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Enseñanzas de la Cumbre de Cartagena

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La VI Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena con la participación de un significativo número de Jefes de Estado fue un escenario interesante para dejar al descubierto...


una serie de problemas sociales, políticos, económicos y aún morales de nuestros pueblos; y para mostrar los anhelos de integración de los países de la región.


El lastre de la inequidad social


El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo sentirse "avergonzado" de la desigualdad y la inequidad social. Sus palabras debe estar en los labios de todos los gobernantes de nuestros países: "siento vergüenza, como dirigente de un país, de la tremenda inequidad. Esa inequidad que no nos permite progresar... Nadie puede sentirse realmente rico si está rodeado de pobreza".


En la última década la desigualdad ha disminuido en la región. El coeficiente Gini pasó de 0.55 a 0.48, debido en buena parte a las reformas económicas que se implantaron y a la inversiones sociales que se realizaron en nuestros países. Al respecto, Monseñor Jorge Lozano, Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de Argentina, afirma que "Es cierto que se redujo la pobreza, pero no al mismo ritmo del crecimiento económico". En el caso de Argentina, afirmaba en una entrevista con la agencia DyN que “no se puede hablar de pobreza sin hablar de riqueza. Mientras unos pocos crecieron en su riqueza subidos a la velocidad de un auto de Fórmula 1, los pobres lo hicieron en bicicleta o monopatín".


No hay duda que hay unos países más inequitativos que otros. Haití y Colombia, a pesar de las diferencias, figuran como los países más inequitativos. Estados Unidos aparece como el país más desigual en el contexto de los países desarrollados. Uruguay, Costa Rica y Canadá presentan mayores avances en el campo de la equidad.


En esta lucha a favor de la equidad se necesita un compromiso serio y decidido de todas las fuerzas sociales, económicas y políticas de los países, haciendo énfasis en la educación para el trabajo y en la creación de condiciones para un trabajo decente. Decía Juan Pablo II que “el trabajo es la clave de la cuestión social”.


El tema de las drogas

Fue importante que se abriera el debate sobre la problemática de las drogas. Hay ya una clara conciencia de que la estrategia en la lucha contra la droga, en los aspectos educativo, sanitario, político y militar, no ha dado los resultados esperados en los países de la región. 


En Aparecida los Obispos de América Latina y El Caribe afirmaron que "el problema de la droga es como una mancha de aceite que invade todo. No reconoce fronteras, ni geográficas ni humanas... La Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones" (Aparecida 422, 2007).


En los documentos pastorales de la Iglesia Católica se han sugerido básicamente tres estrategias: un fuerte trabajo de prevención, el compromiso decidido por parte de los gobiernos en la supresión del tráfico y una política de rehabilitación.


En el campo de la prevención tenemos que estar todos involucrados, comenzando por la familia como célula básica de la sociedad, pasando por la escuela y las diversas instituciones que hacen parte de la vida comunitaria. Las Iglesias tienen un papel definitivo en esta etapa, promoviendo un estilo de vida fundamentado en los valores del Evangelio.


En el campo de la supresión del tráfico de drogas, se vuelve imperativa la cooperación interna en los países de los organismos de seguridad del Estado y la cooperación internacional, prestando una especial atención a la lucha contra la corrupción en los mismos estamentos gubernamentales.


Finalmente, no hay que olvidar a las víctimas del tráfico y consumo de drogas, a quienes es necesario prestar apoyo y asesoría en los ámbitos de la salud, de la integración social y de la educación.


En la Cumbre de Cartagena al menos se decidió la conformación de una comisión que profundice en este tema y proponga alternativas viables y realistas. Esa es una buena iniciativa, aunque a veces se diga que la mejor manera de matar una iniciativa es nombrando una comisión.


La integración de nuestros pueblos

La ausencia de Cuba en las Cumbres de las Américas siempre ha generado polémica porque existe una aspiración profunda de nuestros pueblos a la integración. La Iglesia Católica ha sido pionera en ese campo organizando un Consejo Episcopal Latinoamericano-CELAM desde el año 1955, el cual integra todos los países de América Latina y El Caribe, que va desde México a Argentina y Chile, pasando El Caribe y las Antillas. Y ha sido una experiencia exitosa. Tiene una directiva conformada por cinco obispos procedentes de México, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay. Y en sus organismos intermedios cuenta con la representación de obispos de todos los países.


Ese deseo de integración es el que ha impulsado la creación de grupos regionales como el MERCOSUR, el CARICOM o la Comunidad Andina de Naciones, con un fuerte componente económico. O últimamente la creación de la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe - ALBA con énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, como contrapartida del Área de Libre Comercio de las Américas o ALCA, impulsada por Estados Unidos; y la creación de la Unión de Naciones Suramericanas- UNASUR, con el objetivo de construir una identidad y ciudadanía suramericanas y potenciar un espacio regional integrado.


Aunque no se llegaron a acuerdos con relación a la incorporación de Cuba a este escenario, se consideró casi como un hecho su presencia en la próxima Cumbre, esperando que la isla camine hacia una democracia más participativa, que promueva un mayor respeto a los derechos humanos individuales y colectivos.


La solución de conflictos por la vía del diálogo

Otro tema que siempre estuvo presente en la Cumbre fue el legítimo reclamo de Argentina a la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Aurora, con sus espacios marítimos e insulares circundantes, que fueron tomados militarmente por el Reino Unido en 1833. Argentina considera que estos archipiélagos australes forman parte de su Provincia de Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlántico Sur. En 2009 la Argentina presentó ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (organismo dependiente de las Naciones Unidas) sus estudios sobre la plataforma con los límites de su pretensión.


No se logró un consenso en la Cumbre, debido especialmente a que la Reina de Inglaterra es también Jefe de Estado, no sólo de Canadá sino también de los países del Caribe Anglófono. Sin embargo, este reclamo adquiere cada vez más legitimidad, acudiendo a los caminos del diálogo y de la negociación. Y es el camino que ha tomado Argentina, después de ese fallido intento de la Junta Militar en el que murieron 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles.


A manera de conclusión

A veces se tiene la impresión de que estas Cumbres están agotadas. Y en algunos aspectos lo están: en el derroche económico, en la falta de espacios para encuentros más productivos entre los gobernantes, en la ausencia de definiciones concretas y de políticas regionales conjuntas.


Sin embargo, estos encuentros son siempre necesarios, en primer lugar para que los gobernantes se conozcan y se traten como personas iguales y diferentes; y en segundo lugar, para que establezcan mecanismos de cooperación e integración entre los pueblos, a fin de evitar más décadas perdidas, aliviando la crisis financiera, facilitando la migración entre los países, promoviendo los acuerdos económicos, sociales y educativos, y disminuyendo la dependencia y la  vulnerabilidad de los sectores más desfavorecidos.

Leonidas Ortiz L.

Director del Observatorio Pastoral del CELAM

   









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