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26 de Marzo, 2014
DEPARTAMENTO DE FAMILIA, VIDA Y JUVENTUD

Directivos y secretarios generales de las conferencias episcopales reflexionan sobre la constitución pastoral "Gaudium et spes" y el próximo Sínodo de la Familia.

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EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA EN LA CONSTITUCIÓN PASTORAL "GAUDIUM ET SPES"

1. Contexto histórico de la GS y ubicación del tema

¿Qué doctrina hay en el momento del Concilio? El contrato matrimonial (consentimiento libre y voluntario que expresan un hombre y una mujer mediante el cual se dan y se reciben el derecho al cuerpo en aquellos actos propios para la generación de la prole) tiene las siguientes características:

- Es una institución sagrada querida por el Creador desde el principio;

- ha sido elevado por Jesucristo a la dignidad de sacramento haciéndolo símbolo de su unión con la Iglesia;

- Dos propiedades esenciales lo adornan: la unidad, mediante la cual un solo hombre con una sola mujer forman una sola carne y la indisolubilidad que hace del contrato matrimonial un vínculo permanente, "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre"

- La institución responde a una doble finalidad:

  • Fin primario: procreación y educación de la prole;
  • Fin secundario: la mutua ayuda de los esposos y el remedio a la concupiscencia.

La relación entre el fin primario y secundario se da en términos de subordinación y complementación.

- El amor conyugal se entiende en términos de caridad, pues los esposos deben asociar su amor al amor caritativo de Cristo por su Iglesia. El sentido de este amor conyugal va evolucionando poco a poco hasta asumir la persona de los cónyuges en sus diversas dimensiones humanas, afectivas y espirituales.

- El matrimonio además es un camino de perfección para los esposos, mediante el cual pueden alcanzar la santidad en el cumplimiento fiel de sus deberes conyugales y en la educación de los hijos.

La consideración del amor conyugal originó fuertes discusiones que pusieron en juicio la jerarquía de los fines. Esta problemática había sido promovida fundamentalmente por Doms (unión a dos) y Krempel (unión vital de los cónyuges) quienes daban mayor importancia al perfeccionamiento de los esposos y al crecimiento del amor conyugal que a la procreación. Frente a estas posiciones el Papa Pío XII y el Santo Oficio respondieron reafirmando la doctrina de la jerarquía de los fines establecida jurídicamente en el CIC.

El aporte del Papa Pío XII está en la importancia que da al sentido personalizante que los esposos deben infundir al acto conyugal, pues no se trata de un simple laboratorio biológico, sino de la expresión del don recíproco. Hay una unidad profunda entre la actividad biológica y la relación personal de los cónyuges, dado que el acto conyugal abierto a la procreación, lleva en sí toda una carga a la vez biológica, psicológica y afectivo-espiritual originada en la relación personal y el mutuo amor.

Tutela firmemente el primado de la dimensión institucional del matrimonio con sus fines primario y secundario, pero se nota una mayor explicitación del valor personal y un tentativo de conceder más espacio vital al aspecto interpersonal en el conjunto de la vida matrimonial.

También se llega al Concilio con una cierta claridad en cuanto a la santidad que se puede alcanzar con el sacramento del matrimonio. El perdurar del sacramento del matrimonio se constituye en el camino constante de santificación y perfección, ya que los esposos revestidos por la gracia que los méritos de Cristo les confiere, les permite alcanzar la santidad en su estado conyugal. Pío XII, que en varias intervenciones habla de la superioridad del estado de virginidad sobre el estado matrimonial, afirma que, también es posible alcanzar la santidad "sin consagrar la vida a Dios en el camino concreto de la virginidad.

2. Ejes centrales de la doctrina sobre el matrimonio y la familia el Concilio Vaticano II (LG 11 y 41; GS 47 – 52 y AA 11)

LG 11: sacramentalidad del matrimonio. Por el sacramento "tienen en su condición y estado de vida su propia gracia en el pueblo de Dios". En esta como Iglesia los padres cumplen su función de ser predicadores de la fe a sus hijos.

LG 41: Llamado universal a la Santidad. Los esposos y padres siguiendo su propio camino se ayuden con la gracia unos a otros y cumplan la misión de educar la prole.

AA 11: Importancia del apostolado de los cónyuges y de la familia. Cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Con su palabra y con su ejemplo. Manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y la santidad del vínculo matrimonial; afirmar el derecho-deber de la educación de los hijos; defender la dignidad y legítima autonomía de la familia. Medios para vivir esta identidad y esta misión.

Gaudium et Spes:

El capítulo primero de la segunda parte de la constitución pastoral Gaudium et Spes empieza dando una mirada a la realidad del matrimonio y la familia en el mundo actual en la que se reconoce que el bienestar de la persona, de la sociedad y de la Iglesia están está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad matrimonial y familiar. Luces y sombras.

El Concilio ve que "Sobre cada una de ellas debe resplandecer la luz de los principios que brota de Cristo, para guiar a los cristianos e iluminar a todos los hombres en la búsqueda de solución a tantos y tan complejos problemas" (GS 46).

Intima comunidad de vida y amor conyugal

El sacramento del matrimonio es una especificación del sacerdocio bautismal de los fieles, orienta en una dirección determinada dicho sacerdocio que es común a todos. El concilio se ha propuesto hacer comprender esta naturaleza profundamente eclesial y sacramental del matrimonio, de tal manera que sea vivido de acuerdo al ejercicio del sacerdocio común del cual participamos por el bautismo.

Esta "íntima comunidad de vida y amor conyugal" ha sido creada por Dios desde el principio y alcanza su cumbre en el sacramento que la eleva al plano sobrenatural, porque es vehículo y expresión del amor divino de Cristo a su Iglesia. Amar es dar la vida por el otro. Como Cristo la ha dado por la Iglesia, en totalidad de cuerpo y espíritu.

Este vínculo establecido por la libre decisión de dos personas y sanado por la redención de Cristo en la cual hemos sido insertados por el bautismo, ha sido dotado de bienes y fines propios y exige una plena fidelidad conyugal y una indisoluble unidad.

Fortalecidos por la gracia del sacramento los esposos pueden lograr la santidad en el ejercicio de su carisma propio que es el amor de donación. Santidad que tiene su repercusión social y apostólica, ya que los esposos están llamados a vivir su carisma en varias direcciones:

- Entre ellos: amándose y edificándose mutuamente.

- Con sus hijos: siendo testimonio y ejemplo vivo de amor y entrega.

- Con la sociedad:

  • Civil: el hogar es escuela del más rico humanismo.
  • Religiosa: esta especie de iglesia doméstica aumenta los hijos de la Iglesia y los incorpora a ella. Ejercen además varios campos de apostolado.

En esta perspectiva eclesial y de vivencia del sacerdocio común en el matrimonio, el amor conyugal adquiere una gran importancia y lo podemos caracterizar con dos peculiaridades:

a- Es el amor humano que abarca todos los sentimientos y todas las expresiones partiendo de las corporales. No es el simple amor de simpatía ni se confunde con el amor erótico y apasionado. Nace de lo profundo del corazón y se dirige de persona a persona.

b- Es un amor que ha sido redimido por Jesucristo y se ha insertado en la corriente de caridad que transcurre entre Cristo y su Iglesia. Un amor que en la gracia del sacramento recibe un elemento que lo cualifica como símbolo y expresión del eterno amor de Dios al hombre y de Cristo a la Iglesia. No es un amor espiritualista porque va de persona a persona y es humano, pero tampoco exclusivamente humano porque está llamado a hacer presente en el mundo el infinito y misericordioso amor donativo-redentivo de Cristo.

Es un amor que no prescinde de la procreación, pues por su misma naturaleza es fecundo. Es una mutua donación que se hace vida en cumplimiento de la misión que les ha encomendado el Creador a los esposos al llamarlos a participar de su dinamismo creador que cada día se hace manifiesto con el nacimiento de nuevas vidas.

En el amor conyugal y en la procreación los esposos deben realizar una misión que es parte de su carácter bautismal: hacer comprender la grandeza y la complejidad del carisma matrimonial mediante el buen ejemplo de su vida realizada en un amor sincero y en un amor fecundo.

La paternidad responsable: participación en el amor creativo de Dios.

"El amor conyugal y el matrimonio están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole" (GS 50). El matrimonio vivido en el auténtico amor conyugal es naturalmente fecundo. La procreación y educación de los hijos no son cosas extrínsecas al matrimonio y al amor conyugal, sino que constituyen su tensión interior, la plenitud de su significado. La finalidad de la "íntima comunidad de vida y amor conyugal" no puede agotarse en un "don a dos", sino que debe expresarse naturalmente en la fecundidad de nuevas vidas.

La procreación ha sido descrita como una especial colaboración con Dios creador, pues Dios ha asignado a la pareja humana una tarea que es muy importante en el ejercicio de su carisma sacerdotal, procrear, como testimonio de vida de un don recibido: la capacidad de amar y el ejercicio de una participación efectiva en la obra creadora y redentora de Dios, siendo intérpretes en cierto sentido de su amor fecundo en el comunicar la existencia a otros seres humanos y protegerla (GS 50). Amor y fecundidad son inseparables e interdependientes.

El cumplimiento de esta misión procreativa exige una gran responsabilidad de los esposos delante de Dios, pues Él los ha hecho fieles intérpretes de su voluntad, que es puro amor y donación, además ha puesto sobre ellos la gran responsabilidad de propagar el género humano, de velar por la sobrevivencia de la especie, responsabilidad social.

La respuesta a este compromiso ha de ser racional y no instintiva, no pueden proceder a su arbitrio, sino siempre dirigidos por una recta conciencia que esté conforme con la ley divina y dóciles al Magisterio que es fiel intérprete de esa ley (GS 50) teniendo en cuenta el bien propio, el bien de los hijos ya nacidos, de los hijos por nacer, el bien de la comunidad familiar, el bien de la sociedad y el bien de toda la Iglesia. Se les exige generosidad, capacidad de sacrificio y mucha confianza en la Providencia divina; más que en ninguna otra circunstancia de su vida matrimonial, tienen necesidad de ser fortalecidos por las gracias que les concede el sacramento en su actuarse y en su permanecer.

Tres criterios esenciales se deben tener en cuenta en el ejercicio de la paternidad responsable:

- Tener conciencia de su tarea humana y cristiana frente a la vida.

- Formarse un recto juicio sobre el número de hijos, teniendo en cuenta todas las circunstancias posibles que influyen en la generación de una nueva vida.

- El ritmo y número de hijos es tarea exclusiva de los esposos.

Por su finalidad pastoral, el concilio es muy sensible a las dificultades concretas y ha analizado algunas de ellas aunque sin llegar a determinar normas de orden moral. Uno de esos problemas concretos es el relacionado con la armonización del amor humano con el respeto a la vida.

Amor y procreación simultáneamente interactúan en la vida conyugal y establecen una cierta tensión que muchos la descubren contradictoria: de un lado, el amor conyugal necesita expresarse aún en los actos de orden sexual que le son propios, y de otro lado, la fecundidad no puede ser instintiva e irracional, sino regulada y responsable y esto contempla también la abstinencia de los actos conyugales que deben ser respetados siempre en su intrínseca tendencia a la fecundidad, como expresiones de auténtico amor (GS 51).

El Concilio reconoce la dramaticidad del problema, aún de los riesgos que comporta una prolongada abstinencia en orden a la fidelidad y estabilidad de la vida familiar, pero a la vez llama la atención para que no se tomen soluciones desesperadas e inmorales recordando que no puede haber contradicción verdadera entre las leyes divinas de la transmisión de la vida y el fomento del genuino amor conyugal (GS 50), lo cual exige de los esposos esfuerzos enormes tantas veces heroicos, especialmente en los más jóvenes.

Los cónyuges no pueden olvidar que Dios les ha confiado la vida, y por tanto han de respetarla y conservarla desde el momento mismo de su concepción, sin permitir los crímenes abominables del aborto y del infanticidio.

Compaginar la procreación responsable y el cultivo del amor conyugal entra en el ámbito del sentido profundamente humano de la sexualidad, que se inserta en la dignidad de la persona y no puede depender solamente de la sincera intención y la apreciación de los motivos, sino que han de tener criterios objetivos, basados en la naturaleza de la persona y de sus actos, siendo la castidad conyugal de gran ayuda, como la virtud que regula conforma a la razón, el ejercicio de la sexualidad, especialmente en su función biológico-genital.

El Concilio rechaza todos los medios deshonestos de regulación de la natalidad, sin detenerse a analizarlos, dado que el Papa Pablo VI, asumió el problema, encomendándolo a la "Comisión pro estudio de población, familia y natalidad" (Nota 14 del número 51 de GS).

La procreación conlleva la educación de la prole, que completa y lleva a plenitud la obra comenzada en la generación. Es una labor concorde entre marido y mujer que conjuntamente (presencia activa del padre, cuidado solícito de la madre) constituyen la fuente del hijo, porque es expresión del verdadero y auténtico amor conyugal que a la vez se beneficia con el cumplimiento de esta misión educativa. El propósito ha de ser llevarlos a la edad adulta con una buena capacidad de elegir una vocación y si ésta es el matrimonio "puedan fundar una familia propia en condiciones morales, sociales y económicas adecuadas" (GS 52).

3. Proyección: primer sínodo, año internacional, encuentros mundiales de las familias y segundo y tercer sínodo. Enhorabuena el I Congreso Latinoamericano de Pastoral Familiar.

Como podemos observar esta doctrina del Concilio ilumina todos los procesos que vienen después: recordemos Humanae vitae que surge como respuesta a los problemas que se plantearon en el Concilio (Nota 14 del número 51 de GS), luego tenemos Familiaris Consortio que es fruto del primer sínodo que se hizo sobre "La misión de la familia cristiana en el mundo actual", (cuatro partes: luces y sombras, designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, misión de la familia y pastoral familiar) en esta exhortación encontramos dos acentos muy fuertes: la misión de la familia (capítulo más extenso) y la parte pastoral (que es muy original), también debemos mencionar el ciclo de catequesis que desarrolló el Papa Juan Pablo II al inicio de su pontificado, muy centrado en la teología del cuerpo (riqueza que aún no se explora suficientemente). El año internacional de la familia (Carta a las familias) que dejó como herencia la celebración de los encuentros mundiales de las familias (7) que han ido enriqueciendo la doctrina y estimulando la acción pastoral sobre la familia.

Finalmente, el Papa Francisco nos sorprende gratamente con la convocatoria para el III Sínodo extraordinario de los Obispos que tratará de "Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización", que a la hora de la verdad culminará en la XIV reunión del Sínodo sobre el tema de Persona y familia en el 2015.

En el tiempo que estamos viviendo, la evidente crisis social y espiritual llega a ser un desafío pastoral, que interpela la misión evangelizadora de la Iglesia para la familia, núcleo vital de la sociedad y de la comunidad eclesial. La propuesta del Evangelio sobre la familia en este contexto resulta particularmente urgente y necesaria.

El Santo Padre ha decidido establecer para el Sínodo un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera, la Asamblea General Extraordinaria del 2014, ordenada a delinear el "status quaestionis" y a recoger testimonios y propuestas de los Obispos para anunciar y vivir de manera creíble el Evangelio de la familia; la segunda, la Asamblea General Ordinaria del 2015, para buscar líneas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia.

La consulta que se hizo fue muy amplia:

1 - Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia en relación a la familia.

2 - Sobre el matrimonio según la ley natural.

3 – La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización.

4 – Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles.

5 - Sobre las uniones de personas del mismo sexo.

6 - Sobre la educación de los hijos en las situaciones matrimoniales irregulares.

7 - Sobre la apertura de los cónyuges a la vida.

8 - Sobre la relación que existe entre la familia y la persona.

9 - Otros desafíos y propuestas.

Al inaugurar el consistorio extraordinario, el Papa les dijo a los Cardenales:

"En estos días reflexionaremos de modo particular sobre la familia, que es la célula básica de la sociedad humana. El Creador ha bendecido desde el principio al hombre y a la mujer para que fueran fecundos y se multiplicaran sobre la tierra; así, la familia representa en el mundo como un reflejo de Dios, Uno y Trino".

"Nuestra reflexión tendrá siempre presente la belleza de la familia y del matrimonio, la grandeza de esta realidad humana, tan sencilla y a la vez tan rica, llena de alegrías y esperanzas, de fatigas y sufrimientos, como toda la vida. Trataremos de profundizar en la teología de la familia, y en la pastoral que debemos emprender en las condiciones actuales. Hagámoslo con profundidad y sin caer en la casuística, porque esto haría reducir inevitablemente el nivel de nuestro trabajo. Hoy, la familia es despreciada, es maltratada, y lo que se nos pide es reconocer lo bello, auténtico y bueno que es formar una familia, ser familia hoy; lo indispensable que es esto para la vida del mundo, para el futuro de la humanidad. Se nos pide que realcemos el plan luminoso de Dios sobre la familia, y ayudemos a los cónyuges a vivirlo con alegría en su vida, acompañándoles en sus muchas dificultades, con una pastoral inteligente, animosa y llena de amor". (Consistorio extraordinario, Jueves 20 de febrero de 2014)

No podemos finalizar sin hacer una mención a lo que ha sido el recorrido del tema del matrimonio y la familia, después del Concilio, en la Iglesia que peregrina en América Latina:

Las conclusiones de las Conferencias del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Puebla y Santo Domingo, iluminan doctrinalmente y orientan sobre las opciones pastorales y las líneas de acción de la pastoral familiar. Hagamos una lectura sucinta de sus aportes:

1. El documento de Medellín (1968)[1], luego de analizar la problemática de la familia y de reconocer que sin embargo "continúa desempeñando un papel primordial en lo social, en lo cultural, lo ético y lo religioso"(Med. III.12), pide que la pastoral familiar sea una prioridad en la planificación de la pastoral de conjunto, y enuncia algunas orientaciones (Med III: 13-21:

  • Una educación temprana para el amor que sobrepase la simple educación sexual
  • Difundir la idea y facilitar la preparación integral al matrimonio
  • Elaborar y difundir una espiritualidad matrimonial
  • Inculcar la convicción de la paternidad responsable
  • Despertar la necesidad en los esposos del diálogo conyugal
  • Superar el conflicto generacional entre padres e hijos
  • Hacer que la familia sea verdaderamente Iglesia doméstica
  • Apertura de la familia a otras familias (marginadas, de otras confesiones...)Vivir la santidad conyugal y realizar el apostolado familiar

2. El documento de Puebla (1979)[2], presenta en primer lugar una rica reflexión teológica sobre la familia (P. 582-589), indicando que de esta comprensión, emana la misión de la familia (P. 589) y describiendo a continuación una opción básica en el sentido de que se hagan todos los esfuerzos para que haya una pastoral familiar "con la certeza de que la evangelización en el futuro depende en gran parte de la Iglesia doméstica" (P. 590). Este documento, propone "un esquema elemental de pastoral familiar" y unas líneas de acción (P.601 - 616). Sobre el esquema de pastoral familiar dice:

  • La pastoral familiar se inserta admirablemente en la pastoral de toda la Iglesia: es evangelizadora, profética y liberadora (P. 591 - 595)
  • Los agentes de la pastoral familiar son quienes se comprometen a vivir el Evangelio de la Familia y promueven comunidades eclesiales familiares
  • La pastoral familiar se desarrolla en los momentos cargados de gracia salvífica que acontecen en las parejas y familias y está íntimamente relacionada con la pastoral social (P. 597-598)
  • La pastoral familiar, partiendo de la Palabra de Dios, ofrece principios y pautas para la acción "ser más, sobre la tendencia de tener, poder, saber más, sin servir más (P. 599)
  • La pastoral familiar se desarrolla en ambientes de confianza y verdad; en la integración de los valores naturales de la familia con la fe y con el discernimiento cristiano (P. 600).

3. El Documento de Santo Domingo (1992)[3], siguiendo la tradición de la Iglesia, el legado del papa Juan Pablo II y de los documentos del Episcopado Latinoamericano anteriores, observa que "es necesario hacer de la pastoral familiar una prioridad básica, sentida, real y operante" por ser la familia cristiana "Iglesia doméstica" y célula primera y vital de la sociedad, "puede generar grandes energías que son necesarias para el bien de la humanidad":

  • Básica: frontera de la Nueva Evangelización
  • Sentida: acogida y asumida por toda la comunidad diocesana
  • Real: porque será respaldada decididamente por los Pastores
  • Operante: insertada en una pastoral orgánica

Cuatro líneas pastorales acompañan este sentir pastoral a favor de la familia:

  • Subrayar la prioridad y centralidad de la pastoral familiar. Una pastoral previsora, audaz y positiva, atenta a los signos de los tiempos y que acompañe a las familias más pobres (DSD 222)
  • Proclamar que Dios es el único Señor de la Vida. La pastoral familiar debe rechazar las políticas gubernamentales y las prácticas que atentan contra la vida naciente y terminal (DSD 223). Orientar a las parejas en situaciones irregulares (DSD 224). Fortalecer la vida de la Iglesia y de la sociedad a partir de la familia (DSD 225)
  • Invitar a teólogos, científicos y matrimonios cristianos a colaborar con el Magisterio Jerárquico para iluminar mejor los fundamentos bíblicos, las motivaciones éticas y las razones científicas para la paternidad responsable (DSD 226)
  • Ejercer el ministerio profético de la Iglesia denunciando toda violación contra los niños nacidos y no nacidos (DSD 227)

4. El Documento de Aparecida. Discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida. En la tercera parte: La vida de Jesucristo para nuestros pueblos, el capítulo Familia, personas y vida, se trata el tema de la familia: "Dado que la familia es el valor más querido por nuestros pueblos, creemos que debe asumirse la preocupación por ella como uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia. En toda diócesis se requiere una pastoral familiar "intensa y vigorosa"[4] para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados" (435).

En este contexto hemos de ubicar también el I Congreso Latinoamericano de Pastoral familiar que se realizará, Dios mediante, en Panamá del 4 al 9 de agosto. El tema del Congreso es: Familia y desarrollo social para la Vida plena y la comunión misionera y su objetivo es: "Impulsar desde las ciencias sociales, la teología y la pastoral una reflexión sobre la riqueza social de la familia, para que comprendiendo su ser y misión se promueva la Vida plena y la comunión misionera en los hogares del continente latinoamericano".

 

Pbro. JAIME RESTREPO SALDARRIAGA
Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal de Colombia

Director del Departamento de Matrimonio y Familia

 

[1] MEDELLIN. Conclusiones de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. CELAM. 1968

[2] PUEBLA. Conclusiones de la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina. CELAM. 1979

[3] SANTO DOMINGO. Conclusiones de la Tercera Conferencia General del Episcopado latinoamericano. Nueva Evangelización. Promoción humana. Cultura cristiana. CELAM. 1992.

[4] DI 5 




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