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26 de Febrero, 2014
DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN DEL CELAM

Seminario de Comunicación en Haití

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"Desde la vida de la Palabra la urgencia de comunicar. Hacia una verdadera cultura del encuentro"

Con este lema, del 17 al 23 de febrero se desarrolló en la diócesis de Anse à Veau- et Miragoane, Haití, el Seminario Interdiocesano de Comunicación, organizado por el Departamento de Comunicación del CELAM. Los participantes, 79 en total, llegaron provenientes de ocho de las diez diócesis haitianas: Les Cayes, Gonaïves, Cap-Haitien, Jeremie, Hinche, Port-aut-Prince, Port-de-Paix y de la diócesis sede; y de ellos 25 sacerdotes y tres religiosas, en su gran mayoría realizan su servicio en las radios o televisoras locales y diocesanas, y algunos invitados que trabajan en radios comunitarias y privadas.

El Seminario, que había sido pedido por Mons. Pierre A. Dumas, obispo de Anse à Veau et Miragoane, fue desarrollado por un equipo de 5 comunicadores de distintos países de América Latina y el Caribe (Argentina, Perú y Cuba). Los profesores, después de un año de trabajo a distancia para preparar juntos el programa y cada uno de los temas, llegamos a Haití con algunos días de anticipación, lo que nos permitió sumergirnos en la realidad del pueblo y la Iglesia local. Enseguida fuimos recibidos por Mons. Dumas quien nos presentó las distintas realidades de la diócesis y la Iglesia haitiana.

Visitamos Radio-Tele Soleil (en una sede provisoria en Puerto Príncipe ya que el edificio del Arzobispado donde tenía sus estudios, fue destruído durante el terremoto y murieron varios de sus colaboradores) la más importante emisora de la Iglesia católica y que tiene una cobertura nacional. También pudimos recorrer el centro de Puerto Príncipe, con la Catedral, aún muy marcado por los daños y la destrucción del terremoto del 2010, pero también que renace por los muchos proyectos emprendidos para su reconstrucción.

Ya en la diócesis sede, pudimos conocer el futuro Instituto de Formación en Educación y Comunicación, el Centro Juan Pablo II para la Nueva Evangelización (lugar que acogería el Seminario), la Catedral, la radio Misericordia y la obra social levantada en sus cercanías.

El Seminario se inauguró con toda solemnidad. La bendición de Mons. Dumas, y el Himno Nacional en francés y en creole. Invitado especial para este momento Ti Roro, un anciano experto en el toque del tambor, que intrepretó varios ritmos e invitó a Mons. Rebecca, rector de la catedral de Anse à Veau y director de Radio Misericordia, a tocar; él bailó ritmos haitianos, desbordando la sala de alegría.

Mons. Pierre Dumas en las palabras de apertura, en castellano con traducción al creole, hizo la historia de este seminario, los objetivos y el sueño de la Iglesia diocesana de poder abrir en un futuro cercano el Instituto de Formación en Comunicación. "El mundo que deseamos no puede imaginarse sin comunicación. ¿Cómo nos comunicamos entre nosotros sin comunicación? ¿Cómo decimos sin comunicación lo que Jesús nos hace vivir o la ternura de Jesús?", expresó.

Partimos nuestro seminario desde "La raíz de la comunicación: el ser a imagen y semejanza de Dios. Comunicar desde la Palabra". La clave de la comunicación cristiana la encontramos en la vida de la Trinidad, y cómo Jesús, el comunicador perfecto, en la cruz, cuando grita el abandono, se hace nada para unir al Padre y la Humanidad. El Evangelio vivido como fundamento para la comunicación, algunas pistas a tener en cuenta para todo comunicador y la de tomar cada día una frase del Evangelio para vivir. A partir del segundo día, cada mañana comenzaría con un momento de comunión de experiencias de la Palabra y la propuesta de la frase para vivir en el día, realizada con imágenes y música. La respuesta fue contundente. Cada día eran muchos los que contaban a todos cómo habían tratado de poner en práctica el Evangelio.

Siguió otro tema: "Introducción a la comunicación" y un taller sobre la construcción de la noticia a través de distintos juegos comunicacionales.

Luego, en los días siguientes nos detuvimos en distintos medios de comunicación y sus técnicas: radio, prensa escrita, teatro, televisión e internet. Se alternaron momentos de exposición y diálogo con talleres.

Cada jornada comenzaba muy temprano con la celebración de la Eucaristía y luego de la puesta en común de las experiencias de cómo cada uno había tratado de vivir la frase del Evangelio que nos habíamos propuesto el día anterior y presentar la nueva Palabra para el día, se iniciaba el trabajo que sólo era interrumpido por el almuerzo. El diálogo, las preguntas, los talleres fueron siempre con muchísima participación e integración de todos. El idioma (exponíamos en castellano, las diapositivas y los temas escritos estaban en francés y la traducción era en creole) no significó una barrera para nadie. No faltaron momentos recreativos con un conjunto de música local y ritmo de tambores.

El último día concluimos con la Eucaristía final presidida por Mons. Pierre Dumas. El momento del ofertorio fue especialmente hermoso, pues un grupo de niñas de la comunidad de Madian —localidad donde está el Centro Juan Pablo II— llevó, con la música del tambor y bailes, frutas propias de esta zona. La música es muy importante para la expresión del pueblo haitiano, y por ello la eucaristía es animada casi siempre por el toque del tambor y muchos cantos (algunas veces en francés y casi siempre en creole).

La entrega de certificados se realizó al finalizar la celebración. Sin dejar de sorprendernos por las muestras de cercanía y afecto de hermanos, Mons. Dumas pidió a todos un gesto de bendición para el equipo del CELAM. Con las manos alzadas como signo de bendición: "Se pou Bondye Beni yo!", ¡Que Dios les bendiga!

Por delante queda a cada uno multiplicar lo recibido, en sus equipos de trabajo y en los nuevos proyectos que deberán, como cierre y evaluación del Seminario, realizar en los próximos meses.

Para los que llegamos para compartir esta experiencia de Haití fue la posibilidad de cambiar la mirada sobre este pueblo maravilloso que muchas veces no es reflejado así en los medios de comunicación de nuestros países. Nos hemos enamorado de la sencillez, la alegría, el entusiasmo y la esperanza de los haitianos. Constatamos ser una misma Iglesia, que comparte como hermanos, la reciprocidad entre América Latina y el Caribe. Claramente sentimos que nos llevamos de Haití mucho más de lo que fuimos a dar.

Ha sido una experiencia extraordinaria.

 

Carlos Mana, Marita Sagardoyburu y Pablo Pereyra (Argentina);
Luisa Morcos (Perú);
María Caridad López Campistrous (Cuba) 

   




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