos deben sentirse particularmente comprometidos a rechazar y a denunciar, ante las autoridades competentes, toda práctica que pueda atentar contra la trasparencia democrática de las elecciones: la compra-venta del voto, el trasteo de votantes, las coacciones burocráticas que imponen votar por un determinado candidato o las persistentes presiones de los grupos armados. Tenemos la responsabilidad ética de purificar nuestra democracia y las instituciones del Estado del pesado lastre de la "politiquería" y del clientelismo.
  6. Precisamente en ese contexto, los Obispos de Colombia deseamos renovar nuestra radical condena de la corrupción, una enfermedad endémica del Estado que contagia a la actividad privada y causa grave daño al desarrollo moral, económico y social de nuestro país. En efecto, un porcentaje importante de los recursos públicos, que deberían ser invertidos en el bienestar de los colombianos más pobres y desfavorecidos, sigue siendo sometido al servicio de intereses mezquinos. Lamentablemente, la corrupción no se limita a la ilegítima desviación de los recursos del Estado. Los Obispos observamos con preocupación el establecimiento de una "anticultura política" caracterizada "por el abuso de poder, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, la connivencia con grupos ilegales, la falta de transparencia en la contratación y otros numerosos hechos, delictivos e inmorales, que afectan gravemente la eficacia y la credibilidad de las instituciones del Estado" (cfr. Comunicado de la Comisión Permanente del Episcopado del 17 de abril de 2013).
  7. Creemos que la tarea que han de cumplir nuestros futuros líderes políticos es de gran importancia para la consolidación de la paz. Por ello, instamos a los diferentes candidatos a mantenerse fieles a su vocación de servicio al bien común, desarrollando una campaña electoral propositiva y trasparente, caracterizada por el respeto y por el sano debate de sus propuestas.
  8. Por último, queremos invitar a nuestros fieles a orar por las próximas elecciones y por los futuros gobernantes, para que sean instrumentos del plan de Dios y puedan contribuir a la consecución de la Colombia justa, reconciliada y en paz que todos deseamos.

Dios Todopoderoso nos conceda su bendición abundante.

Cardenal RUBÉN SALAZAR GÓMEZ
Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia
Presidente de la Conferencia Episcopal
Bogotá D.C., 6 de febrero de 2014


ÓSCAR ELIZALDE PRADA 




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