Inicio
Escuela Bíblica
Escuela Teológica
Escuela Social
TESTIMONIO Y REFLEXIÓN
Vocación y Silencio
 
Jueves 17 de Mayo de 2012
El P. Aerton Marcos comparte su artículo sobre la vocación como un llamado de Dios cuando se produce un diálogo con Él, apoyado en la Palabra y el Silencio.

La vocación es el encuentro entre la palabra y el silencio, a través del cual, la humanidad es invitada al diálogo con Dios (GS, 19). El texto de la Conferencia nacional de los obispos de Brasil, con el título, “Guía pedagógica de pastoral vocacional”, recuerda que el término vocación viene de llamado y, hoy, tiene un significado más amplio que una simple inclinación o aptitud para hacer algo o para ser alguien. En el sentido más específico, en la Iglesia, vocación es un llamado de Dios a la misión y, al servicio.

Toda vocación parte de la iniciativa divina que, para ser aceptada y acogida, la primera actitud es y, solo puede ser, la escucha. Ese llamado nace de determinados contextos humanos y eclesiales (PDV, 5), pues la voz divina no es obligatoriamente un sonido material. Dios, desde el principio del mundo, se abriga en el silencio y se da a conocer en lo cotidiano, en la historia, en los acontecimientos de la vida.

Cuando los Evangelios relatan que Jesús asumió “la condición de la mayoría de los hombres, sin grandeza aparente” (CaIC, 531), se nos permite observar que la primera palabra o predicación sobre Él es justamente su silencio. Es posible considerar que los treinta años de la vida
oculta de Jesús, sirvieron de preparación para el público anuncio del Reino: “lo que digo, lo digo según me ha hablado el Padre” (Jn 12,50).

El éxito, en cualquier comunicación humana, depende del equilibrio justo, entre palabra y silencio, al que silenciar no es solamente “nada decir”, sino el sabio hablar. A ese respecto, san Gregorio Magno dejó escrito en su Regla pastoral, que el cristiano, especialmente el sacerdote, en la práctica del silencio necesita de prudencia para que, “no diga lo que debe callar ni calle lo que debe decir. El Pastor, debe saber guardar silencio con discreción y hablar con oportunidad, porque así como la palabra indiscreta lleva al error, también el silencio imprudente confirma en el error a los que deberían ser enseñados. Muchas veces los pastores, por el temor de perder la estima de los demás, no se arriesgan a decir libremente la verdad; y de éste modo, según la Verdad, no atienden al cuidado del rebaño como verdaderos pastores, se portan como mercenarios: al ver llegar al lobo, huyen a esconderse en un culpable silencio”.

El silencio trabaja la palabra por medio de la templanza, una virtud esencial para el cristiano. San Juan Crisóstomo, frecuentemente, ponía en sus exhortaciones la siguiente enunciación: “o guardas silencio o dices algo que sea mejor que el silencio” (Doig, 1987). Y digamos que San Ambrosio de Milán podría subscribírselo con la aclaración de que si tenemos que dar cuenta de nuestras palabras, también tendremos que dar cuenta de nuestros silencios.

De hecho, el “habitat” natural de la vocación es el silencio. Dios, a Quién ninguna palabra es suficientemente expresiva, llama en silencio y remite al mismo silencio a  quien Él llama. De ésta manera, afirma Vale (2009), sin silencio, no hay escucha, tampoco diálogo… sin silencio, no se puede hablar de vocación.
 
 
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
 

CEBITEPAL - Av. Boyacá No 169 D-75 Bogotá D.C. - Colombia
Teléfonos: (57-1) 5879 710 - (Ext. 302 - 303) Fax: (57-1) 5879 715
Email: cebitepalencontacto@celam.org