Santa María de Guadalupe y el amor misericordioso de Dios


29 de Agosto, 2016

Conferencia de Mons. Eduardo Chávez en el Jubileo Continental de la Misericordia

 

 

BOGOTÁ, 28 DE AGOSTO | De diversas formas, el testimonio misericordioso de la Virgen María, inserto en la vida y en las culturas de los pueblos de América –bajo distintas advocaciones– es, al mismo tiempo, una de las expresiones más elocuentes del amor misericordioso de Dios que abraza a los hijos y a las hijas de este Continente.

 Más específicamente, la Patrona del Continente, Santa María de Guadalupe, constituye una original experiencia de contemplación de la santidad y de la misericordia de Dios en los pueblos americanos. Así lo ha recordado monseñor Eduardo Chávez, canónigo de la Basílica-Santuario Nuestra Señora de Guadalupe, en México, en su conferencia: “Santa María de Guadalupe nos muestra el camino de la santidad en el amor misericordioso de Dios”, presentada al inicio de la tarde del segundo día de la celebración del Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el Continente Americano, que tiene lugar en Bogotá (Colombia), del 27 al 30 de agosto.

 Al iniciar su disertación, monseñor Chávez recordó que aquel “momento lleno de Dios” cuando el papa Francisco oró delante de la Virgen de Guadalupe, durante su visita a México, el pasado mes de febrero, “fue un momento de eternidad. Millones en todo el mundo estuvimos con él en ese instante trascendental, estábamos compenetrados en la misma oración contemplativa”, dijo.

 Su presentación, a partir de los contextos históricos que rodean el “Acontecimiento Guadalupano” y con una pléyade de ricos elementos culturales, antropológicos y teológicos, confirmó la centralidad de Jesucristo –con la mediación de María– en las búsquedas de santidad y misericordia del continente americano. “Recordemos que la Imagen de Santa María de Guadalupe es el de la mujer encinta, embarazada, por lo que es Jesucristo el centro tanto de la Imagen como del mensaje”. En este sentido, aseveró “la Virgen de Guadalupe nos conduce siempre a Él, a su Hijo Jesucristo, ella es la ‘Estrella de la primera y la nueva evangelización’” o, si se quiere, como se dijo en Aparecida, es la “perfecta discípula y pedagoga de la evangelizacion”.

 Así también, evocando las complejas vicisitudes de los tiempos de la Conquista, destacó que “fue un laico, Juan Diego Cuauhtlatoatzin, primer indígena canonizado del Continente Americano, el portador de este mensaje para el mundo entero”. En efecto, “es por medio de un laico humilde, indígena recién convertido y bautizado, ‘Juanito, Juan Dieguito’ quien representa a todos los laicos de todos los siglos y de todas las latitudes, a quien la Virgen de Guadalupe le revela el objetivo de su misión”. De este modo –enfatizó– “fue un humilde indígena macehual, que en su tiempo y en su sociedad no se le concedía credibilidad, fue él, laico humilde, el intercesor de la Madre de Dios, para que se cumpliera su voluntad de edificar un nuevo templo, una ‘casita sagrada’, lugar de encuentro entre Dios y los seres humanos, un lugar de la armonía cósmica en un nuevo génesis”.

 Sin dejar de mencionar el testimonio valiente del obispo fray Juan de Zumárraga, y su aporte a “la identidad de un nuevo pueblo llamado a ser una verdadera civilización del Amor misericordioso de Dios”, el canónigo mexicano destacó la actualidad del acontecimiento salvífico guadalupano que “trasciende fronteras, culturas, pueblos, tradiciones, costumbres, y llega hasta lo más profundo de todos”, reivindicando el valor supremo de la vida y de la dignidad humana, como ocurrió en su momento en la fiesta de Panquetzaliztli, una especie de “Pascua Principal” de los indígenas, donde eran ofrecidos miles de sacrificios humanos, que coincidía justamente con aquel histórico 12 de diciembre de 1531, cuando tiene lugar el ‘Acontecimiento Guadalupano’.

 “El papa Francisco lo expresa maravillosamente: Ante todo, la «Virgen Morenita» nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”, concluyó el conferencista recitando también algunos versos que evocan la tradición de los pueblos originarios mexicanos.

 Esta tercera conferencia, en el contexto de la celebración continental del Jubileo de la Misericordia, dio paso al panel sobre los grandes santos americanos testigos de la misericordia que se desarrolló a continuación.

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