XIX Encuentro Latinoamericano de Responsables Nacionales de Pastoral Juvenil


17 de Marzo, 2017

Cuarto día, jueves 16 de marzo.

 

Momento Metodológico: Juzgar-Actuar

Durante la mañana del cuarto día, en el desarrollo del XIX ELARNPJ, se compartió en un conversatorio, desde la experiencia de los jóvenes participantes, ¿Qué significa ser discípulos misioneros?: Las respuestas desde la vida y el corazón acentuaron que:

La pregunta interpela, suscita muchos confortamientos, entre ellos preguntarse ¿por qué a mí? Él llama, no siempre llama a los más capacitados, Él va capacitando.  Discipulado es una llamada directa del Señor que hay que agradecer, es una expresión de la misericordia de Dios, es un don recibido que hay que compartirlo.

Ser discípulos es permitirle a Dios que en nosotros los jóvenes, los jóvenes, vean a Cristo; es ser testigos del Resucitado, reencarnar a Cristo en el enviado y tornarse una luz en la oscuridad, es un camino de fe, de seguimiento que implica darlo, dar al Maestro.

Discipulado misionero implica disponibilidad y dejarse llevar a donde Él, Cristo, quiera llevarnos para anunciar lo que hemos recibido.

Discipulado misionero es una oportunidad de acompañar, de caminar con otros jóvenes, haciendo posible compartir la riqueza de Cristo; en esta aventura de la fe, los que terminamos siendo tocados en el acompañamiento somos nosotros. Ellos, los jóvenes a quienes nos acercamos, son los que nos enseñan.

El desafío es vivir la fe, vivir contracorriente, firmeza en el mensaje de Jesús. El testimonio de vida es la palabra viviente, ese mueve a la conversión personal y del otro. El testimonio es fortalecido con la Palabra y la vivencia de los sacramentos.

El discipulado se vive en el lugar que se nos ha puesto, donde me desenvuelvo. Es permanecer en la fe en los jóvenes y sus espacios.

 

Siguiendo con el desarrollo del conversatorio se presente la pregunta: Para el joven de fe ¿Qué significa ser protagonista?

El papa Francisco nos lo ha dicho, es estar delante, en el centro de los jóvenes y con los jóvenes, es estar con el testimonio de vida de fe. Sentir la libertad de tomar parte en proyectos concretos, en la construcción de la vida, vida en la que Cristo sea el centro.

El protagonismo lo podemos iluminar con la imagen del pez salmón, pez que nada contracorriente.  Es vivir con alegría lo que ya somos, jóvenes de fe; protagonismo es hablar de lo que somos, de lo que se es, en el trasfondo hablando de las vivencias de fe se habla de Cristo. Es portar la identidad de Cristo ahí donde estamos.

Igualmente, se ha puesto sobre la mesa la pregunta ¿Cómo podemos favorecer el protagonismo de los jóvenes de fe?

 

A lo que los jóvenes respondían:

 

Las palabras del Santo Padre Francisco nos insta a involucrarnos: “primereen la fe”, “hagan lío”, la iglesia nos ha ayudado potencializando nuestro liderazgo y participación ciudadana. No obstante falta la misión profética, faltan más “cristeros” en nuestros pueblos latinoamericanos.

 

No se concibe un joven protagonista que esté encerrado en la iglesia y no salga a la sociedad, ya Pablo VI nos invitaba a ser transformadores de la sociedad.

Se promueve el despertar de la juventud, su protagonismo acercándonos a los jóvenes, sin preconceptos, sin prejuicios, de este modo se abre la posibilidad de promover, promocionar el protagonismo de los jóvenes, de sus valores y principios.

 

El despertar a otros jóvenes a ser constructores de una nueva cultura se logra a través del compromiso y comprensión. Coherencia entre lo que somos, discípulos misioneros, y nuestro testimonio es la mejor forma de contagiar el protagonismo.

 

También se dio paso a la intervención de los asesores, quienes expresaron sus vivencias respecto a la vocación de discípulos misioneros, y el acompañamiento para hacer de los jóvenes protagonistas de la civilización del amor. Al respecto compartían:

Hoy nos ilumina la invitación del Papa Francisco: “no balconeen”, “no se queden en la banca”. La Iglesia les está mirando y esperando su despertar, su actuar; está en las manos de los jóvenes recuperar los valores perdidos y construir nuevas propuestas sociales; hace falta que los jóvenes crean en sí mismos y hace falta que los asesores creamos en los jóvenes. Otras de las palabras claves del Santo Padre Francisco paragonadas son “memoria y coraje”, palabras que compartiera con los voluntarios de la última JMJ.

La clave para que el asesor sea discípulo misionero es el encuentro con Jesucristo.

Desde la Sagrada Escritura, el pasaje de los discípulos de Emaús, nos ofrece las claves para ser discípulos misioneros, Jesucristo nos enseña tres pasos: Acercase, rescatar, reencantar. Jesús se aproxima para escuchar lo que hablan, para conocer lo que les pasa; rescatar el proyecto de vida, manteniendo viva la memoria histórica y de este modo actualizando el proyecto de vida; finalmente, reencantarlos en el proyecto de vida del Padre que nos ha creado para ser sus hijos.

Entre los grandes obstáculos que interpela el asesor, es que el reto está en la “lucha de poder” que se da, en el rol del sacerdote asesor y el protagonismo del joven, emerge en el diálogo la necesidad de volver una vez más, a discernir el tema de la asesoría.

Los obispos también hicieron eco de lo expuesto, se les interpeló sobre sus modos de promover el protagonismo de los sacerdotes asesores y el liderazgo de los jóvenes, para lo cual compartieron que:

Cómo obispos promovemos, entre otros modos, a través de la formación permanente. Siempre se ha insistido pero ahora es cuando se está revalorizando. Igualmente potenciando los carismas y actitudes propias de los sacerdotes, confiándoles servicios según sus aptitudes.

Otro modo es conformando estructuras de acompañamiento diocesano directamente coordinadas por laicos. Confiándoles tareas y a la vez avalándolos en el clero, presentándolos y pidiendo el apoyo del clero.

Posteriormente Mons. Jesús González de Zarate, obispo responsable de la Región Caribe, nos compartió acerca de jóvenes discípulos misioneros constructores de la nueva civilización del amor, en la cual enfatizó la importancia de la mística de “una conversión pastoral”, es decir, “una fuerte conmoción que impida que ella se instale en la comodidad, en el estancamiento y en la tibieza”, así mismo, nos compartió que “El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado… La misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación”. Como dinámica para este proceso hizo mención a que la PJ latinoamericana (CAPYM 463), ya había reflexionado sobre la necesidad de imprimir un renovado dinamismo misionero en toda la acción pastoral proponiendo para ello algunos MOVIMIENTOS PEDAGÓGICOS:

FASCINARSE POR LA JUVENTUD

ACERCARSE A LA JUVENTUD

ESCUCHAR A LA JUVENTUD

DISCERNIR CON LA JUVENTUD

CONVERTIRSE/ CONMOVERSE HACIA LA JUVENTUD.

 

 

 


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