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24 de Junio, 2014
Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, se expresó en ocasión de la finalización del encuentro G77 + China

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El 14 y 15 de junio se llevó a cabo en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el encuentro del G77+ China. Según el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon se trató "de un encuentro con una importancia crucial para el diálogo multilateral, pues sin la participación activa y el compromiso del G77 sería difícil encontrar consenso en importantes cuestiones sobre el desarrollo".

El G77 fue creado el 15 de junio de 1964 con 77 países miembros. Actualmente tiene 133 de los cuales 94 asistieron a esta reunión en Bolivia.

En este marco y en su homilía de Pentecostés, el arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, ser refirió a este encuentro de carac´ter internacional, valorando el espacio y el idálo que en él se propicia entre las naciones partes.

Compartimos aquí el texto completo de esa homilía:

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ
DOMINGO 8 DE JUNIO, PENTECOSTÉS

 Hoy celebramos con gozo la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, aniversario del nacimiento de la Iglesia. Jesús en la última Cena hace una promesa a sus apóstoles: “Cuando venga el Consolador que les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad… él dará testimonio de mí”. La venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles reunidos en el Cenáculo en Pentecostés, es elcumplimiento de esa palabra. El Resucitado, a través de su Espíritu, desde este día estará presente en la historia de la humanidad y, de manera particular en la vida de la Iglesia que acaba de nacer.

El Espíritu Santo encuentra a María y los apóstoles “todos reunidos en un mismo lugar”, y los instituye como pequeña Iglesia. El Espíritu reúne a los creyentes en comunidad, alrededor del único Señor. Un cristiano no puede vivir su fe, solo y aislado; vivir la fe en comunión con los hermanos, es parte de su identidad y vocación.

La Iglesia no nace por iniciativa del hombre, es una comunidad que nace y es guiada por el Espíritu Santo, el Espíritu de la vida y la verdad, el amor y la valentía, significados en las imágenes del viento que sacude el lugar donde están reunidos los apóstoles y las llamas de fuego que se esparce sobre ellos. Estos signos expresan el poder del Espíritu Santo, poder que provoca el cambio total en los apóstolesdándoles el valor para romper las cadenas del temor que los paralizaba y que les mantenía encerrados ante las amenazas de los judíos. Con esa fuerza liberadora los apóstoles, “se pusieron a hablar”, dando testimonio, con mucha valentía, de la buena noticia: Jesús muerto y crucificado ha resucitado. Gracias a él nosotros todos los seres humanos hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y del mal y hemos recibido el don inestimable de ser hijos de Dios.

A partir de ese momento, el Evangelio del Resucitado, la buena noticia de la vida, el amor y la libertad que nos ha conquistado el Señor, es la tarea, la misión que la Iglesia y los cristianos tenemos que proclamar y testimoniar ante todas las naciones hasta el fin de la historia.

Desde sus inicios entonces la Iglesia nace como comunidad abierta, universal y misionera, que va al encuentro de todos los pueblos y de todas las personas: “En Jerusalén había judíos de todas las naciones… y cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua“.

Con estas palabras sencillas Lucas expresa el asombro y la sorpresa de los peregrinos porque cada cual entiende en su propia lengua ese mensaje extraordinario y único en la historia de la humanidad. No estamos ante un fenómeno de interpretación de idiomas, sino ante el milagro de que el lenguaje de la libertad, del amor, de la vida y de la fraternidad es universal, un mensaje que todos los hombres de cualquier raza y pueblo lo entienden.  El Espíritu del Señor no exige que renunciemos a nuestra manera de ser, a nuestra propia cultura y lengua para ser cristianos, sino que nos pide aceptar libre y personalmente a Jesús como Salvador y cumplir su Palabra, valorando lo positivo que hay en ella y purificando lo que no es acorde a su Palabra.

La gente pronto pasa de la maravilla y admiración, a la aceptación del Evangelio y se une a la comunidad a los discípulos: “Y aquel día se les unieron unas tres mil personas”. La adhesión a Jesús no es un acto individual, es un acto personal y comunitario, que nos une a los que, de entre todos los pueblos, optan por Él, formando así el nuevo y único Pueblo de Dios, la Iglesia. Desde Pentecostés se va forjando el nuevo Pueblo de Dios por el encuentro de muchos pueblos en la única fe en Jesucristo, es la pluralidad en la unidad, cada cual aportando desde su diversidad: es la riqueza de la complementariedad.

Pentecostés, es todo lo contrario de la Torre de Babel, allí una sola humanidad, con un solo lenguaje e idénticas palabras, con el orgullo y la ambición de alcanzar a Dios, se dispersó por toda la tierra, dividida y enemistada en la confusión de los lenguajes. La soberbia del hombre que prescinde o quiere suplantar a Dios, siembra el veneno de la incomprensión, la discordia, la división y la muerte.

Mirando, a la luz de estas palabras, a las confrontaciones regionales y sectoriales, las incomprensiones y divisiones, los paros y bloqueos que se dan frecuentemente en nuestro país, vemos que esta situación tiene un triste parecido con la torre de Babel. La cultura de la confrontación, que parece haberse instalado entre nosotros, no es el camino para superar los problemas, por el contrario los agudiza y prolonga, como nos demuestra la experiencia de tantos años.

El Espíritu de Pentecostés nos indica el único camino para llegar a una convivencia pacífica y democrática: valorar la diversidad como una riqueza, manifestar una voluntad sincera de escucha, fomentar la cultura del encuentro a través del idioma de la racionalidad, de la fraternidad, del bien común y del entendimiento a través de un diálogo abierto, constructivo y sensato.

Es necesario que todos los cristianos nos acojamos a este Espíritu de Pentecostés, que tomemos conciencia y demos testimonio de su presencia y acción con nuestro compromiso para que prime la comprensión, amor y paz no solo en nuestras comunidades, sino en todos los ámbitos de la sociedad. La paz verdadera es compromiso de todos, pero también y sobre todo don de Dios. Por eso, confiados en el Espíritu de la unidad y la verdad presente en nuestra historia, le pedimos este don, con una oración sincera y confiada, para que caminemos hacia la comunión plena en Jesús, nuestro único Señor, dando el testimonio del amor y la unidad que nuestra sociedad tanto necesita. De manera especial, distintas iglesias cristianas nos unimos en la Semana de Oración por la unidad de los cristianos, bajo el lema: “¿Está dividido Cristo?”, pregunta cuestionadora que hace San Pablo a los cristianos de Corinto y que nos repite a nosotros hoy. No podemos pedir paz al mundo, si los cristianos estamos divididos y no damos testimonio de unidad. Pidamos con insistencia la ayuda del Señor, para que con humildad y hermandad caminemos todos hacia la comunión plena en Jesús, nuestro único Señor y Salvador.

Con la asistencia del Espíritu de Pentecostés, el Papa Francisco nos da un constante testimonio de constructor de unidad y de paz. Desde los inicios de su mandato, ha puesto en marcha, con valentía y fortaleza, varias acciones en bien de la paz y unidad en el mundo. Un ejemplo señalado de sus esfuerzos por la paz ha sido su iniciativa para evitar una intervención militar en Siria. Hoy nuevamente el Papa Francisco ha invitado a las autoridades de Israel y Palestina, dos pueblos que están en un prolongado y doloroso conflicto, a que se unan a él para orar por la paz. Junto con ellos y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, plantarán también un olivo signo de paz.

Es una iniciativa muy ardua y delicada, por eso el Papa pide a todas las Iglesias en el mundo a que oremos por esta intención. Acogemos con total aperturaeste pedido y nos unimos con nuestras oraciones para que el Espíritu Santo, Espíritu de comunión de paz conceda este don precioso a esos pueblos sufridos.

En Santa Cruz el próximo fin de semana se realiza el evento del G77 + China, que reúne a jefes de estado y representantes de tantos países. Es de desear que esos trabajos estén enmarcados en el espíritu del encuentro, de la fraternidad y en el aprecio de los valores humanos presentes en todos los pueblos. Qué esta cumbre marque un hito importante en derribar divisiones y en trabaje por el acercamiento entre los pueblos y en la construcción de la paz, buscando lo que une y no lo que divide. Para nuestro país y para nuestra ciudad, representa un gran reto en la lucha en contra de la pobreza, en el crecimiento del espíritu democrático, en la convivencia justa, solidaria y pacífica. Que el G77 no se no reduzca a una ocasión para quedar bien delante el mundo, ni para dar una buena imagen o lograr prestigio, sino que sea una gran motivación para tomar iniciativas reales y efectivas que mejoren las duras condiciones de vida de la mayoría de nuestra gente.

Antes de terminar les invito cordialmente a orar también por nuestro querido Cardenal Julio que celebra hoy el trigésimo sexto aniversario de su ordenación episcopal, pedimos al Dios de la vida que le asista siempre con su Espíritu de sabiduría y fortaleza, para que, con su testimonio valiente, siga siendo una referencia clara y firme para toda nuestra Iglesia y nuestra sociedad Boliviana. Amén.

(Los destacados corresponden al original.)

VIRGINIA BONARD
FUENTES: Portales y Oficina de prensa del Arzobispado de Santa Cruz.




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