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PLAN GLOBAL 2011 - 2015

Fundamentación Bíblica

  1. Desde la Palabra de Dios, «el corazón de toda actividad eclesial»6, miramos los servicios propios del CELAM a la luz de Jesucristo Vid y Palabra del Padre (Jn 15,1- 17) y de la experiencia de encuentro vital con el resucitado de la comunidad joánica (1 Jn 1,1-4).

    Jn 15,1-17:

  2. En la alegoría de la vid y los sarmientos, Jesús, como nueva y definitiva "viña del Señor", sustituye a Israel (Is 5,1-7), por la incapacidad de éste de dar los frutos que Dios, el viñador, esperaba de su pueblo. Jesús es ahora la "Vid" fecunda que el Padre instituye para que el nuevo pueblo de la nueva alianza dé frutos verdaderos y permanentes: «¡Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador!» (Jn 15,1).

  3. Pero estos frutos sólo son posibles si los sarmientos permanecen unidos a la Vid.
    "Permanecer" en la Vid es vivir vinculados en comunión vital con Cristo, Palabra que nos da conocer al Padre y su voluntad. Estos sarmientos, cuando se dejan cuidar y podar por el Padre, incluso aquellos que ya están dando frutos, producen muchos más frutos aún, y no de cualquier tipo, sino los frutos que el
    Padre quiere.

  4. Para que la vinculación del sarmiento a la Vid sea de comunión vital tiene que ser la propia "entre amigos": Jesús llama «amigos» a sus sarmientos, «porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre» (Jn 15,15). El discípulo es quien, por su vinculación de comunión con Jesús, deja de ser "siervo", para convertirse en el amigo que entra en la vid que es Jesús, para conocerlo a él y a su Padre, y lo que el Padre desea. Ahora, a diferencia del esclavo, el discípulo obedece porque "conoce" al Padre y permanece en su amor, amor que purifica y recrea. "Conocer" es vivir en comunión de amor con el Padre y en
    obediencia a él mediante su Hijo.

  5. El sarmiento que permanece en Jesús, la Vid, vive de la Verdad y de la Vida, dones que proceden del Padre para su nuevo pueblo. Para esto ha sido enviado Jesucristo, «para dar vida a los hombres, y para que la tengan en plenitud» (Jn 10,10). El mismo Cristo es quien elige a sus sarmientos que, a su vez, el Padre se
    los da, para que insertos en el mundo den fruto abundante y duradero.

  6. Estos sarmientos, que son así discípulos de Jesús y dan los frutos propios de esta Viña del Padre, son los que –a imitación del Hijo– dan gloria al Padre: «Mi Padre será glorificado si dan fruto abundante y son mis discípulos» (Jn 15,8).

    Jn 1,1-4:

  7. El Padre sale de sí y nos da a conocer su intimidad y su proyecto, poniendo en medio nuestro a su Hijo querido. Para ello, la Palabra se hace carne y habita entre nosotros. Ésta es la Palabra de Dios que existía desde el principio por quien nos llega la gracia y la verdad del Padre (Jn 1,1.14.17). ¡Jesús, la Palabra de Dios, es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre!

  8. Por la encarnación de la Palabra eterna de Dios es ya realidad la vinculación de comunión con Jesucristo, gracias a la relación de amistad, al modo del sarmiento con su vid. Ahora sí que el sarmiento-discípulo puede oír, ver con sus ojos, tocar con sus manos y contemplar el rostro de quien existía desde el principio,
    la Palabra de Vida eterna que el Padre puso a nuestro alcance:

    La Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance. Ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret8.

    Ahora sí que el discípulo puede anunciar y dar testimonio a nuestros pueblos de «la vida eterna que estaba junto al Padre» (1 Jn 1,2). ¡Todos nuestros pueblos están llamados a vivir encomunión de vida con el Padre mediante su Hijo Jesucristo!

  9. Así como cada sarmiento se vincula en comunión de amistad con Jesús, Palabra de Vida, Gracia y Verdad, así cada cristiano, a su vez, se vincula en comunión con los otros discípulos en razón de la misma Vida participada. La comunicación de la Vida eterna, participada de la Vid, es el fundamento de una comunidad en comunión: «Lo que vimos y oímos se lo anunciamos también a ustedes para que compartan nuestra vida, como nosotros la compartimos con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Jn 1,3.6-7).
    Conocer a Jesús «es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y
    obras es nuestro gozo».

    La alegría y la felicidad (Jn 15,11; 1 Jn 1,4) son fruto del encuentro con Jesucristo, porque él es la Palabra de Dios que existía desde el principio, puesta por el Padre como fuente de Vida eterna y
    de Comunión.

  10. De esta alegría y felicidad brota el anhelo de incluirse en la cadena de testigos que, como eslabones que se remontan al mismo Padre, anuncian la Palabra del Padre que han visto y oído, palpado y contemplado, para que nuestros pueblos en él tengan Vida: «Los cristianos somos portadores de buenas
    noticias para la humanidad y no profetas de desventuras».

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