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28 de Mayo, 2014
MUNDO

El Papa Francisco hizo camino en Tierra Santa

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Tres días en Tierra Santa del Papa Bergoglio que llaman a la humanidad a rezar por la paz -"nunca más terrorismo"- y a mirar todo prójimo como hermano en auténtica dimensión de fraternidad.

El paso del Papa Francisco en Tierra Santa los días 24, 25 y 26 de mayo, —Amán, Betania, Belén, Tel Aviv, Jerusalén— es mucho más que un viaje: es un camino. El Papa Francisco puso en marcha la extraordinaria oración global por la paz en Medio Oriente el año pasado cuando instó al mundo a rezar en sus lugares por causa que nos duele hace tantas décadas. Ya se está gestando un próximo 6 de junio en el que los presidentes de Palestina e Israel rezarán en el Vaticano junto al Sumo Pontífice.

Un camino pontificio que deja huella, gestos, testimonios, palabras y, por sobre todas las cosas, el compromiso mundial de trabajar sin lugar para el cansancio en la construcción de la paz.

Compartimos a continuación la columna que firma un sacerdote argentino en la que ahonda en los pasos pontificios sobre Tierra Santa, recuperando memoria de trayecto y poniendo en valor una vez más la valentía del Papa Francisco para tomar como propios los dolores de la humanidad contemporánea.

Los gestos de Francisco en Tierra Santa

“La Providencia nos eligió para que nos entendiésemos” fueron las palabras del Papa Pablo VI al Patriarca Atenágoras, el 5 de enero de 1964. Esa frase del Papa Montini estuvo presente en estos tres días del histórico viaje del Papa Francisco a Tierra Santa, “como peregrino a visitar los lugares que han visto la presencia terrena de Jesucristo” [1]

Sus palabras valientes y sus iniciativas de diálogo y paz, en estos días, merecerán un análisis mas profundo. Pero detengámonos un instante en los gestos del Papa Bergoglio. Al igual que los inolvidables gestos proféticos de Pablo VI, los gestos de Francisco valen más que mil discursos. «Es necesario realizar gestos de humildad, de fraternidad, de perdón, de reconciliación. Estos gestos son premisa y condición para una paz auténtica, sólida y duradera», afirmó el mismo Francisco[2].

Contemplemos sus manos.

Manos para construir la paz. Hemos visto a Francisco apoyando su mano en el “Muro de la vergüenza”, donde rezó en silencio frente a ese muro de cemento que separa Cisjordania de Israel, el domingo antes de celebrar misa en Belén. Francisco quiso detenerse ante la estela por las víctimas del terrorismo. Una manera para equilibrar un desequilibrio inexistente, la demostración de ser un hombre libre, verdaderamente hombre de paz, atento y partícipe del sufrimiento de todas las víctimas. La misma mano derecha, que el lunes 26 se apoyo sobre otro Muro, el de los Lamentos, en la ciudad Santa de Jerusalén. Allí permaneció en silencio. Después rezó dos oraciones y, siguiendo la costumbre judía, depositó cuidadosamente los textos en un resquicio de los gigantescos sillares de piedra. El Papa no habló del muro ni de los muros. Simplemente los tocó. Abrazó así a todos. Demostró cercanía con los gestos. Gestos para paz: “La paz no se puede comprar, no se vende. La paz es un don que hemos de buscar con paciencia y construir ‘artesanalmente’ mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana. El camino de la paz se consolida si reconocemos que todos tenemos la misma sangre y formamos parte del género humano; si no olvidamos que tenemos un único Padre en el cielo y que somos todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza”[3]. Manos que se estrecharon en el fuerte abrazo de tres líderes religiosos —un judío, un cristiano y un musulmán— frente al Muro de los Lamentos marcó el momento cumbre de la última jornada del Papa Francisco en Tierra Santa. Cuando el Santo Padre terminó de rezar en el lugar más sagrado de los judíos, el rabino Abrahám Skorka y el líder musulmán argentino Omar Abboud, salieron a su encuentro emocionados. Los tres hombres se fundieron en un abrazo y un comentario: «¡Lo logramos!».

Manos para construir la Unidad. Sus manos  se unieron a las del Patriarca ecuménico Bartolomé, cuando caminaron juntos de la mano, en el Santo Sepulcro, ayudándose y apoyándose mutuamente, arrodillándose juntos en el lugar más sagrado para los cristianos de cualquier confesión. Allí Pedro y Andrés volvieron a abrazarse como hermanos (al igual que hace 50 años lo hicieron Pablo VI y el Patriarca Atenágoras). Manos fraternas unidas que saben que la unidad y la plena comunión no se logra mediante las alquimias teológicas, sino con el mutuo reconocimiento de una pertenencia común.  En esa oportunidad, Francisco besó la mano del Patriarca ecuménico de Constantinopla, como gesto de afecto y de enorme respeto. Y con firmeza nos dijo: “Dejemos a un lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo, el Espíritu del Amor (cf. Rm 5,5), para caminar juntos hacia el día bendito en que reencontremos nuestra plena comunión”[4]. Minutos antes el Patriarca Bartolomé había dicho: «esta Tumba sagrada nos invita a vencer otro miedo que es quizás el más extendido en nuestra época moderna: el miedo al otro, el miedo a lo diferente, el miedo al que sigue otro credo, otra religión u otra confesión. La discriminación racial o de cualquier otro tipo está todavía generalizada en muchas de nuestras sociedades contemporáneas; y lo peor es que frecuentemente incluso impregna la vida religiosa de los pueblos. El fanatismo religioso amenaza la paz en muchas regiones de la tierra, donde incluso el don de la vida es sacrificado en el altar del odio religioso. En estas circunstancias, el mensaje de la tumba vivificante es urgente y claro: amor al otro, al diferente, a los seguidores de otros credos y de otras confesiones. Amarlos como a hermanos y hermanas. El odio lleva a la muerte mientras que el amor “expulsa el temor” y conduce a la vida»[5].

Manos para consolar. Las manos del Papa acariciaron a niños refugiados sirios y palestinos, a niños enfermos de cáncer en Jerusalén, que como buen samaritano fueron reflejos de la ternura de Dios. Manos que Francisco besó a los sobrevivientes del Holocausto en su visita al memorial de las víctimas de la Shoah, en el Yad Vashem.

Manos para consagrar. Allí, en el Cenáculo, después de tantos años sin poder celebrarse la eucaristía, el Papa presidió la última misa en su Peregrinación a Tierra Santa. Allí, en el Cenáculo, “donde Jesús consumó la Última Cena con los Apóstoles; donde, resucitado, se apareció en medio de ellos; donde el Espíritu Santo descendió abundantemente sobre María y los discípulos. Aquí nació la Iglesia, y nació en salida. Desde aquí salió, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos, y el Espíritu de amor en el corazón”[6]. Manos eucarísticas que nos recuerdan “el servicio, el lavatorio de los pies, que Jesús realizó, como ejemplo para sus discípulos. Lavarse los pies los unos a los otros significa acogerse, aceptarse, amarse, servirse mutuamente. Quiere decir servir al pobre, al enfermo, al excluido, a aquel que me resulta antipático, al que me molesta”[7]. Manos que nos recuerdan “el sacrificio. En cada celebración eucarística, Jesús se ofrece por nosotros al Padre, para que también nosotros podamos unirnos a Él, ofreciendo a Dios nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas…, ofrecer todo en sacrificio espiritual”[8]. Finalmente, manos que nos recuerdan “la amistad. ‘Ya no les llamo siervos –dijo Jesús a los Doce-… a ustedes les llamo amigos’ (Jn15,15). El Señor nos hace sus amigos, nos confía la voluntad del Padre y se nos da Él mismo. Ésta es la experiencia más hermosa del cristiano, y especialmente del sacerdote: hacerse amigo del Señor Jesús, y descubrir en su corazón que Él es su amigo”[9].

Pbro. Luis Alberto Ausili

Párroco del Sagrado Corazón de Jesús, Diócesis de Lomas de Zamora, ARGENTINA

Se desempeñó como secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal para el Gran Jubileo del 2000 en la Conferencia Episcopal Argentina y es miembro del equipo animador de Pastoral Urbana Región Buenos Aires (PUBA)


[1] Francisco, en la visita al Gran Muftí de Jerusalén, 26 de mayo de 2014

[2] Francisco, Misa en el Estadio Internacional, Amán, 24 de mayo de 2014

[3] Francisco, Misa en el Estadio Internacional, Amán, 24 de mayo de 2014

[4] Francisco, Celebración Ecuménica en la Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén, 25 de mayo de 2014

[5] Bartolomé I, Celebración Ecuménica en la Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén, 25 de mayo de 2014

[6] Francisco, Misa en la Sala del Cenáculo, Jerusalén, 25 de mayo de 2014

[7] Francisco, Misa en la Sala del Cenáculo, Jerusalén, 25 de mayo de 2014

[8] Francisco, Misa en la Sala del Cenáculo, Jerusalén, 25 de mayo de 2014

[9] Francisco, Misa en la Sala del Cenáculo, Jerusalén, 25 de mayo de 2014




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