Obras de misericordia como símbolo y memoria del Jubileo


31 de Agosto, 2016

“Casa del Migrante” en México, “Lavandería 21” en Chile y “Ayuda a los itinerantes” en Canadá

 

BOGOTÁ, 29 DE AGOSTO | Como un rocío que refresca la misión misericordiosa de la Iglesia en América, las nuevas obras de misericordia “como símbolo y memoria del Jubileo”, no solamente permiten vislumbrar, creativamente, que es posible palpar la misericordia en los escenarios más desafiantes de la vida de los pueblos del continente. También son un estímulo para “misericordiar” con creatividad en cada una de las Iglesias locales.

Durante la tercera jornada del Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el Continente Americano, celebrado en Bogotá, monseñor Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas (México), presentó las obras de misericordia de la Iglesia de Chiapas a favor de los migrantes. “La diócesis de Tapachula recibe a migrantes de muchos países en su paso hacia los Estados Unidos en el Albergue Belén. Además, sostiene otros albergues en Arriaga, Huixtla y Mapastepec, ofrece asistencia a trabajadoras domésticas procedentes de Guatemala, y ha promovido la Aldea Arcoiris, que es un centro para refugiados, donde aprenden costura, cocina, carpintería y electricidad. Después de un curso de tres meses, la ACNUR les puede considerar candidatos al status de refugiados”. Con relación a la arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, monseñor Arizmendi destacó que “se ha promovido un albergue en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez llamado Casa del Migrante: Jesús, esperanza en el camino”. Asimismo, “la diócesis de San Cristóbal de Las Casas ofrece un gran albergue y asistencia jurídica en Palenque, llamado Casa del Migrante”. Por otra parte, “el flujo migratorio, proveniente de Centro América, nos sigue presentando un gran desafío, pues ha vuelto a incrementarse en los últimos meses. En la actualidad, hemos vuelto a las estadísticas de hace dos años, cuando empezamos a recibir un promedio de cien migrantes por día. Se está construyendo un taller para que los migrantes elaboren velas y cirios, que se venden para obtener un pequeño ingreso para su sostenimiento”.

En el contexto del Año de la Misericordia, monseñor Arizmendi comentó que con ocasión de la visita del papa Francisco a la diócesis de San Cristóbal de Las Casas en febrero de este año, se hizo una colecta para ayudar a los migrantes, reuniéndose 15.000 dólares. De igual forma, comentó que “el Papa Francisco, en su visita, nos obsequió 80 mil euros para los pobres, que se han destinado para muy diversas necesidades de sacerdotes, religiosas y fieles en necesidad”. Concretamente, “se promovió otro pequeño albergue en Comitán, llamado Mambré y se está tramitando un terreno de 20 x 60 metros para un albergue más grande y permanente”. De igual forma, se abrió una casa para migrantes en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, llamada San Martín de Porres: “es un centro de acogida para migrantes, principalmente centroamericanos y mexicanos, donde se les brinda una atención digna, ropa, aseo personal, orientación, así como defensa y promoción de los derechos humanos, escucha de sus problemas y seguimiento de las violaciones a sus derechos que han sufrido en su trayecto por el territorio chiapaneco”, explicó el obispo de San Cristóbal de Las Casas, al tiempo de menciona otras iniciativas en curso: “se está construyendo otro albergue en Salto de Agua, que se llama Betania. En Frontera Comalapa, mientras se adquiere un terreno para un albergue permanente, se habilitó una bodega temporal para migrantes, llamado San José. Allí también se abrió un comedor para migrantes, llamado papa Francisco, y se habilitó un albergue para quienes solicitan su refugio político y huyen de la trata de personas, llamado San Rafael, que cuenta con una psicóloga, una trabajadora social, un abogado y un sacerdote jesuita”. Por otra parte, “los trabajadores migrantes de Guatemala reciben apoyo para regularizar su situación y para que sus hijos vayan a la escuela”.

Otro interesante “símbolo y memoria del Jubileo” ha sido erigido en el sur del continente, en Chile. Lo que hasta hace poco fue un galpón en la avenida Manuel Rodríguez entre Tucapel y Castellón, en Concepción, hoy es una moderna lavandería, con el singular sello de ser una fuente laboral para jóvenes con síndrome de Down, signo patente de inclusión social e integración humana, pero también un ejemplo de emprendimiento social en el país. Se trata, en efecto de una obra de misericordia que toma en serio la realidad de exclusión laboral de los jóvenes con síndrome de Down. “Mientras que en la mayoría de empresas contratan 1% de personas con síndrome de Down, nosotros tenemos 5% de trabajadores no Down”, comenta el arzobispo de Concepción, monseñor Fernando Chomalí, agregando, en su testimonio que “son 18, los conozco a cada uno por su nombre y también conozco a sus familias”. El arzobispo de Concepción también explicó la forma como funciona la lavandería, presentando algunas fotografías, y destacó que “estos jóvenes son muy cumplidores, cuidan su trabajo”. Esta experiencia es, claramente, un regalo de misericordia para él: “me he sentido muy sanados por ellos”, comenta con alegría.

Por último, monseñor Christian Lépeni, arzobispo de Montreal, tomó la palabra para presentar la manera como su iglesia local ha asumido una presencia cercana con personas itinerantes que habitan en las calles. Monseñor Lépeni comenzó contando la experiencia que dio origen al proyecto: “un día, cuando salía de una iglesia, una persona que vivía en la calle se me acercó y me dijo: ‘Nos quitaron la navidad’. Por treinta minutos me habló de sus necesidades espirituales y me dijo que era muy difícil para él encontrar un lugar que respondiera a estas necesidades. Al día siguiente invité a un sacerdote que ha trabajado 20 años con personas de la calle y le dije: ¿qué hacemos?”. Teniendo en cuenta que desde hace muchos años, como efecto de la secularización, ninguna institución que recibe ayudas del gobierno para atender las necesidades espirituales de la gente sin hogar, la arquidiócesis optó por una iniciativa sencilla que se resume en tres pasos: visitar, encontrar y reconocer. De este modo, explica el arzobispo de Montreal, “nos aproximamos a ellos, sea donde sea, reconociendo a Cristo y reconociendo su dignidad. Cuando vamos a la calle a encontrarnos con la gente que no tiene casa, en primer lugar iniciamos un diálogo. Luego, si nos piden oraciones, les damos un rosario. Si nos piden comida, les llevamos o les decimos donde hay un centro donde pueden comer. Si nos piden un lugar donde puedan dormir, los llevamos un algún lugar que pueda acogerlos”. Con sencillez y con profunda sensibilidad, esta experiencia muestra cómo la misericordia toca al que recibe ayuda, pero también al que la da. “Reconocemos la dimensión espiritual de la persona y la conectamos con otras instituciones que pueden ofrecerles apoyo”, comenta monseñor Lépeni.

Estas nuevas obras de misericordia, compartidas durante la celebración continental del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, en Bogotá, son una muestra de que es posible crear alternativas para responder a los ‘signos de los tiempos’, de modo que un viento impetuoso de santidad y misericordia oxigene la vida de los más pobres entre los pobres del continente americano. ¡En esta tarea todos somos ‘misericordiados’!

 

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