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12 de Marzo, 2014
CELAM

Entrevista a monseñor Carlos Aguiar, Presidente del CELAM

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Cuando se cumple el primer año del pontificado de Francisco, el CELAM avanza en la recta final de su Plan Global 2011-2015. Su actual presidente, monseñor Carlos Aguiar, hace un balance de los caminos que está transitando la Iglesia en América Latina y el Caribe.

Por estos días se reúnen los obispos de la presidencia del CELAM, así como los directores de los departamentos y de los centros. ¿Qué propósito tiene este encuentro?

Coyunturalmente estamos en un momento muy importante. Hay mucho camino avanzado y es satisfactorio constatarlo. Queremos revisar lo hecho durante el último año y consolidar los proyectos que nos quedan para el tramo final de este cuatrienio, y que consideramos importante que lleguen a buen término antes de la Asamblea de mayo de 2015.

¿Cuáles son los principales desafíos que el CELAM viene afrontando?

El cuatrienio anterior había insistido sobre la primera parte del lema que tuvo la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y caribeño: "discípulos y misioneros de Jesucristo". En ese momento se hizo un ejercicio muy interesante para abrir caminos en la transformación de la feligresía cristiana, a fin de que pueda constituirse en comunidades de discípulos. La conciencia de ser discípulo no es lo mismo que la conciencia de ser creyente. Ese ha sido un paso muy significativo que le está dando calidad al "ser católico" en América Latina. El discipulado misionero nos ha ayudado a no quedarnos con el talento escondido o enterrado, porque tenemos que transmitir la alegría de vivir siguiendo a Jesucristo.

La segunda parte del lema, "para que nuestros pueblos en él tengan vida", fue asumida en el presente cuatrienio. En nuestros pueblos latinoamericanos existen señales de que hay sed de Dios, de encontrar caminos de equidad social, de justicia, de libertad, y eso es precisamente la razón de ser de la venida de Cristo al mundo: que la humanidad se encuentre como una familia, como una fraternidad, en donde se pueda compartir lo que la misma humanidad produce. Y en eso consiste la equidad social. Es algo que recibimos como regalo y que podemos compartir con los demás. Por ahí nuestra sociedad va encontrando caminos para afrontar de una manera distinta los conflictos, las búsquedas de poder y de codicia, que muchas veces hacen parte de esta sociedad globalizada. Esta ha sido nuestra búsqueda en este cuatrienio, para que nuestros pueblos en él, en Jesucristo, tengan vida y la tengan en plenitud.

La presidencia del CELAM va a encontrarse con el Papa a finales de este mes, ¿qué buenas noticias le llevan de América Latina y el Caribe?

En primer lugar le contaremos de nuestro trabajo, de la responsabilidad que tenemos como CELAM. En este punto hemos logrado responder a las invitaciones que nos han hecho las Conferencias Episcopales del Continente. Hemos estado prácticamente con todas ellas, aunque todavía estaremos visitando una o dos en los próximos meses. Eso ha sido muy benéfico. Cuando las Conferencias Episcopales reciben a alguien de la presidencia del CELAM, se comparten las realidades, las necesidades y, ante esto, en qué puede servirles el CELAM. Esta relación ha sido muy positiva y ha respondido a un pedido de la Asamblea de 2011.

Además, en febrero hemos tenido un encuentro fraterno con los obispos de Estados Unidos y Canadá. Allí hemos visto que hay un gran interés por conocer más la experiencia latinoamericana de la Misión Continental y de las orientaciones del documento de Aparecida. También queremos comentarle esto al Santo Padre.

¿La Iglesia latinoamericana se está revitalizando al ritmo de Francisco?

La figura del Santo Padre nos está ayudando a todos. Es un líder global, pero para América Latina y el Caribe está siendo, sin lugar a dudas, un elemento de transformación, de vitalidad y de dinamismo, que nos invita a abrir nuestro corazón y nuestra sensibilidad hacia las periferias, hacia las situaciones más emergentes. Yo creo que en el interior de cada diócesis estamos haciendo un gran esfuerzo para llegar a estos rincones.

ÓSCAR ELIZALDE PRADA 




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