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21 de Mayo, 2014
OPINIÓN

La pedofilia, vergüenza para la Iglesia, por Guillermo Siles Paz, OMI

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A pesar de la vergüenza en la Iglesia Católica, la sociedad es testigo de que el Vaticano, en la Santa Sede, tomó la decisión de investigar 3.420 denuncias contra sacerdotes por presunto delito de pedofilia, de ellos 884 ya fueron echados del servicio. Además otros 2.572 también fueron sancionados de alguna otra manera, que no fue especificada.

Nadie puede negar que la pedofilia, trastorno sexual, sea uno de los temas más sensibles y dolorosos para la Iglesia Católica, como lo dijo el mismo Papa Francisco, es una “vergüenza”.

En los últimos años, pudimos presenciar, con cuánto énfasis se fueron revelando datos sobre los casos concretos; muchos de ellos corresponden a denuncias que luego fueron llevados a investigaciones profundas.

El papa Benedicto XVI asumió la responsabilidad de dar a luz todo lo que se fueron trabajando. Ahora, los casos que se han denunciado fueron investigados por las autoridades civiles para que los responsables asuman la responsabilidad. De los casos donde la justicia ha dado conclusiones, que la Iglesia ha respetado. 

Hoy se vive, lo que decimos, “tolerancia cero” porque no se puede admitir una situación tan dura para la Iglesia. Es cierto que hubo, en muchos casos negligencia y procedimientos que correspondían al proceso jurídico, pero también encubrimientos y simplemente los desplazaban a otros espacios. 

El Código de Derecho Canónico contempla penas concretas para estos casos. Según el Canon 1.395: “el clérigo que cometa un delito sexual con un menor de edad, sea este por medio de violencia o amenazas, debe ser castigado con penas justas que pueden incluir la expulsión del Estado clerical”. Pero era insuficiente ante las legislaciones civiles. 

Hoy no se pueden asumir responsabilidades extrajudiciales. La Iglesia asume la gran responsabilidad ante las víctimas del abuso infantil. Si hay delito debe ser denunciado, sancionado y castigado.

El papa Francisco ha decidido actuar con la mayor claridad.  En los últimos meses ha creado una comisión en defensa de la niñez y adolescencias que es la muestra de la importancia que se da al tema. Él decía en una oportunidad: "¿Nos avergonzamos? Tantos escándalos que yo no quiero mencionar singularmente, pero que todos sabemos cuáles... escándalos, en los que algunos han tenido que pagar caro. ¡Y eso está bien! se debe hacer así... ¡La vergüenza de la Iglesia!".

Aunque las investigaciones afectan al 1,2% de los sacerdotes en el mundo, es evidente que Francisco no quiere ningún acto de corrupción y encubrimiento en la Iglesia. 

Por su parte, la Iglesia de Latinoamérica está comprometida en colaborar con la justicia local como exige el papa. Muchas conferencias episcopales van elaborado las líneas de lucha contra la pedofilia. Las iglesias locales están obligadas, en este nuevo período, a regirse por las últimas normas y lineamientos para afrontar de manera “coordinada y eficaz” cada caso de pedofilia. 

A pesar de que la Iglesia tiene un sistema preventivo, pero no se puede descuidar el control sacerdotal en todos los procesos de formación y vivencia de la vida eclesial. Es evidente, todos los que pasan por la formación, asumen muchas responsabilidades. Los sacerdotes saben a dónde y a qué institución pertenecen. Todos estamos comprometidos a vivir la coherencia del evangelio de Jesús. Este período es el momento para asumir la corresponsabilidad. Nuevos problemas traen nuevas exigencias y conductas responsables con el evangelio.

En el proceso de reflexión, es importante preocuparse de las víctimas. En muchas situaciones se necesita tener instituciones y personas cualificadas para mediar en la sanación y el acompañamiento de las personas afectadas. La actitud de la Iglesia debe ser de compasión, misericordia y responsabilidad para devolverles la vida y dignidad a quienes pasaron por el abuso. Tal vez tarde un tiempo, pero ahí está el compromiso para tratar con las secuelas.

La sociedad contemporánea vive procesos de transformación muy acelerada y la Iglesia también es presa del relativismo moral. Por tanto, estamos confrontados; por un lado para construir una sociedad y una Iglesia con esperanza y justicia, pero también ser portadora de construcción del hombre pleno. Los sacerdotes somos seres parte de la sociedad para vivir, soñar y cultivar los valores cristianos.

Como apunte final. Toda denuncia debe ser investigada de acuerdo con las legislaciones locales, aunque la primera tentación es volver al pasado y enfatizar un puritanismo eclesial y sacerdotal, que también debe vivir una vida normal. En algún caso, tal vez sea necesario abrir otro tipo de reflexión sobre el ministerio. En todos los casos de pedofilia se necesita la asistencia especializada para todas estas personas, que son presa de este mal. 

(*) sacerdote oblato, misionero y comunicador social.




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