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16 de Julio, 2014
CII Asamblea de obispos de Venezuela

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A favor de la esperanza para derrotar el pesimismo, el sacerdocio como valor y "primereando" al encuentro de mundo.

Compartimos con nuestros lectores en primer término los textos completos de la apertura de esta Asamblea episcopal a cargo de Mons. Diego Rafael Padrón Sánchez, arzobispos de Cumaná.

Luego, la exhortación pastoral de la CII° asamblea del episcopado venezolano, cuya lectura estuvo a cargo de Mons. Manuel Felipe Díaz, arzobispo de la Arquidiócesis de Calabozo.

Palabras de apertura CII Asamblea Ordinaria Plenaria de la CEV

 

Salutación Inaugural del Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana en la Apertura de la CII Asamblea Ordinaria

Emmo. Sr. Cardenal

JORGE UROSA SAVINO
Arzobispo de Caracas
Presidente de Honor de la Conferencia Episcopal Venezolana

Excmo. y Rvdmo. Mons.
ALDO GIORDANO
Nuncio Apostólico de Su Santidad

Sres. Arzobispos y Obispos de Venezuela

Sres. Obispos Eméritos

Sres. Presidentes y demás miembros de las Juntas Directivas de la Conferencia Venezolana de Religiosos y Religiosas (CONVER), del Consejo Nacional de Laicos (CONALAI), de la Asociación Venezolana de Educadores Católicos (AVEC) y de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Sres. Directores y demás miembros de los Departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV).

Invitados Especiales

 Sres. Representantes de los Medios de Comunicación Social

Iniciamos nuestra segunda Asamblea anual en el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Saludo de manera especial a Su Excelencia Mons. ALDO GIORDANO, Nuncio Apostólico del Papa Francisco en Venezuela, y le doy en nombre de mis hermanos Obispos la más cordial bienvenida a esta Asamblea y a esta casa. Su presencia entre nosotros, las visitas de carácter pastoral que ha iniciado a nuestra Iglesias Particulares y su valiosa intermediación en el intento de diálogo entre el Gobierno y la oposición nos confirman la cercanía del Santo Padre a nuestro país, manifestada de múltiples modos desde el comienzo de su pontificado.

Abrimos esta centésima segunda Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) con la visión de la Iglesia universal fortalecida y renovada por la extraordinaria personalidad del Papa Francisco y con la visión de nuestra Iglesia venezolana como pueblo de Dios que peregrina en medio de las tribulaciones de la historia y de los consuelos del Señor.

Panorama Eclesial

En el primer semestre de este año sobresale en el panorama eclesial la reciente canonización de los dos grandes Papas que le dieron el mayor impulso al Concilio Vaticano II. El primero, San Juan XXIII, porque lo convocó e inició, y el segundo, San Juan Pablo, porque centró su largo pontificado en procurar la aplicación de la doctrina conciliar a la vida de la Iglesia. Ambos pontífices, tanto por su personalidad, como por su testimonio de santidad, y, particularmente por su actitud pastoral de diálogo con el mundo y de apertura a los no cristianos, contribuyeron como ningún otro al cambio de imagen de la Iglesia.

Juan XXIII, el día 04 de octubre de 1962, una semana antes de la inauguración del Concilio, a pesar de conocer el diagnóstico de una enfermedad que ponía en riesgo su salud, hizo una peregrinación a la ciudad de Asís. Esta visita a la cuna de San Francisco tuvo en ese momento una resonancia mundial, pues por una parte, era la primera vez desde 1870 que un Papa salía oficialmente de Roma y, por otra, porque el 11 de septiembre – un mes antes – en una importantísima y programática alocución radiofónica el Papa había dicho que el Concilio debía destacar que la Iglesia era “la Iglesia de los pobres”. La visita, en ese momento, a San Francisco de Asís era, por tanto, un gesto extraordinariamente significativo, cargado de profetismo. En pocas palabras, Juan XXIII quería una Iglesia renovada en sus miembros y en sus estructuras, aspiraba a que el Concilio fuera un nuevo Pentecostés, veía a los no católicos como “hermanos” y valoraba su patrimonio religioso y sacramental como un tesoro común con los católicos.

A medida que se acercaba el 11 de octubre de 1962, Juan XXIII acentuaba sus disposiciones espirituales para entrar en Concilio. El 15 de septiembre de 1962, al terminar sus Ejercicios Espirituales, escribió en su diario: “Fue una fervorosa meditación para unirme con el Señor en la oración, en el pensamiento y en la callada y firme voluntad. Me queda de ella en el corazón un celo acrecentado por llevar a cabo lo que corresponde a mi ministerio, a mi tarea apostólica. ¡Señor Jesús, llena tú mis deficiencias! Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”[1]

El Papa Francisco, en la homilía de su canonización, escribió: “Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un Pastor, un guía-guiado. Este fue su gran servicio a la Iglesia: fue el Papa de la docilidad al Espíritu”.

San Juan Pablo II fue el último Papa que fue Padre Conciliar. El mismo en una entrevista cuenta cómo fue su participación. Dice que tuvo la especial fortuna de poder formar parte en el Concilio desde el primero al último día. Eso fue algo imprevisto, porque las autoridades comunistas de Polonia consideraban el viaje a Roma un privilegio que sólo ellos manejaban. Para él, joven Obispo Auxiliar, el Concilio fue una gran experiencia de Iglesia o, como se decía entonces, el seminario del Espíritu Santo, que hablaba a toda la Iglesia en su universalidad a través de los Obispos del mundo entero. Todo esto tuvo mucha importancia para la nueva evangelización que, según el mismo Papa, comenzó en el Vaticano II[2].

El largo pontificado de Juan Pablo II –afirma el Profesor Mauro Velati- fue probablemente el verdadero punto de llegada de la constitución de un catolicismo post-conciliar […] También el encuentro de 1986 en Asís es un ejemplo de reelaboración creativa de las intuiciones del Concilio. Dicho encuentro suscitó reacciones contrapuestas. […] Sin embargo, por encima de todo, ese encuentro parece indicar la vía para hacer que el diálogo ecuménico salga de una espiral de encerramiento…[3]

Pero para saber quien era San Juan Pablo II, había que verlo rezar – dice un colaborador suyo -, sobre todo en la intimidad de su oratorio privado[4]

En la Homilía de la canonización de estos dos pontífices, el Papa Francisco, en una referencia a las llagas gloriosas de Cristo, dijo que ellos tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne del hermano (cf Is 58,7), porque en cada persona que sufría, veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Los dos Papas y ahora Francisco nos están diciendo para tener una Iglesia y una sociedad que vivan en concordia y unidad el único camino es el diálogo, el encuentro y la reconciliación.

A nivel de Iglesia en Venezuela, la Conferencia Episcopal se ha visto disminuida en sus miembros. Después de una intensa labor evangelizadora y de una penosa enfermedad ha regresado a la casa del Padre celestial el Excmo. Mons. Juan María Leonardi, Obispo de Punto Fijo. Más recientemente, el Excmo. Mons. Antonio José Ramírez Salaverría, Obispo Emérito de Maturín. Era el último Obispo venezolano testigo presencial y uno de los dos mil cuatrocientos Padres del Concilio Vaticano II. Ambos Pastores, como reza el libro del Apocalipsis, descansan de sus fatigas, porque sus obras los acompañan (Ap 14,13). Sabemos que el Señor premia con el gozo eterno a sus servidores fieles (Mt 25,21).

En España, en La Cartuja de Barcelona, recupera su salud el Excmo. Mons. Tomás Jesús Zarraga, Obispo de San Carlos. Las noticias que tenemos son alentadoras.

En Febrero pasado los Obispos participamos con gozo en la Ordenación Episcopal de su Exc.ª Mons. Raúl Biord Castillo, Obispo de La Guaira, quien acaba de cumplir veinticinco años de ministerio sacerdotal, y ayer participamos con el mismo gozo en la ordenación de su Exc.ª Mons. José Trinidad Fernández Angulo, Obispo Auxiliar de Caracas. A ellos, en nombre de los hermanos Obispos, mi fraterna y cordial felicitación y la bienvenida a este Colegio Episcopal. Felicito en nombre de toda la Conferencia a S. E. Mons. Felipe González a quién la iglesia le ha pedido un nuevo servicio misionero en el Vicariato Apostólico del Caroní.

A toda la Iglesia de Venezuela, a cada diócesis, parroquia, comunidad y grupos de apostolado le corresponde celebrar los ciento cincuenta años del nacimiento del Venerable Dr. José Gregorio Hernández. Él es el venezolano más conocido, amado e invocado dentro y fuera de los límites del país, el “médico de los pobres”. La conmemoración de su nacimiento es una ocasión para recabar y poner por escrito aquellos relatos de signos, considerados milagrosos, atribuidos a la intercesión del eximio doctor. El es un venezolano, que en las actuales circunstancias del país, es un poderoso factor de unidad nacional. Su anhelada beatificación y posterior canonización serían una bendición de Dios que haría mucho bien a toda la nación, necesitada de testigos como él, hombre probos, doctos y ejemplos de servicio al prójimo y el país.

En el mes de octubre comienza el año preparatorio del V Centenario del nacimiento de la mística Doctora Santa Teresa de Jesús. Será, sin duda, una gran conmemoración en el que la que la iglesia venezolana hará sentir su aprecio y veneración de la figura de la santa Madre, a su doctrina y a la vida contemplativa que ha seguido sus pasos.

También se conmemoran los quinientos años de la llegada de los primeros misioneros dominicos a las costas orientales de Venezuela y el inicio de la conquista pacifica de los habitantes de la Tierra de Gracia.

Durante estos días de convivencia ocupará preferentemente nuestra atención la Asamblea Conjunta de Obispos y Presbíteros, iniciativa de encuentro y comunión, ocasión privilegiada para escucharnos y orar juntos, para profundizar nuestra conciencia sacerdotal y animarnos mutuamente en el servicio del pueblo de Dios y, también, una ocasión propicia para discernir los signos de los tiempos e iluminar el camino de la Iglesia en la difícil situación económica y político-social por la que atravesamos los venezolanos. No será, pues, un formalismo jurídico, pastoral ni espiritual. Será una puesta en común, una profunda reflexión sobre la vida sacerdotal en el ámbito diocesano y nacional.

Panorama Nacional

Venezuela reclama un cambio urgente en todos los órdenes. Dejando lo económico y político a los especialistas, en el ámbito de lo social y ético. Da tristeza ver el progresivo deterioro de las instituciones y de la convivencia entre los ciudadanos.

Se ha perdido la confianza mutua. La imagen que sobresale ya no es la del abrazo de hermanos.

La nota más resaltante es la división interna de los sectores mayoritarios. El país se ha convertido en un rompecabezas difícil de armar. Más de nueve millones de venezolanos viven en pobreza extrema. Con el dialogo iniciado en febrero entre Gobierno y Oposición se esperaba encontrar caminos comunes para la superación de la conflictividad e ingobernabilidad. Pero sucedió lo que también muchos esperaban. El dialogo no fue más que una simple contingencia sin proyección ni consecuencias. Se congeló sin resultados. No obstante, el país sigue reclamando dialogo, entendimiento y sensatez. No un dialogo que sea solo un mecanismo para apaciguar la protesta, sino verdadero, con una agenda visible que conduzca a resultados tangibles. El dialogo es la alternativa no a la protesta pacífica sino a la conflictividad y la violencia sociales. El país no está en calma, se vive con sobresalto.

A nivel ético, la corrupción es el peor enemigo de la sociedad, de la economía y de la justicia. La Ley Habilitante en manos del Presidente de la República debería ser un instrumento eficaz contra la corrupción y formas o procedimientos ad latere , como el nepotismo.

Con testigos provenientes del medio estudiantil, político y del pueblo en general se evidencia que en Venezuela no se respetan los derechos humanos y que la Constitución Nacional y las leyes no son la última palabra en la administración del ajusticia sino la discreción de jueces y funcionarios y sus intereses por mantener el poder, los privilegios y el control político de la situación.

Los reiterados anuncios de intento de magnicidio y de golpe de estado son de escasa credibilidad y solo contribuyen a crear incertidumbre y a justificar la persecución política.

Hace apenas tres días el Papa Francisco, envió una carta al ciudadano Presidente de la República en la que, con vivo afecto encomienda a la protección de la Virgen de María de Coromoto, a todos los venezolanos para que avancen unidos por las sendas de la justicia, la concordia y el mutuo entendimiento en la edificación de una sociedad cada vez más solicita y reconciliada.

Es el mismo Papa que invito al Presidente de Israel y a la Autoridad Nacional Palestina a reunirse y a orar juntos por la paz del Medio Oriente. Ambos mandatarios sin ser cristianos, aceptaron la invitación.

Es el mismo Papa que atribuye al Mundial que se desarrolla en Brasil una dimensión profundamente humana, ético-social. En su mensaje a los participantes y al mundo entero escribe: Mi esperanza es que, además de una fiesta del deporte, este Mundial se pueda transformar en una fiesta de la solidaridad entre los pueblos… que los partidos de futbol sean considerados un juego y al mismo tiempo una oportunidad para el dialogo, el entendimiento, de mutuo enriquecimiento humano.

A pesar de todos los medios que nos hostigan internamente nadie puede negar que Venezuela es una nación con grandes recursos humanos de talento y valores morales, con una juventud que en su mayoría lucha denodadamente por construir y construirse un futuro de calidad.

En consecuencia es necesario derrotar el pesimismo y levantar la esperanza. Somos un pueblo creyente, de mayoría católica.

¡Invocamos ahora la fe de nuestro pueblo¡ No nos guiamos por una visión mágico-religiosa de la realidad sino que como el Doctor José Gregorio Hernández, descubrimos que no hay contradicción entre la fe y la razón sino que la fe ilumina a la razón.

Pongamos todo nuestro esfuerzo, desde los más diversos ángulos, por sacar el país hacia adelante y contemos con el apoyo divino. “ La esperanza en Dios no defrauda” (Ro 5,5)

 

[1] Juan XXIII, Diario del alma, citado por Giuseppe Alberiego en Historia del Concilio Vaticano II. Salamanca 1999,408

[2] Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Plaza and Janes Editores. México, 1994, 104-105.

[3] Velati, M. Los otros: ecumenismo y religiones en Revista Concilium Nº 312, Septiembre 2005, 487.

[4] Messori, V. Introducción al libro Cruzando el umbral de la Esperanza, 23 

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 Exhortación Pastoral de la CII Asamblea de la CEV: “Compartimos el consuelo que recibimos de Dios” (Cf. 2Co 1, 4)

  Conferencia Episcopal Venezolana
  CII Asamblea Plenaria Ordinaria
  Exhortación pastoral
“Compartimos el consuelo que recibimos de Dios”
(Cf. 2Co 1, 4)

  I. Introducción.

  1. Los obispos miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana, reunidos una vez más en asamblea ordinaria, saludamos en el Señor a toda la Iglesia que peregrina en nuestra Patria. Durante estos días hemos tratado asuntos diversos que tienen que ver con nuestra misión pastoral. Entre esos temas resaltan la situación nacional, el estudio y profundización de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, de Su Santidad el Papa Francisco y la preparación de una asamblea nacional de pastoral para el próximo año. Además, hemos tenido el gozo de recibir durante dos días a una calificada representación de los presbiterios de nuestras diócesis y vicariatos apostólicos, Queremos compartir con todos los venezolanos algunas reflexiones suscitadas en el transcurso de nuestra reunión, como es costumbre al término de cada asamblea.

  II. Asamblea conjunta obispos – presbíteros.

  2. La asamblea conjunta obispos – presbíteros forma parte de una serie de encuentros que nuestra Conferencia ha realizado a lo largo de su medio siglo de existencia. Estos momentos de oración, reflexión y compartir fraterno han sido siempre gratos y fructíferos, y han constituido, sin duda, un estímulo notable a nuestra acción pastoral. Efectivamente, los presbíteros están siempre a nuestro lado en el trabajo cotidiano de las iglesias particulares. Merecen nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y afecto paterno .

  3. El sacerdote cumple su papel muchas veces entre contradicciones. Su misión es con frecuencia puesta en duda o ridiculizada. Las limitaciones humanas que, naturalmente, afectan también a los sacerdotes, provocan no rara vez caídas y fallas, algunas de ellas graves, las cuales son injustamente generalizadas y enrostradas a los ministros ordenados, cuando la verdad es que la gran mayoría se esfuerza por guardar íntegra fidelidad a sus compromisos, y su trabajo produce, como los campos del sembrador del Evangelio, unas veces treinta, otras sesenta, otras ciento por uno (Cf. Mt 13, 23).

  4. Por esa razón, la labor de los sacerdotes es considerada de gran valor por las comunidades cristianas, y ello se traduce en el aprecio por ellos, en la búsqueda de su orientación y opinión en campos diversos, en el surgimiento de vocaciones sacerdotales en el seno de las familias y las comunidades. Así lo expresa el Concilio Plenario, que reconoce “la importancia de la labor de los presbíteros y aprecia la entrega y la donación que, desde el amor a la Iglesia, son estímulo y ejemplo para todo el Pueblo de Dios y fomento de las vocaciones” .

5. En el hoy de nuestra Patria, la labor de los pastores implica saber tender puentes para propiciar el encuentro entre adversarios, y promover la reconciliación de nuestro pueblo, fracturado y dividido por las ideologías y las mentalidades. Obispos y presbíteros queremos renovar el compromiso de hacer realidad, en el seno de nuestros presbiterios y comunidades, la súplica que dirigió Jesús antes de su Pascua: “te ruego por ellos, para que sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea” (Jn 17, 21), pues sabemos que Cristo estableció la comunión como signo de autenticidad de su Iglesia, que es “sacramento… de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”.

6. En estos últimos años ha habido un incremento considerable de seminaristas y, por consiguiente, de ordenaciones sacerdotales. Sin embargo, el aumento de la población y el surgimiento de nuevos problemas hace insuficiente el número de ministros ordenados para atender las necesidades del Pueblo de Dios. Sabemos que la promoción de las vocaciones sacerdotales corresponde a toda la comunidad cristiana, pero especialmente es una tarea encomendada a los obispos y presbíteros. Nos comprometemos, pues, a trabajar denodadamente a fin de que podamos descubrir el llamado que el Señor ha sembrado en el corazón y el alma de muchos jóvenes.

  III. Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.

7. En la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio) , el Papa Francisco ofrece una visión general de la misión evangelizadora de la Iglesia, deteniéndose en algunos puntos particulares. El Santo Padre quiere no solamente motivarnos, sino también interpelarnos para que cambiemos muchas de nuestras actitudes, con el fin de lograr la tan deseada transformación misionera de la Iglesia. Invitamos cordialmente a los fieles católicos y las personas de buena voluntad a leer, meditar y poner en práctica este importante documento pontificio.

  8. Desde el propio título de la Exhortación el anuncio del Evangelio se presenta como un testimonio gozoso, un mensaje que se comparte con alegría. En efecto, una de las razones por las que el anuncio misionero se vuelve estéril e ineficaz es su presentación fría e impersonal, incapaz de tocar el corazón de los hombres de hoy. El Papa nos invita a anunciar la alegría del Evangelio incluso en el contexto de sufrimientos, confrontaciones, violencia y, en general, del drama que muchas veces caracteriza nuestra historia actual . Ese testimonio es de mucho valor precisamente en ese ambiente, donde muchos pierden la esperanza y el deseo de vivir, sintiéndose vacíos y llenos de amargura. El documento nos dice que el hecho de evangelizar fortalece la propia fe del evangelizador y aporta consuelo a sus destinatarios.

  9. El Papa nos invita a adelantarnos, a “primerear” en la iniciativa de salir al encuentro de este mundo necesitado de la luz del Evangelio . La actitud de la Iglesia en el cumplimiento de la misión que le dejó su Fundador debe ser siempre una mano extendida con franqueza, con cordialidad, con deseo de hacer el bien a todos. Ésta ha sido la característica fundamental del Cristianismo, que debe conservar y profundizar en las actuales circunstancias.

  10. La Iglesia existe para evangelizar, nos recordaba Pablo VI . El contenido del anuncio evangelizador es, en primer lugar la persona, la obra y el mensaje de Cristo, la salvación obrada a través de su misterio pascual . Unido a este núcleo fundamental se anuncia también la verdad sobre el hombre y el mundo, tal como se perfilan en la Revelación. Este anuncio no se refiere únicamente a las realidades espirituales y a la vida eterna, sino que incluye también la vida del hombre sobre este mundo y sus relaciones con sus semejantes. Por eso, el Papa Francisco considera parte importante del anuncio evangelizador aspectos eminentemente socio-políticos, como son la inclusión social de los pobres, la paz y el diálogo social.

  IV. Panorama social.

  11. La Iglesia en Venezuela, fiel a su misión, emplea sus fuerzas en anunciar a Cristo y su Evangelio. Su organización, sus ministros y sus instituciones son otros tantos medios para llevar a cabo ese objetivo fundamental. No pocas veces la naturaleza y acción de la Iglesia han sido tergiversadas, en medio del calor de la diatriba política e ideológica que ha caracterizado los últimos años de la historia venezolana. Cuando los Obispos fijamos posición sobre temas diversos que atañen al acontecer nacional, lo hacemos como exigencia ética y moral de justicia, equidad y paz entre todos los venezolanos. Quienes nos acusan de actuar como actores políticos lo que hacen es desvirtuar el derecho que nos compete como ciudadanos y pastores a cumplir nuestro deber: defender y promover la dignidad del ser humano, así como el bien común. Se trata de un servicio que prestamos al pueblo venezolano, fieles a la visión del mundo y de la humanidad como creaturas de Dios, sometidas a sus leyes eternas. A este respecto afirma el Papa Francisco: “Los pastores… tienen derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, ya que la tarea evangelizadora implica y exige una promoción integral de cada ser humano” .

12. La situación del país siempre ha reclamado una palabra por parte de esta Conferencia Episcopal. Son ya conocidas las difíciles circunstancias que afectan a la población en general: la violencia, inseguridad y criminalidad crecientes, el drama del desabastecimiento, el alza constante del costo de la vida, unida a las sucesivas devaluaciones de la moneda, la aplicación de controles excesivos a la actividad productiva. El pueblo se ve sometido a largas colas para obtener el mínimo sustento necesario, o a padecer las fallas de los servicios públicos fundamentales, como el agua y la luz eléctrica. Todo esto afecta al desenvolvimiento y tranquilidad de muchas familias. Quienes tienen en sus manos la solución de los problemas del pueblo parecen dar preferencia a otros intereses. Los pobres y en general los que sufren vienen a ser así simplemente una excusa o una pantalla ideológica para lograr otros fines.

  13. Agrava esta situación el panorama político actual: la pretensión de imponer un modelo político totalitario y un sistema educativo fuertemente ideologizado y centralizado, que amenaza su propia viabilidad y calidad; la criminalización de las protestas y la politización del poder judicial, que se manifiesta, entre otras cosas, en la existencia de presos políticos y en la situación de tantos jóvenes privados de libertad por haber participado en manifestaciones. Los partidos políticos experimentan divisiones internas por apetencias e intereses particulares. Mientras tanto, se siguen arrastrando situaciones problemáticas graves, como la corrupción en todas las esferas del Estado e incluso de la sociedad, la pérdida de control por parte del Estado de las instituciones penitenciarias, el generalizado militarismo y una desproporcionada represión de cualquier disidencia. Una vez más solicitamos la libertad de los estudiantes y medidas de gracia para los presos políticos y para quienes han emigrado por razones políticas.

  14. Todo ello viene a constituir una atmósfera social asfixiante que empuja a algunos a abandonar el país, a muchos les hace perder la esperanza de lograr un cambio real de las condiciones socio-políticas y a otros, en fin, los lleva a asumir actitudes violentas. La Constitución consagra el derecho a la libertad de pensamiento, y por tanto a la disidencia y a la legítima protesta. En estas circunstancias se hace sumamente actual el llamado que el Santo Padre hace en su Exhortación a poner en primer lugar a la gente, con sus problemas reales, y a privilegiar a los pobres como sujetos sociales, actores de su desarrollo y superación.

  15. No será posible encontrar soluciones satisfactorias a los problemas que aquejan a la gente, ni se dará una verdadera reconciliación en nuestra sociedad, si no nos escuchamos, si se reprime sin investigar las causas por las que surgen las protestas. No es posible pretender una paz que suponga la renuncia a los derechos humanos, la aceptación de un estilo de vida impuesto y la utilización de la Constitución y las leyes a través de interpretaciones no compartidas y más bien rechazadas y denunciadas.

  V. Asamblea Nacional de Pastoral.

  16. Una de las tareas que nos dejó el Concilio Plenario de Venezuela fue la realización periódica de asambleas pastorales nacionales , que contribuyeran a conservar el espíritu de fraterna cooperación y caridad entre los miembros del Pueblo de Dios que caracterizó al mismo Concilio. Hemos decidido convocar la primera de estas asambleas para el año 2015. Es necesario que toda la Iglesia que peregrina en Venezuela pueda sentir este acontecimiento como algo propio, y debe insistirse en que se pongan en práctica las instancias participativas previstas tanto en las diócesis como en las parroquias.

  17. Entre las tareas de la Asamblea Nacional de Pastoral estará, sin duda, un examen sincero de la fe y práctica religiosa del pueblo cristiano, teniendo presente la realidad de división y odio que pretende imponerse en el país. En tal sentido, esta Asamblea debe ser una contribución al reencuentro de los venezolanos y a la reconstrucción del país. Además, se hará énfasis en la pertenencia y la comunión eclesial, así como en un compromiso misionero más decidido que nos lleve a transmitir la fe. Los cristianos creemos que Jesucristo y su proyecto son una Buena Noticia para Venezuela en los momentos que estamos viviendo. Es necesario proclamar de nuevo proféticamente el Evangelio, esa Buena Noticia de que “Jesucristo nos ama, dio su vida para salvarnos, y ahora está vivo a nuestro lado cada día, para iluminarnos, para fortalecernos, para liberarnos” . La Asamblea Nacional de Pastoral contribuirá a la aplicación de las directrices del Concilio Plenario de Venezuela, así como al reimpulso de la Misión Continental Permanente, que nos dé la fuerza y la luz de Jesucristo en las circunstancias particularmente difíciles que vivimos.

  VI. El consuelo de la fe.

  18. Nuestro pueblo conserva y vive la fe que le ha sido transmitida por sus antepasados. Fue la fe que permitió a nuestros mayores soportar y superar el desangramiento que hace doscientos años acarreó la Guerra de Independencia. Fue la fe que logró salir incólume de las contiendas republicanas y de las persecuciones a la Iglesia. Fue esa fe la que animó la vida de muchos venezolanos ilustres, como el Dr. José Gregorio Hernández. Esa fe, entregada por las pasadas generaciones, ha sido recibida por nuestros jóvenes, quienes con su entusiasmo y alegría siguen siendo testigos de la Buena Noticia de Jesús. El Año Jubilar de la Juventud es una ocasión privilegiada para dar ese testimonio público. Esa fe en el Dios de la vida le sigue otorgando fuerzas y energías a nuestro pueblo para hacer frente a un momento sumamente difícil de su historia y continuar la marcha hacia una Venezuela justa, fraterna y pacífica.

  19. En esa marcha y en esa búsqueda le acompañamos los pastores, miembros de ese pueblo y responsables de él ante Dios. El compromiso evangelizador implica también “saber decir una palabra de aliento al abatido” (Is 50, 4), y en eso estamos empeñados obispos, presbíteros, demás ministros y laicos misioneros, de tal manera que en las amarguras de la situación presente brille siempre la luz de la esperanza cristiana, que nunca defrauda (Cf. Rm 5, 5), porque está cimentada sobre la palabra y la promesa de Dios, que acompaña nuestras luchas y quiso hacerse uno de nosotros para participar de nuestras vicisitudes.

  20. Pedimos la intercesión de la Virgen Santísima, nuestra Madre de Coromoto: ella compartió las alegrías y las tristezas de la vida de su Hijo. Hoy nos acompaña también en nuestro caminar, como Madre amorosa de la Iglesia. Desde sus diversos santuarios que son honra y prez de nuestras iglesias particulares, ella recibe a nuestro pueblo, lo toma de la mano y lo lleva a Jesucristo. Que ella nos acompañe en los afanes evangelizadores y nos ayude a superar la actual situación de angustia en que vivimos, a perdonarnos y reconciliarnos para que brille en nuestra patria la paz y la concordia propias de hijos de un mismo Dios y hermanos entre nosotros.

Con nuestra bendición

Los Obispos de Venezuela

Caracas, 11 de julio de 2014

FUENTE: Conferencia Episcopal de Venezuela




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