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27 de Agosto, 2014
Carta de los Curas en Opción por los Pobres

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Al concluir su 27º encuentro anual, en Castelar, Buenos Aires, los Curas en Opción por los Pobres de Argentina dieron a conocer una carta bajo el título de "Hay que seguir andando, no más"

Se reproduce a continuación el contenido del escrito:

“Hay que seguir andando, no más”

El grupo nacional de Curas en Opción por los Pobres nos hemos reunido esta semana en nuestro 27º encuentro anual. Desde la vida y la fe expresamos nuestra mirada de las presencias del Espíritu de Dios en la realidad, y aquellas en donde es rechazado.

- No podemos callar frente a la imposición global del capitalismo liberal que multiplica la desigualdad y la pobreza y acelera la concentración inmoral de la riqueza en manos de pocos. Mientras el patrón económico sea la acumulación de capital y las reglas del sistema estén solo en función de eso, no habrá salida para las situaciones más críticas que vivimos en el mundo y en nuestra patria.

- No podemos callar ante la presión de la usura internacional, de los fondos “buitres” y sus cómplices en nuestra tierra que responden genuflexos ante las voces imperiales siendo responsables de políticas que en nuestro país nos condujeron a la debacle, a la crisis más grave de nuestra historia, al hambre y la desocupación.

- No podemos callar frente a los dolores de los pobres, como la amenaza del virus del ébola, cuyo tratamiento fue priorizado sólo cuando se convirtió en amenazante para los países desarrollados; cuando miles y miles de inocentes son asesinados en la franja de Gaza desarmados e inertes ante el silencio cómplice y aberrante especialmente de las grandes potencias occidentales. Para este sistema injusto la vida de los pobres no vale nada.

- No podemos callar ante posturas eclesiásticas que simpatizan con políticas en favor de los poderosos y en contra de los pobres, que son indiferentes al neoliberalismo, y que se resisten a la continuidad de los juicios por los crímenes de lesa humanidad. Ante las condenas a los responsables del asesinato del obispo de La Rioja Enrique Angelelli, seguimos aguardando una palabra episcopal, omitida y negada por 40 años.

Pero a su vez celebramos y queremos compartir nuestra alegría porque

- Nos parece entender que el gobierno nacional confronta con los sectores poderosos que se niegan al necesario protagonismo regulador del Estado en favor del bien común con herramientas como la Ley de Abastecimiento, habituados como están a hacer siempre lo que quieren, en su propio beneficio y en perjuicio de la población entera.

- Celebramos la aparición de cada nieto restituido, en este caso – por todo su valor simbólico – la recuperación de la identidad tanto tiempo robada de Ignacio Guido Montoya Carlotto.

- Seguimos celebrando la democracia, que con todas sus – y nuestras – limitaciones, nos permite vivir en libertad, y celebrando la vida, a pesar de tantas sombras que tantos quieren arrojar en las calles de nuestra patria.

- Seguimos celebrando la unidad latinoamericana, solidariamente expresada con respecto a nuestro país en los últimos tiempos, y el encuentro de caminos y vidas, culturas y pueblos, de fe y de fiestas que se expresan en las distintas instancias en las que las diferencias nos unen y no nos distancian.

- Celebramos los derechos tan variados que se han ido adquiriendo y ampliando en todos estos tiempos recientes. Tenemos la esperanza que cual sea el resultado de las futuras elecciones  estos derechos sean ratificados y el pueblo pueda sentirse feliz poseedor de lo que legítimamente le pertenece.

- Celebramos con nuestro pueblo su experiencia creyente, en el dolor y la fiesta, en la muerte y la vida y queremos seguir acompañando estos momentos de fe y de esperanza, aprendiendo de ellos y dejándonos con ellos conducir por el Espíritu.

- Las figuras de nuestros mártires, especialmente de Carlos Mugica, de quien conmemoramos  40 años de su martirio en meses pasados, y de Enrique Angelelli, a la vez que recordamos grandes obispos de nuestra patria, y de América Latina, como Carlos Ponce de León, Jaime de Nevares, Alberto Devoto, Oscar Romero y tantos otros miembros de las comunidades, curas, religiosos, laicos y laicas, sabiendo que en ellos y en su testimonio Dios nos marca un camino, nos señala un rumbo y nos habla de la Iglesia que debiéramos ser y vivir.

Creemos que el Espíritu de Dios guía la historia, acompaña e ilumina, aunque muchas veces no sepamos escucharlo. Y por eso celebramos cada encuentro de hermanos, cada espacio de vida y cada signo en el que queremos aprender a reconocer la presencia de Dios entre nosotros y la protección de la Virgen María. 

Castelar (Buenos Aires), 21 de agosto de 2014

OSCAR ELIZALDE PRADA




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